Valladolid, 'puerto' de salida de la primera vuelta al mundo

Juan Sebastián Elcano y Fernando de Magallanes./El Norte
Juan Sebastián Elcano y Fernando de Magallanes. / El Norte

La distinción de la Fundación Puerta de América y una exposición reconocen su papel crucial hace 500 años en la aventura marítima de Magallanes y Elcano

Vidal Arranz
VIDAL ARRANZ

La expedición que completaría la primera Vuelta al Mundo partió de Sevilla y se hizo a la mar en Sanlúcar de Barrameda. Pero su primer 'puerto' de salida estuvo en la seca meseta de Castilla, en Valladolid. En esta ciudad el emperador Carlos I de España y el marino portugués Fernando de Magallanes firmaron en 1518 las capitulaciones que hicieron posible una de las aventuras más excepcionales, y heroicas, de la historia de la navegación, y de las que en estas fechas se conmemora el Quinto Centenario.

Con este motivo, el Centro Cultural Miguel Delibes albergó los pasados días 20, 21 y 22 de marzo el Congreso Internacional de Historia 'Primus Curcumdedisti me. Claves de la primera globalización' en el que participaron expertos de París, Chile, Filipinas, Portugal, Estados Unidos, Italia y España. En abril, Acción Cultural Española inaugura este mes de abril en la Universidad de Valladolid la exposición 'El sueño', que relata los preparativos del viaje de Magallanes. Y, finalmente, la Fundación Puerta de América ha acordado conceder a Valladolid uno de sus premios anuales Capitan de Galeones, por su papel crucial en la historia de la expedición. La Fundación está en contacto ya con el Ayuntamiento de Valladolid y este reconocimiento podría culminar en el hermanamiento de Valaldolid con la gaditana Sanlúcar de Barrameda, de la que partió la expedición.

El viaje que hoy conocemos como la Primera Vuelta al Mundo se inició un año después de la firma de aquellas capitulaciones de Valladolid y tenía como principal finalidad viajar hasta Oriente para obtener las preciadas especias, que en aquella época eran más valiosas que el oro o las piedras preciosas. «Es más fácil entenderlo si se tiene en cuenta que en la época que nos ocupa no existían neveras para la conservación de los alimentos. Las especias no eran tan sólo un condimento, sino que tenían otras muchas funciones», explica Juan Antonio Manzano, presidente de la Fundación Puerta de América, de Sanlúcar de Barrameda, creada en 2011 para preparar el Quinto Centenario de la Vuelta.

Con todo, el carácter excepcional de la expedición no puede entenderse sin tener en cuenta la rivalidad en los mares de las dos potencias de la época, España y Portugal, que se tradujo en dos tratados: el de Alcazovas, firmado en 1479, y, sobre todo, el de Tordesillas, suscrito en 1494, por el que ambas potencias se repartían el mundo y se comprometían a no interferirse.

Magallanes y su socio Falero

Merced a este reparto, Portugal tenía la exclusiva de la ruta más directa conocida hasta las especias: la que permitía bordear África hasta el Cabo de Buena Esperanza, en el extremo inferior del continente, para desde allí cruzar el Índico hasta Oriente y Filipinas. Magallanes, y su socio y geógrafo Ruy Falero, pensaron que, dado que la tierra era redonda, podría llegarse al mismo punto justo en el sentido contrario, bordeando América del Sur y cruzando el Océano Pacífico. El problema de esta ruta es que no había sido recorrida por nadie antes, era más larga y conllevaba, como luego se descubrió, un gran número de complicaciones. Pero prometía llegar a las especias sin romper los pactos firmados.

La idea de Magallanes interesó al rey español Carlos I y el 22 de marzo de 1518, en Valladolid, hace ahora 500 años, se firmaron las capitulaciones que autorizaban la expedición y en las que se establecían las principales compensaciones que obtendrían los aventureros si tenían la fortuna de alcanzar su objetivo. Así, se les otorgaba el título de gobernadores de los territorios que hallaran y se les concedía una parte de los bienes obtenidos: una quinta parte, una quinceava parte o una vigésima dependiendo de la materia prima o producto de que se tratara.

Un mes después se completaron las capitulaciones mediante un segundo acuerdo firmado en Aranda de Duero. Con todo, la implicación mayor de Burgos en esta expedición tiene que ver con la figura del comerciante burgalés Bernardo de Haro, que fue el principal soporte financiero de tan singular aventura. De modo que, aunque en las cinco naves que se lanzaron a la mar había, sobre todo, marinos andaluces y extremeños, el papel de Castilla fue crucial para que la gesta de Magallanes-Elcano fuera posible.

El presidente de la Fundación Puerta de América está convencido de que el escaso aprecio de los españoles por lo propio impide una adecuada valoración hoy de la importancia de la primera Vuelta al Mundo: «Si los protagonistas hubieran sido Inglaterra o Estados Unidos, estaríamos saturados de historias y relatos contándonos la aventura de Magallanes y Elcano», asegura. Una aventura verdaderamente excepcional, teniendo en cuenta las muchas limitaciones de la época en cuanto a técnica y conocimiento, protagonizada por 234 hombres durante tres años intensos de penalidades, traiciones y fatalidad. «En relación a su tiempo, estamos hablando de una gesta más importante que la llegada del Hombre a la Luna», opina Juan Antonio Manzano. «Hay muchos aspectos de la historia de España que, al haber sido utilizados políticamente por la dictadura franquista, parece que ya no pueden ser motivo de celebración o de vanagloria. Pero conviene recordar que Franco no vivió en el siglo XVI», sentencia Manzano, quien aboga por recuperar la memoria de estos acontecimientos desde una perspectiva «completamente apolítica». En este contexto, el presidente de la fundación andaluza resalta el papel clave que jugó Valladolid en la evangelización del sudeste asiático, como acredita el Museo Oriental de los Agustinos Filipinos. Un papel que se reconoció también en el Congreso de Historia, que tuvo como único vallisoletano participante al director del museo, Blas Sierra.

El viaje, que finalmente resultó mucho más largo de lo previsto, estuvo marcado por las calamidades y la mala fortuna. Los alimentos almacenados terminaron por pudrirse y el escorbuto diezmó la tripulación de las naves españolas. La situación era tan desesperada que cuatro capitanes -Elcano entre ellos- se levantaron contra Magallanes para obligarle a dar marcha atrás y regresar. El motín fue controlado, y algunos de sus promotores ejecutados, pero no así el vasco Juan Sebastián Elcano, lo que seguramente resultó ser una decisión providencial. La drástica reducción de marinos y oficiales, primero, y la muerte de Magallanes, después, debido a una lanzada de indígenas filipinos, llevaron a Elcano en volandas hacia la oportunidad de la gloria. Un episodio que el escritor Jorge Bustos recoge en su reciente libro 'Vidas cipotudas' y que inicia así: «Hay españoles que se convirtieron en héroes porque fracasaron como villanos. Fue el caso de una gloria nacional tan indiscutible como Juan Sebastián Elcano».

Regreso complicado

Hay que decir que si bien el azar colocó en las manos de Elcano las riendas de una aventura que apuntaba a la gloria, el marino tuvo que ganársela a pulso. Si llegar hasta Filipinas había sido difícil, especialmente esa parte de la travesía que les llevó a cruzar el continente americano, en su extremo inferior, por el paso que luego se denominó 'estrecho de Magallanes', en lo que hoy es Chile, el regreso fue mucho más complicado. El agotamiento de la expedición obligó a acortar el viaje de retorno y para ello se decidió usar la ruta 'prohibida' del Cabo de Buena Esperanza, más corta. Para ello hubo que burlar la vigilancia de los marinos portugueses, y su bloqueo, que impedía a una nave española avituallarse de provisiones en sus zonas de influencia.

Una de las naves fue hecha prisionera, de modo que el tramo final de la aventura lo protagonizó una única embarcación, de nombre emblemático, 'Victoria', con la que a duras penas Elcano logró llegar hasta España. Paradójicamente, Elcano tuvo que enfrentarse también a un amago de rebelión por parte de quienes querían combatir el hambre con las especias que llevaban de carga, a lo que él se opuso completamente. Hacer tal cosa hubiera supuesto aceptar el fracaso de la expedición, tras tres años de sufrimiento. Su confianza, y su tesón al fin hallaron recompensa el 6 de mayo de 1521 cuando Juan Sebastián Elcano logra entrar con su embarcación en el puerto de Sevilla y, lo que es más importante, aunque seguramente en el momento él todavía no lo supiera, entrar con todos los honores en el puerto de la Historia.

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