Urueña, donde el verso y el tiempo se detienen

Federico Gallego, a la derecha, junto a los músicos Suria Pombo y Raúl Balbuena, durante las sexta Velada Poética 'A la sombra del ciprés'.
Federico Gallego, a la derecha, junto a los músicos Suria Pombo y Raúl Balbuena, durante las sexta Velada Poética 'A la sombra del ciprés'. / H. Sastre

El poeta manchego Federico Gallego Ripoll protagoniza la sexta de las Veladas Poéticas ‘A la sombra del ciprés’ y recibe el IV Premio Villa del Libro por su obra 'Quien dice sombra'

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

«Nunca nos ha hecho tanta falta la sombra del ciprés». No había querido Federico Gallego Ripoll recitar en público verso alguno de su penúltimo libro ‘Quien dice sombra’ hasta llegar a Urueña, y la demora en la entrega del IV Premio Villa del Libro -fallado en diciembre- enfatizó aún más su gesto. El poeta manchego Federico Gallego Ripoll (Ciudad Real, 1953) ofreció ayer un recital literario-musical en el que repasó las tres estaciones del poemario premiado sin olvidar antes lanzar un guiño al suplemento cultural que publica El Norte, aprovechando la presencia silenciosa del ciprés que da sombra al Patio de El Norte ubicado en el centro E-Lea.

En concreto fueron once poemas del libro premiado, y los cuatro últimos de su último trabajo que está a la espera de ver la luz, ‘Cardinales’. Todos ellos versos que tienen que ver con el paso del tiempo, indirectamente ligados a la tercera de las estaciones que vive el poeta afincado en Palma de Mallorca, y que, redondeados con la música del dúo formado por Suria Pombo y Raúl Balbuena, dieron forma a la sexta velada ‘A la sombra del ciprés’ que organizan la Diputación Provincial de Valladolid y El Norte de Castilla, y que acoge el Centro e-LEA de Urueña en la Villa del Libro.

«El autor es quien cocina la palabra, pero es en el corazón del lector donde se cuece el poema», resumió a los presentes Gallego Ripoll, que poco antes había dejado meridianamente claro en qué momento de su etapa vital había sido escrito ‘Quien dice sombra’. «Ha comenzado una tercera etapa en mi poesía. Una primera es cuando uno se adentra en un bosque; en la segunda te encuentras en la espesura del bosque; y en esta tercera es cuando empiezas a ver la claridad», apuntó, añadiendo que en su proceso creativo no hay lugar para la inspiración forzada. «Yo salgo a pasear cada mañana con mi red y mis aparejos, y a partir de ahí veo lo que pesco. A veces esa experiencia se convierte en poema y a veces no».

El poeta manchego Federico Gallego Ripoll. / H. Sastre

«Gracias por esta locura que suponen diez años de Urueña, bendita excepción del abandono institucional generalizado» Federico gallego ripoll

Ese paso del tiempo en el que se apoya su poemario chocó ayer frontalmente con el escenario, una Urueña tan aislada del mundo como a veces se entiende la propia poesía, que en la Villa del Libro encuentra un buen motivo para congraciarse con el ser humano. «Ningún viaje por largo que sea es baldío si se hace con el ánimo dispuesto y el corazón alerta», aseguró rotundo el manchego en referencia a Urueña, y al milagro que suponen diez años de la Villa del Libro. «Esta locura y bendita excepción del abandono institucional generalizado que existe», añadió, en un guante que recogió antes de que se perdiera en el tiempo el presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero, quien vino a recordar que «la cultura forma parte de la esencia del ser humano, y la persona tiene que ser atendida, no solo en aspectos sociales sino también en lo que se refiere al mundo de la cultura y también la poesía».

Muy cerquita, casi a unos metros de las ‘poeturas’ de Francisco Pino -expuestas en una sala, como una de las joyas que custodia el Centro E-Lea-, Gallego Ripoll no se olvidó en su turno de agradecimientos del poeta vallisoletano, que precisamente da nombre al premio convocado por la Diputación. «Sin su valentía e insistencia ejemplar, y la libertad de su escritura, la obra de los que hemos venido detrás no hubiera sido la misma», aseguró sin ambages.

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