El Norte de Castilla

por encima del aro

Más despropósitos

Aunque uno trate de buscar el lado positivo, es imposible no frustrarse. Las cosas no cambian. El baloncesto sigue siendo un deporte maravillosamente atractivo, pero las personas que lo dirigen se empeñan en complicarlo. Y llevamos muchos años en que esto no cambia.

Los calendarios de las competiciones son una afrenta al sentido común, porque no se puede estar tantos meses sin actividad en el baloncesto de clubes. Hay todo un verano para situar los torneos de las selecciones nacionales, que se van de forma incomprensible hasta septiembre. Pero es que en esta ocasión los Juegos Olímpicos acabaron en la tercera semana de agosto y hemos estado en lo mismo, porque alguien tuvo la ‘brillante’ idea de programar un Preeuropeo varias semanas después.

No es de recibo que en la Liga Endesa ACB la mayoría de equipos esté cuatro meses sin un partido oficial. Así es complicado atraer mayor seguimiento de aficionados, e interés de más patrocinios con un retorno demasiado limitado en el tiempo. En las ligas FEB tres cuartos de lo mismo o peor, porque hay más meses de sequía. Sin ir más lejos, el último encuentro como local del Comercial Ulsa Ciudad de Valladolid se remontaba hasta 20 de marzo. ¡Más de seis meses desde el último partido de la pasada temporada hasta el primero de esta!

Encima, con el conflicto FIBA-Euroliga que genera que cada uno vaya a lo suyo, y que solo se preocupen de sus intereses económicos, dejando de lado lo más importante. La creación por parte de la FIBA de la Champions Cup ha dividido, como ya pasara en otros tiempos, la participación de los mejores clubes del viejo continente. La Euroliga no se ha visto especialmente afectada, pero la Eurocup, su segunda competición, no hay por donde cogerla. El premio que recibe el campeón de ganarse una plaza en la Euroliga no ha servido para mucho. De treinta y dos equipos pasaron a veinticuatro, y de ahí a veinte, por renuncias a última hora por unirse a la propuesta de la FIBA. Y de esos veinte, donde no habrá ni italianos, ni franceses, ni turcos, ni griegos, sí que habrá españoles, ¡pero seis! De risa.

Y para terminar, dos cuestiones. La primera, bien conocida por todos, que es sigue siendo la cansina problemática de los ascensos y descensos en una Liga ACB que se ha quedado impar a causa de ello, y con dos clubes comprometidos ya para la próxima edición (Palencia y Melilla), a expensas de lo que resuelva el recurso al Tribunal de la Competencia, que terminará por abolir el canon. Seguirá habiendo lío con el asunto, y si no al tiempo.

La segunda cuestión, es que el baloncesto de clubes para verse en televisión en España a partir de ahora, será de pago en su totalidad, salvo contadas excepciones con algunas partidos de Eurocup o de baloncesto femenino. Es de agradecer que una plataforma haya apostado tan fuerte y sin escatimar medios técnicos y humanos por emitir ACB, Euroliga y NBA pero, cuidado, que la importancia del baloncesto no es la del fútbol para que se abone tanta gente como algunos esperan. Además, en el balompié hay bastantes retransmisiones en abierto, tanto en la Liga como en la Champions. En el baloncesto, poquísimas y de apenas transcendencia, con lo que habrá muchos hogares que se ‘desconectarán’. Lamentable.