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Caprichos del tiempo

La Cueva de los franceses está llena de laberintos labrados por el agua en la piedra caliza. /Javier Prieto
La Cueva de los franceses está llena de laberintos labrados por el agua en la piedra caliza. / Javier Prieto

Diez excusas para descubrir el Geoparque Mundial de Las Loras

JAVIER PRIETOPalencia

egún la Unesco, un geoparque es una figura de protección creada para impulsar los vínculos que existan entre el patrimonio geológico y todos los demás aspectos del patrimonio natural y cultural de una determinada zona. Su principal objetivo es demostrar que la diversidad geológica puede ser la base sobre la que se sustenten medidas de desarrollo sostenible que tengan como eje la singularidad del paisaje y las interacciones que los pueblos llevan a cabo en él.

Pero lo que un viajero que decida, por ejemplo, adentrarse por el Geoparque de Las Loras, el primer Geoparque Mundial declarado en Castilla y León y el más reciente de los reconocidos en España, lo que verá será un paisaje de cuento. No hace falta saber lo que es un cluse, un carst o un sinclinal para percibir que el norte de las provincias de Palencia y Burgos, engarzadas a la Cordillera Cantábrica por un sin fin de olas de piedra, agujeros insondables, cañones fluviales, precipicios, cascadas y páramos descarnados, conforma, por sí mismo, un territorio singular. Tan singular, como para que los geólogos sepan leer en él, con solo pisarlo, cómo ha sido la historia de la Tierra en los últimos 250 millones de años: un pimpampum de fuerzas gigantescas luchando entre sí por hacerse un hueco precisamente ahí mismo; fondos marinos que emergen sin contemplaciones porque quieren convertirse en páramos, placas tectónicas que se fracturan o cabalgan según los ánimos, un suelo que, aunque parece inmutable y eterno a los ojos del hombre, no ha parado de moverse desde el principio de los tiempos. Millón de años arriba, millón abajo.

Un territorio en el que es tan fácil perderse como quedarse embobado en la contemplación de una sola roca. O empachado de tanto descubrimiento. Por eso, para irlo conociendo poco a poco, hemos preparado aquí diez excusas con las que comenzar a disfrutar de este territorio tejido y destejido al capricho del tiempo.

1. La cueva de los Franceses

Si queremos saber de verdad por qué este territorio es como es hay que meterse en él. Literalmente. Bajar a las profundidades y comprobar cómo el agua consigue hacerse un hueco entre las rocas calizas y formar así sus propios laberintos. La carretera que conduce hasta la cueva se toma en Revilla de Pomar pero pasa antes por las sugerencias de Covalagua y finaliza en el mirador de Valcabado, un impresionante balcón sobre el valle cántabro de Valderredible. Información: tel. 659 94 99 98. Web: lacuevadelosfranceses.es.

2. El Páramo de Las Tuerces

Desde la localidad palentina de Villaescusa de las Torres, arranca la senda señalizada que aúpa hasta esta pequeña meseta rocosa. Es uno de los tres itinerarios autoguiados que encontramos en esta reserva geológica. En este caso concreto se trata del itinerario conocido como Las Escaleras del Tiempo.

3. Olleros de Pisuerga

La ermita rupestre de Olleros de Pisuerga es un ejemplo único en toda la Península y asombra tanto por sus dimensiones como por su antigüedad. Se cree que su origen pudiera estar en un anterior santuario prehistórico. Información: tel. 619 155 681 / 979 122 385.

4. Monte Cildá

Si estamos en Olleros, no hay excusa para no acercarse hasta uno de los rincones del geoparque en el que es posible contemplar también los efectos de la ocupación humana de este territorio en la lejana prehistoria. El acceso al castro se realiza desde la carretera que va hacia Mave.

5. Campo Petrolídero de Ayoluengo

El petróleo no es otra cosa que el resultado de millones de años de presión sobre sedimentos orgánicos que quedaron atrapados en la base de los fondos oceánicos. Así dicho, se entiende. Lo que cuesta más es asimilar cómo Ayoluengo (Burgos), un pequeño pueblecito de la Castilla más remota y descarnada llegó a convertirse en la estrella de los nodos y telediarios de los años 60, precisamente por tener bajo sus pies el único yacimiento de petróleo económicamente explotable que ha sido descubierto hasta la fecha en la península Ibérica. Por eso la visita al campo y al Museo del Petróleo, en Sargentes de la Lora, resultan de lo más ilustrativas. Web: sargentesdelalora.com.

6. Castillo de Gama

Los tesoros que encierra el geoparque no son solo de índole geológico o paisajísticos. Cuentan también su riqueza etnográfica y cultural y su legado histórico. Un rinconcillo en el que dejarse extasiar a partes iguales con el paisaje o los ecos de la historia es el que descubrimos en los riscos sobre los que se encajan los restos de este castillo. Lo localizamos justo encima de la villa palentina de Gama.

7. Eremitorio de San Pelayo

Otro ejemplo de cómo nuestros antepasado se las apañaban para hacerse un hueco en el que sentirse protegidos y cerca de Dios al mismo tiempo. Aunque esta ermita excavada en la roca se ve desde fuera, merece la pena el paseo hasta por el camino que se localiza, a mano derecha, entre las localidades palentinas de La Rebolleda y Villacibio.

8. Dolmen de la cabaña

Además del secreto de su petróleo, los horizontes pelados que rodean Sargentes de la Lora atesoran también otro secreto: el de los restos de una presencia humana que se remonta al Neolítico. Existen numerosas evidencias pero una de las más llamativas es este túmulo megalítico.

9. Rutas del Románico

El arte románico es una de las señas de identidad más potentes de la comarca de Las Loras. Prácticamente no hay pueblo que no pueda presumir de portada o canecillos en su pequeña iglesia, por humilde que sea. Si queremos empaparnos bien de lo que es y significó este arte, nada mejor que comenzar por el Centro Expositivo ROM ubicado en el monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo. Teléfono: 979 12 30 53.

10. Monte Bernorio

La palabra «lora» designa esas mesetas aisladas que se elevaban sobre el terreno circundante y que caracterizan, precisamente, los perfiles de este territorio. Sus enormes posibilidades defensivas, rodeadas casi siempre de precipicios, las convirtieron en excelentes asentamientos para situar en ellas castros. Este es uno de los más extensos e importantes de la Hispania prerromana. Se accede desde Villarén de Valdivia.

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