Unamuno, el rector que no podía ni debía callar

Manuel Redero, catedrático de la Usal; Manuel Melgar, director del Centro de la Memoria Histórica de Salamanca; Colette y Jean-Claude Rabaté, autores del libro, y Mariano Esteban de Vega, catedrático de la Usal. /Laya
Manuel Redero, catedrático de la Usal; Manuel Melgar, director del Centro de la Memoria Histórica de Salamanca; Colette y Jean-Claude Rabaté, autores del libro, y Mariano Esteban de Vega, catedrático de la Usal. / Laya

Los expertos ensalzan la nueva mirada que el libro ‘En el torbellino’ aporta sobre el intelectual y escritor

VIDAL ARRANZValladolid

¿Es posible añadir algo nuevo a todo lo ya escrito sobre Miguel de Unamuno? ¿Queda por descubrir algún ángulo o perspectiva en una biografía tan abundantemente tratada y estudiada? En opinión de los catedráticos de la Universidad de Salamanca Manuel Redero y Mariano Esteban no sólo es posible, sino que los autores de ‘En el torbellino. Unamuno en la guerra civil’, obra de Colette y Jean-Claude Rabaté, lo han conseguido. Y tratando, además, uno de los aspectos más abordados de su trayectoria personal, el periodo que va desde su apoyo al golpe de Franco, su rechazo posterior y su muerte.

«Pese a lo mucho ya escrito, ‘En el torbellino’ sí aporta. Han realizado una apuesta arriesgada y han salido airosos gracias al manejo riguroso de muchas fuentes», opina Manuel Redero. Por su parte, Mariano Esteban de Vega considera, asimismo, que «es un libro importante; no tan solo uno más». A su juicio, su mayor aportación nace del método de trabajo elegido, «que renuncia a especular con testimonios orales indirectos, para separar la propaganda y el bulo de los hechos, u opiniones, contrastables».

El Día de la Raza

Esteban recordó que el periodo está marcado por un momento crucial: la celebración del Día de la Raza, el 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo salmantino, cuando el escritor se enfrenta a Millán Astray y muestra su radical desacuerdo con el modo como está actuando el bando nacional, el bando al que él había apoyado al inicio de la contienda. «Su actuación entonces fue elegida por el periódico francés Liberation como uno de los cinco momentos clave de la lucha contra la barbarie. Unamuno es un referente universal de la oposición a la sinrazón», asegura Mariano Esteban. No sólo eso, sino que muchos otros expertos coinciden en resaltar que su gesto «fue la defensa más valerosa de la libertad académica en todo el siglo XX». Unamuno era el rector y, aunque no tenía previsto intervenir, decidió hacerlo, en el altar académico por antonomasia, el paraninfo, en oposición a las opiniones y criterios expresados por los que le precedieron, no sólo Millán Astray, sino, sobre todo, Francisco Maldonado.

El rector entendió que no podía, ni debía callar, aunque ello le costó verse privado durante los últimos meses de su vida de lo que más valoraba: su palabra pública. Unamuno pasó esos meses confinado en su casa y sin poder intervenir en público.

Esta privación fue especialmente dolorosa para él, que encarna la visión más romántica del intelectual de finales del siglo XIX, entendido como un sacerdocio laico, según destacó Manuel Redero. «Este intelectual tiene características distintas a los de antes y a los que vendrán después: interviene en la vida pública con sus escritos y sus conferencias, o sea con su palabra, pero sin querer dirigir al pueblo ni a las masas, que surgen por entonces». Pues bien, uno de los primeros en encarnar ese modelo, y una de sus mejores versiones, es justamente Miguel de Unamuno.

Redero y Esteban de Vega acompañaron a los autores Colette y Jean-Claude Rabaté en la presentación de su libro en Salamanca. Y de las intervenciones de unos y otros quedaron claras al menos dos ideas sobre el admirado escritor y ex rector. La primera, resumida por Colette Rabaté: «Miguel de Unamuno fue un hombre digno al que no se puede acusar de oportunismo político». Y la segunda, a cargo de su marido Jean-Claude Rabaté: «Fue un titán del siglo XIX que se llevó muy mal con el siglo XX».

Unos y otros destacaron que la gran aportación del libro es haber logrado documentar la coherencia interna del escritor, más allá de la apariencia contradictoria de sus actuaciones públicas. Lo han logrado mediante el análisis cruzado de cartas, artículos, escritos privados y otros documentos que reflejan una intensa continuidad de pensamiento y de visión de la realidad.

Entre los documentos que el libro pone en juego, destacan dos textos inéditos que reproduce en su anexo final: ‘En el torbellino’ y ‘Examen de conciencia’, escritos en julio de 1936, días después del alzamiento, que tienen el interés añadido de ser textos íntimos redactados sin intención de ser publicados, desahogos personales que reflejan bien las dudas que le surgen al escritor ya desde los primeros momentos de la contienda. A ellos hay que añadir otro documento crucial, ‘El resentimiento trágico de la vida’ que será objeto de una publicación específica a cargo de los Rabaté, que están analizándolo pormenorizadamente.

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