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Aranzana: «Tengo más ilusión y pasión que nunca»

Gustavo Aranzana, el pasado domingo en Valladolid.
Gustavo Aranzana, el pasado domingo en Valladolid. / Henar Sastre
  • El técnico vallisoletano ha sufrido la primera destitución de su carrera tras ser despedido del Guaiqueríes venezolano por motivos económicos

Gustavo Aranzana (Valladolid, 23 de marzo de 1958) observó con sorpresa cómo su etapa en el banquillo del Guaiqueríes de Margarita, en Venezuela, finalizaba abruptamente el pasado 29 de febrero.

–¿Cómo fue su salida?

–Todo llegó por una orden ministerial porque el Guaiqueríes pertenece al Ministerio del Deporte. Es un asunto de divisas, de dinero. La situación allí está complicada y para abaratar el presupuesto prescindieron de mí. Deportivamente, veníamos de ganar tres partidos seguidos y estábamos en puestos de ‘play-off’. No sabían que yo tenía un contrato garantizado.

–¿Ha cobrado todo?

–Tengo garantías de cobrarlo. Solicité un reconocimiento de deuda. Es difícil que te garanticen los contratos, pero el mío lo estaba. Si no cobro, lo denunciaré a la FIBA. Pero, en principio, hay acuerdo. Me deben la mitad del contrato y justo me despidieron el día que me tenían que pagar.

-¿Le sorprendió?

–Claro. Me lo comunicaron por la noche. Viajé con el equipo para jugar la serie contra Bucaneros. Habíamos entrenado y me dijeron en la cena que habían tenido una reunión en el Ministerio del Deporte y que la orden provenía de arriba. El presidente y el vicepresidente desconocían lo que iba a suceder. Acababa de llegar un base, un ‘piloto’ como dicen allí. El equipo iba muy bien y habíamos contratado a Dwayne Jones, el mejor reboteador de la liga anterior. Con ese jugador, el equipo iba a mejorar aún más. No existía ningún problema por ningún lado.

–Todo ha sido muy diferente esta vez tras su experiencia previa en Guaiqueríes hace dos años...

–Sí, he notado que el día a día era diferente. Había más personal en la estructura del club. Cuando llegué la primera vez, existía una relación más cercana. El ministro delegó en el presidente y entre todos llevábamos el club. Este año entraron más personas, con cargos que no controlábamos. En estos tres meses, he tenido dos ministros. Hay que aprender a vivir con poderes que no detectas. Además, estaba la mala situación económica del país.

–¿Es este su primer despido?

–Sí. Nunca me habían echado en 38 años que llevo como entrenador. Es curioso que haya sido con el equipo ganando y en ‘play-off’.

–¿En qué medida ha dejado su huella en el baloncesto venezolano?

–El baloncesto allí no ha disminuido en las cosas buenas que ya tenía. Es rápido, táctico, agresivo, un baloncesto pasional, creativo, de mucho uno contra uno y campo abierto. Lo que ha mejorado por la influencia de los entrenadores españoles es la táctica y la preparación del día a día. Los jugadores han mejorado en el juego sin balón y los conceptos, pero también ha sido duro para ellos. Los clubes buscan entrenadores que sean exigentes, pero el país vive circunstancias especiales. A veces exigimos, pero las infraestructuras dificultan las cosas. Hay que adaptarse a la situación.

–¿Cuánta repercusión tiene el baloncesto en Venezuela?

–Más que en España. Allí está el béisbol y luego el baloncesto. Cada club tiene su televisión y todos los partidos se retransmiten.

–¿Cómo reaccionaron los aficionados tras su destitución?

–Con incredulidad. Se quedaron descolocados.

–¿Qué opciones tiene ahora?

–Es curioso. A las tres horas de mi despido, tuve una oferta para irme a México. Automáticamente. Dije que no. No es bueno tomar las decisiones en caliente. Me gusta sopesar los proyectos. Alos tres días, me plantearon otra opción para irme a la República Dominicana. También dije que no. Hay cosas, pero ahora me dedicaré a ver baloncesto y esperar tranquilamente. Ojalá pueda entrenar en España y, si no es así, abriré otra vez el abanico del extranjero.

–¿Por qué resulta tan difícil para un entrenador con su currículum entrenar en España?

–He tenido opciones, pero al final no se cerraron. Las agencias de representación y los directores deportivos desconfían, pensando que les vas a quitar protagonismo, o que tu relación con ellos va a ser complicada.Aquí no damos importancia a la experiencia. Parece que un chico joven dará menos problemas y será más manejable. Y luego escuchas excusas ridículas. ‘Es que no tiene ilusión’. ¡Coño, tengo tanta ilusión que voy donde sea! Tengo más ilusión que el primer día y soy mejor entrenador ahora que hace 30 años. Conozco mejor el baloncesto. No cierro ninguna página, pero no depende de mí. También te dicen: ‘Es que hace cinco años que no conoce la ACB’. Entonces, Ivkovic no puede venir aquí, ni Messina, ni Obradovic. Es ridículo. Me río.

–¿Qué reflexión hace de la situación del baloncesto en Valladolid?

–Me pareció lamentable la desaparición del CBValladolid, aunque era la crónica de una muerte anunciada, pero más lamentable ha sido la digestión posterior. Nadie se ha preocupado de nada, se ha dejado morir. No sé en qué solución están los extrabajadores y los responsables no han dado la cara. Todo está tapado. Es muy triste.

–¿Y la aparición del Brico Depôt?

–Aire fresco. Hay que agradecer a Mike Hansen y su gente que haya baloncesto en Valladolid. Da igual que sea en LEBPlata. El primer año es difícil, pero los siguientes lo serán mucho más. Debemos estar en LEBOro, pero para eso tiene que colaborar mucha gente.

–¿Cómo es su relación con el club? ¿Se entendió la marcha de Centeno al Guaiqueríes?

–Francisco Centeno tenía ficha en Guaiqueríes y vino a Valladolid para probar en España. Él tenía claro que se iba a ir y contaba también con una oferta de Colombia. Pensaba que se iría después de Navidad, pero al adelantarse la liga, se volvió antes. El seleccionador le dijo que para ir a los Juegos tenía que jugar en Venezuela. Y, además, tiene una desgracia personal porque mataron a un primo suyo allí.

–¿Es posible que veamos a Aranzana trabajando próximamente en Valladolid?¿Entrenaría en LEB Plata, por ejemplo?

–Yo no cierro ninguna página. Aquí siempre se habla de muchas cosas. Por ejemplo, cuando dijeron que iba a entrenar otra vez al CBValladolid. Nadie habló conmigo. Lo primero es que me propongan algo. Tengo tres clubes muy de corazón. Ascendí a Palencia y a León, pero mi ciudad es Valladolid. Claro que me gustaría acabar aquí, o volver a León o a Palencia, pero la situación implica a dos partes.

–¿Cómo es su relación con Mike Hansen?

–Hasta que me fui en diciembre, hablaba mucho con él. Ahora, he vuelto hace tres días y aún no le he visto, pero he seguido toda la trayectoria del Brico Depôt.

–¿En qué punto de su carrera se ve ahora mismo?

–Tengo más ilusión y pasión que nunca. Veo muchísimo baloncesto. Cada vez entiendo mejor el juego y sé afrontar mejor las situaciones. Me acuerdo cuando terminé en Cáceres, que estuve un año sin equipo, que sí que me entró un bajón porque quería entrenar. No me puedo quejar. ¡Cómo no voy a tener ilusión si me he ido a 8.000 kilómetros para trabajar! He vuelto el jueves a Valladolid y ya tengo mono. Pero no estoy preocupado. Algo llegará y seguiré en el baloncesto.