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La fiebre olímpica regresa a Barcelona

Felipe VI, junto al resto de autoridades presentes en el acto en el Palacete Albéniz. / Pau Barrena (Afp)

El rey Felipe VI destaca el «abrumador» sentimiento de «orgullo» que dejó la cita

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Barcelona volvió a sentir este martes la fiebre olímpica. El rey Felipe VI presidió en el Palacete Albéniz la recepción ofrecida por el Ayuntamiento de la ciudad condal para conmemorar el 25 aniversario de los Juegos Olímpicos que marcaron un antes y un después en el deporte y en el desarrollo de la sociedad española. Lo hizo el mismo día en que, un cuarto de siglo atrás, ofició, siendo aún Príncipe, como abanderado de la delegación que registraría el mejor resultado de su historia con un total de 22 medallas. Una cita en la que don Felipe logró un diploma en la modalidad 'Soling' de Vela junto a Fernando León y Alfredo Vázquez, tras finalizar en sexta posición su embarcación 'Aifos', bautizada con el nombre al revés de su madre, Sofía.

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«Toda España miraba a Barcelona con confianza y orgullo» ante la organización de un acontecimiento que constituyó un «éxito rotundo», cimentado en los valores de la «concordia», el «respeto» y la «unión» que la ciudad condal mostró al mundo, recordó Felipe VI. La cita fue posible «gracias al esfuerzo conjunto y el trabajo comprometido, generoso y solidario de todos», abundó el Rey a pocos metros del estadio de Montjuïc, donde el 25 de julio de 1992 tuvo lugar la ceremonia de inauguración de los Juegos. Una vez concluidos estos, remarcó durante su parlamento en castellano, catalán e inglés, quedó un sentimiento «abrumador» de «orgullo».

Al acto, celebrado en el edificio que fuera construido para acoger a la Familia Real durante la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, acudieron representantes de la vida política como el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont; el ministro de Educación, Cultura, y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo; el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez; o los exalcaldes Pasqual Maragall y Xavier Trias, entre otros. Asistieron también destacados deportistas y miembros del Comité Olímpico Internacional y del Paralímpico, encabezados por sus presidentes, Thomas Bach y sir Philippe Craven, respectivamente. Tanto unos como otros, con el recuerdo aún presente de las gestas que convirtieron a Barcelona '92 en la mejor cita olímpica que se había visto hasta entonces.

"Que el espíritu de 1992 siga vigente"

Destacó la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la necesidad de preservar el «espíritu olímpico de colaboración» ante los retos actuales. «Cuando hay voluntad de diálogo, cooperación y liderazgo ciudadano, los proyectos salen y pueden ser imparables», incidió la regidora. El presidente de la Generalitat fue más beligerante al apuntar que en Barcelona '92 «se alcanzaron los objetivos sin reproches y sin imposiciones».

El presidente del COI explicó que una de las claves del éxito de la cita fue «la unidad» entre todos los actores implicados. Los Juegos, dijo Bach, «demostraron que es posible conseguir grandes cosas cuando todos se ponen de acuerdo», valorando la transformación de la ciudad derivada de la cita olímpica. «Procuremos que el espíritu de 1992 siga vigente durante muchos años más. De ese modo seguiremos siendo amigos para siempre», concluyó aludiendo al lema de aquel acontecimiento.

La lúdica jornada, que había comenzado por la mañana con cientos de niños participando en actividades deportivas y talleres relacionados con Barcelona '92 y que tuvo en la visita de Felipe VI al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat del Vallès para conmemorar el trigésimo aniversario del mismo otro de sus puntos centrales, se prolongó hasta la noche.

La antorcha olímpica volvió a desfilar por las calles de Barcelona, portada por atletas y ciudadanos que la llevaron mediante relevos hasta la plaza Catalunya, epicentro de la fiesta amenizada por proyecciones y actuaciones musicales que revivió aquel glorioso día de julio de 1992 en que, como había resaltado el presidente del COI durante su discurso en el Palacete Albéniz, «la magia de los Juegos Olímpicos» trajo «el mundo a Barcelona» y llevó «una nueva Barcelona al mundo».

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