El Chocolates Trapa vence al Lleida tras un gran segundo tiempo

Urko Otegui dirige la jugada ante la presión de Martí./MARTA MORAS
Urko Otegui dirige la jugada ante la presión de Martí. / MARTA MORAS

Esther Bengoechea
ESTHER BENGOECHEAPALENCIA

Dos partes bien diferenciadas marcan un antes y un después en el paso por los vestuarios del Chocolates Trapa, que demostró que puede dar la vuelta a la tortilla y un marcador adverso de 13 puntos para imponerse al Força Lleida y hacerle un lavado de cara de manual. Con este nuevo triunfo, el octavo de los morados en la presente temporada, ascienden a la octava plaza y ponen punto y final al 2017 con una victoria y con una nueva muestra del amor propio que tiene este equipo.

Un día antes del choque, el jueves, tres jugadores palentinos estaban en el hospital -Bryce Pressley, Andrés Miso y Quique Garrido-, y dos más se lesionaban -Dartaye Ruffin, con una lesión muscular en el gemelo, y Jordi Grimau, con un pinzamiento en las cervicales-. Mal Día de los Inocentes, sin duda. El club se planteó suspender el partido porque solo disponía de seis jugadores. Pero todos decidieron jugar, salvo Pressley, que sigue ingresado, y dar lo mejor de sí para ayudar al equipo a sumar un nuevo triunfo. Y lo lograron, se impusieron al Força Lleida por 85-79 y demostraron que son unos campeones.

El Chocolates Trapa no se encontró cómodo en toda la primera parte. La soltura y la facilidad en los ataques rivales chocaba con la dificultad de lograr encestar por parte del equipo morado. Casi habían transcurrido dos minutos cuando Sergi Pino -el mejor de los palentinos- inauguraba el marcador del Adolfo Nicolás con un tiro de dos puntos. Pero rápidamente se pondría por delante el conjunto ilerdense, ese donde Joaquín Prado ocupó el banquillo durante cuatro temporadas.

Ogungbemi-Jackson adelantaba a los de Borja Comenge con un triple limpio, avisando a los morados. Ya se mantuvieron al frente del luminoso hasta bien entrado el tercer cuarto, cuando el pabellón estalló de júbilo y los de Prado se hicieron grandes en su feudo.

El Lleida, con el mismo número de triunfos que los morados -hasta ayer-, se mostraba mucho más solido, con una rapidez de movimiento de balón que desquiciaba al vestuario de Prado, que no acertaba la tecla para defender con intensidad.

Grimau reducía distancias con un triple y establecía el 10-13 que daba esperanzas, hasta que segundos más tarde, Ogungbemi volvía a encestar desde fuera del perímetro. Los últimos minutos abultaban el resultado de los catalanes, que pasaban de un 18-21 a un 18-27, resultado que maquillaba Garrido (21-27).

Urko Otegui se convierte en el máximo anotador morado con 20 puntos

El segundo cuarto solo servía para corroborar lo que ya se había visto diez minutos antes sobre la cancha cerrateña, para eso y para que los visitantes aumentasen la distancia en el marcador. «No hablamos nada, no hablamos nada», chillaba Joaquín Prado desde el banquillo, recriminando a los suyos la falta de comunicación en el campo. Sin alegría ni intensidad transcurría el partido, llegando los peores minutos al final del segundo cuarto, cuando los ilerdenses aumentaron la distancia en 34-47. Mucho tenía que cambiar el Chocolates Trapa para sumar un triunfo.

Y lo hizo, vaya si lo hizo. Arrancaba la segunda mitad con esperanza, gracias a los dos triples consecutivos de Miso -con uno de Feliu, exjugador del conjunto morado entre medias-, seguido de una bandeja de Urko Otegui. El Lleida respondía con canastas cómodas pero también con algún fallo que aprovechaba el conjunto de Prado para reducir distancias. Otro triple de Miso, letal desde fuera del perímetro, junto con uno de Quique Garrido, ponía el 48-54 en el marcador, reduciendo la diferencia de 13 puntos a 6. Los morados habían subido esa revolución necesaria para ser más agresivos en defensa y más eficaces en ataque. Y llegó la canasta del empate, obra de Urko Otegui, después de abrirse paso bajo el aro entre la defensa rival. 54-54 en el luminoso, a falta de más de tres minutos para que terminase el tercer cuarto. Ahora comenzaba el auténtico partido del Chocolates Trapa. Sergi Pino adelantaba a los locales con una peleada bandeja y desquiciaba, un poco más, a los ilerdenses, que habían visto como en menos de diez minutos les daban la vuelta a un resultado completamente controlado.

Continuó la fiesta sobre el parqué palentino, que se llegó a poner siete puntos por delante en el marcador, resultado que maquilló el conjunto rival en los instantes finales, dejando el luminoso en 63-59 y solo diez minutos para resolver el encuentro. Los de Prado arrancaban con calma, dejando los nervios en banquillo. Dos triples de Pino y un 2+1 de Grimau aumentaban la distancia (71-63), pero los catalanes seguían con ganas de revancha, tras el lavado de cara del tercer cuarto.

Dos jugadas sin anotar y dos faltas consecutivas de Grimau reducían las diferencias hasta los 73-70 donde todo estaba en el aire. Con el público totalmente entregado a su equipo, los jugadores luchaban por dar una nueva alegría en el Adolfo Nicolás y comer las uvas con la sonrisa de la victoria.

Un triple de Garrido, determinante desde la línea de tres en los momentos clave, ponía el 78-70 en el marcador y daba alas a los morados, que tenían que luchar durante casi cuatro minutos para hacerse con el octavo triunfo. Una posible falta en ataque no pitada se convertía, instantes mas tarde, en la cuarta personal de Urko Otegui. El nerviosismo y la necesidad de los ilerdenses se plasmaba en el fallo -de uno de los tiros- desde la línea de libres de Karena, máximo anotador rival. «Palencia, Palencia, Palencia», acompañado de aplausos y un bombo para celebrar el espectáculo morado.

Los palentinos lograron mantener la diferencia, con dos tiempos muertos de Prado para organizar jugadas, hasta llegar al final del partido con 85-79 y el aplauso de la afición, volcada con los suyos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos