El Norte de Castilla

Por encima del aro

Así no es posible

El Club Baloncesto Ciudad de Valladolid, el actual Comercial Ulsa, nació hace año y medio con la sana intención de mantener viva la llama del baloncesto profesional en la ciudad tras la triste y lamentable retirada y desaparición de la circulación del Club Baloncesto Valladolid. El proyecto fue bien recibido en general, aunque los inicios nunca son sencillos. Más aún teniendo en cuenta que sus fundadores no traían dinero consigo, sino que su principal objetivo era el de aportar trabajo, dedicación y esfuerzo para generar confianza, buenas sensaciones y una imagen atractiva, y así poder atraer los apoyos económicos externos que les permitieran ir creciendo y aspirar a cotas mayores en el medio plazo.

La primera temporada fue muy complicada, con una estructura muy modesta y con muchas vicisitudes e imprevistos en el día a día que generaron un buen número de desgastes tanto en la cancha (descenso deportivo) como fuera de la misma (salidas del club, algunas voluntarias y otras forzadas, de unas cuantas personas por unos u otros motivos).

A pesar de ello, resolvieron bien la adquisición de una nueva plaza en la LEB Plata y convencieron a un entrenador de prestigio y referencia como Paco García, que transmitía mucha ilusión y energía aceptando el reto. Luego configuraron con sus limitados recursos una plantilla que tenía buena pinta, y que esta vez pudo tener una buena preparación en verano.

El balance deportivo a día de hoy no está nada mal, con cuatro victorias y cuatro derrotas en ocho partidos, aunque es cierto que el equipo aún no ha alcanzado la consistencia esperada. Sin embargo, el margen de mejora que se augura es esperanzador, y la idea de poder disputar las eliminatorias por el título puede ser considerada una aspiración legítima e incluso relativamente asequible.

Lo inquietante es que desde hace unos días la polémica les ha vuelto a poner en el punto de mira por el descontento del entrenador, expresado pública y privadamente, ante una serie de cuestiones que rodean sus condiciones de trabajo.

Sin entrar a valorar el fondo del asunto, lo realmente preocupante es que volvemos a las andadas. El conflicto ya está a pie de calle y ya he escuchado a varias personas en estos días decir la devastadora frase de «¡vaya, ya estamos otra vez como siempre!».

El baloncesto de élite, en una plaza histórica como es la Valladolid, lleva desde hace tiempo en una posición muy delicada, porque ha desencantado mucho y a muchos con sus continuos fraudes, y su credibilidad está a unos niveles muy bajos.

La única manera de recuperar el sitio perdido es generar unos altos índices de repercusión positiva para que otros se involucren y que esto pueda crecer de verdad. Por ello, ojalá que hagan suyo aquello de que «el club está por encima de las personas» y no se lo lleven por delante con sus aireadas desavenencias.

El margen de error en la imagen del club es muy escaso. Hasta tal punto que me atrevería a decir que cada información positiva a su alrededor supone un pasito hacia adelante y cada noticia negativa implica varias zancadas hacia atrás.