Nemanja Nedovic entra a canasta ante Marcus Eriksson.
Nemanja Nedovic entra a canasta ante Marcus Eriksson. / Adrián Ruiz de Hierro (Efe)

copa del rey | cuartos

El Barça respira con la mano de Eriksson

  • Cuatro triples del alero sueco en el tercer cuarto relanzaron a los azulgrana, que dieron un giro radical tras el descanso

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Estaba en caída libre el Barcelona y su técnico en la cuerda floja, pero el sueco Marcus Eriksson guió a los azulgrana a las semifinales y Georgios Bartzokas y sus jugadores, con un triunfo reparador y muy necesario, pudieron respirar y rebajar la tensión en Vitoria. Al menos hasta el partido de este sábado contra el Valencia (21:00 h.), en el que se reeditará una de las semifinales de la Copa de Málaga 2014, entonces con victoria culé. Con el primer tiempo que ofreció ante el Unicaja el Barcelona es firme aspirante a despedirse en su segundo encuentro, pero si muestra la cara de la segunda parte, en la que se vio a un equipo poderoso y confiado, con Eriksson destrozando al Unicaja desde el exterior para dar alas a sus compañeros, el conjunto catalán puede mantener la esperanza. El cambio que dio el Barça tras el descanso fue radical, para anotar más puntos en el tercer período que en los dos primeros cuartos. La culpa la tuvo Eriksson, cuya mano (4 triples de 4 intentos) relanzó al Barcelona, bastante más solidario y sacrificado en una segunda mitad que en nada se pareció a la pésima y decepcionante primera.

El Unicaja ofreció en el primer tiempo un juego coral para pasar a dominar en el marcador y disfrutar entonces defendiendo a un rival de muy poco empaque, hasta que el Barcelona modificó de forma sorprendente su dinámica en el segundo tiempo para protagonizart la remonetada e imponer su autoridad. En la zona Ante Tomic era superado por Dejan Musli y así, rota en principio una de sus grandes ofensivas, el Barcelona comenzó a abusar del tiro exterior, negado antes del descanso desde la larga distancia, con un 4 de 18 triples en el primer tiempo. Cada vez más nervioso y sin respuesta a la solidez del Unicaja, las pérdidas también fueron minando a los azulgrana, mientras los de Joan Plaza se iban despegando (21-29) y se encontraban cada vez más cómodos en un choque de tan escaso atractivo que la afición aprovechó para pasarlo en grande en las gradas.

Ya que hasta que explotó Eriksson no había espectáculo ni juego en la pista, la diversión se trasladó al público, que presenciaba un partido en el que las defensas se imponían a los ataques, para cerrar la primera parte con un triste 28-33. Sin embargo, tras el paso por el vestuario el Barcelona muy un equipo totalmente diferente. El encuentro dio un giro inesperado a partir de un tercer cuarto en el que se vio a un Barcelona realmente intenso y, sobre todo, acertado en el lanzamiento exterior, que era lo que realmente necesitaba para remontar e irse de forma decidida a por el triunfo. El Unicaja empezó a verse acogotado por los bombareos sin fallo de Eriksson y su contundencia fue la que contagió a sus compañeros.

El Barcelona había recuperado la fe, también a Tomic en la pintura, y ya se movía con fluidez y determinación, con verdadera fortaleza atrás, destrozando los ataques del Unicaja, y adornando su esfuerzo defensivo con un lanzamiento certero. Desde que Tomic puso arriba a su equipo con un dos más uno para remontar (47-44), los azulgrana ya fueron a por la victoria. Eriksson había fundido al Unicaja y el Barça, aun sin brillantez, ya no aflojaría hasta el final: 75-65 a falta de dos minutos) y sentencia definitiva.