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Desde el viernes Estambul acoge la fase final de la Euroliga que, aunque cambió el formato de la competición, si que sigue manteniendo el de la final a cuatro para decidir el campeón. Hay dos connotaciones que resaltan en este particular escenario. La de las importantes medidas de seguridad para que salga todo bien y que se repiten los mismos equipos y las mismas eliminatorias que hace dos años en Madrid.

Precisamente el Fenerbahçe, que tiene la ventaja de jugar en casa, será el rival del Real Madrid. A la de Madrid el equipo turco acudía por primera vez al asalto de su objetivo principal desde que apostaron muy fuerte con la contratación del serbio Zeljko Obradovic, el entrenador más prestigioso y laureado de Europa. En aquella ocasión cayeron en semis. La pasada temporada estuvieron muy cerca y acabaron perdieron la final en el último suspiro. La sensación generalizada es que esta es su gran ocasión para lograrlo. El hecho de jugar en ‘casa’, contando con el apoyo masivo y el de un ambiente muy favorable, lo hace propicio. Además, y aunque no se pueda decir en voz muy alta, la satisfacción que podría tener la propia competición de que uno de los países que más ha apostado por ellos, deportiva y económicamente, pueda obtener la recompensa.

El conjunto otomano ha hecho muy pocos cambios y mantiene a la mayor parte de sus jugadores desde que iniciase su proyecto más ambicioso. Lo tienen todo, calidad y cantidad, como el resto de los que han llegado hasta aquí, aunque se espera que a la tercera sea la vencida. Obradovic no ha perdido su nivel de exigencia, le gusta que sus equipos defiendan y que no cometan muchos errores en ataque, aunque también da espacio a que el talento de los jugadores pueda decidir, especialmente Bogdanovic.

En el Real Madrid son conscientes de la dificultad del partido, tanto por el rival como por el lugar. Pero la condición de anfitrión suele dar un punto de responsabilidad añadida del que pueden aprovecharse si se encuentran cómodos. Que Llull es el hombre clave es una obviedad, y que Doncic será el foco de atención otra, pero, si quieren ganar la Euroliga, necesitan algo más, una participación más coral. A lo largo de toda la temporada ha habido momentos donde el equipo ha sido previsible en sus puntos fuertes. Necesitan mostrar una versión más profunda de recursos.

La otra semifinal, tampoco es nueva para sus contendientes. El temido CSKA Moscú defiende título frente al siempre combativo y experimentado Olympiakos. Los rusos también mantienen a la base de jugadores que les llevo a añadir otro trofeo, destacando sobre manera el magnífico dúo de exteriores que tienen en el francés De Colo y el serbio Teodosic. Este último en lo que podía ser su última temporada en Europa antes de irse a la NBA como se viene informando últimamente. Ellos son la clave de su equipo y de sus inspiración dependerán sus posibilidades de éxito. Los griegos, con el incombustible Spanoulis al frente, aquí están otra vez. Y lo hacen de la manera que mejor les va. Siendo considerado el menos favorito de los cuatro. Pero es así como ganaron dos ediciones no hace mucho. Tienen mucho oficio, saber estar y casi nunca se descomponen. El domingo por la noche se sabrá quién es el campeón.