'Westworld' se entrega al caos y al cambio de roles

'Westworld' se entrega al caos y al cambio de roles

La que llaman heredera de 'Juego de Tronos' toma un rumbo coherente y sólido en los primeros compases de la segunda temporada, aunque sigue cayendo en alguno de sus pecados

M. E. García
M. E. GARCÍA

No voy a mentir. Westworld me parece una serie que se toma demasiado en serio a si misma. Es un: 'aquí estoy y si no me entendéis es que no me merecéis'. Esa manera de estirar el chicle de manera superflua durante la primera temporada, esa narración ultracompleja '¡Uy!, mira que bien me narro para dejarte con la boca abierta', esos diálogos grandilocuentes cargados de una filosofía que, seamos sinceros, lleva presente en muchas obras, tanto literarias como audiviosuales durante años. Todo, para contar una historia que ya ha sido contada pero de una manera más complicada, más 'snob', más elevada.

---SPOILERS---

'El hombre negro' o William que ha dejado muy, muy atrás su pacifismo.
'El hombre negro' o William que ha dejado muy, muy atrás su pacifismo.

Pero Westworld cuenta con unos enomes personajes. Es innegable. El hombre de negro, sí, pero también Maeve y Dolores. Los dos pilares de la serie de HBO vuelven en esta segunda temporada y el primer capítulo se apoya en ellas... y en Bernard. Curiosamente, Westworld se cimenta en sus androides para contar su historia, algo que termina por afectar a la percepción de los espectadores, humanos, que acaban por identificarse más con los robots que con sus creadores.

Pero vamos con este primer capítulo 'Viaje en la noche'. Después de la tormenta llega la calma, dice el dicho, pero para Bernard, Dolores, Maeve y otros personajes de Westworld no es así. Después del tiroteo, la matanza y el caos desatados en el último capítulo la serie nos enseña cómo han sobrevido a la tormenta y cómo se las apañan después de ella.

Dolores y Teddy (que sique vivo, por cierto) a la luz crepuscular de cualquier western.
Dolores y Teddy (que sique vivo, por cierto) a la luz crepuscular de cualquier western.

De agradecer que salgan de los bucles preestablecidos para los anfitriones y, aunque continúa con ese halo de grandilocuencia elevada, se ve aquí mucho más atenuada por unas circunstancias más que graves. Por supuesto, que los creadores (Lisa Joy y Jonathan Nolan) no van a renunciar a los huecos, 'flashbacks' y demás trucos narrativos para jugar con el espectador... de nuevo y 'engañarle' si fuera necesario.

La actitud de los anfitriones es diferente en cada caso. Una robótica Dolores busca la victoria de su especie mediante la sangre sin medida. Un ansia de venganza contra sus creadores que le lleva hasta a confesar que quiere conquistar el mundo. Maeve, la más 'humana' de los androides, al menos en su modo de actuar, menos ciborg, incluso muestra cierta piedad, quiere encontrar a su hija. La relación entre ella, Héctor y Lee, promete. El tercero es Bernard, el anfritrión creador de anfitriones, un ser entre dos mundos que ve la crueldad en ambos bandos y se horroriza de hasta dónde son capaces de llegar (los unos y los otros). Con él y con sus tiempos juegan como nadie los guionistas como ya lo hicieran durante la primera temporada.

Maeve con Sizemore en las instalaciones del parque. Después llega el striptease.
Maeve con Sizemore en las instalaciones del parque. Después llega el striptease.

Y el hombre de negro, William. Él y su encuentro con el niño-androide-Robert merece su mención a parte. Will, que está feliz cual lombriz, por fin puede jugar con todas las consecuencias. «Ahora estás dentro de mi juego, y en este juego tienes que encontrar una puerta. Enhorabuena, William, este juego está hecho para ti», le suelta el niño raro. Bueno, a cambio, el pega un tiro al niño raro. El pacifista... ejem.

Vamos, por si alguien no lo ha pillado, los anfitriones han cambiado sus papeles y ahora son ellos los que juegan a matar a los invitados humanos. Justo lo contrario que en la primera temporada en la que los visitantes acudían a Westworld para dar rienda suelta a sus más horribles instintos, sin consecuencias.

Bernard y Charlotte en una estación secreta de Delos.
Bernard y Charlotte en una estación secreta de Delos.

Un 'cliffhanger' excelente que une el final de este primer capítulo con la conclusión de la temporada anterior y un uso de la violencia totalmente justificada y cruda son otros de los rasgos que, es de esperar, den continuidad a la serie de HBO.

Los anfitriones saben quiénes son y que quieren -la mayoría de ellos- ahora solo tienen que buscarlo. Una vez revelada su naturaleza y sus ansias de venganza contra el ser humano, en mayor o menor medida, falta por ver donde llegará cada uno. Su naturaleza artificial, sus sentimientos programados, sus relaciones, el amor.

Un instante antes del 'clifhanger' que te dejará con la boca abierta.
Un instante antes del 'clifhanger' que te dejará con la boca abierta.

Pero sin duda, lo más relevante de este primer capítulo son las diferentes pistas sobre la enormidad del parque temático, mejor dicho, los parques temáticos (conoceremos otro de ellos esta segunda temporada) y su situación.

Un paréntesis ante un hecho que parece que ha causado furor entre público, crítica y mundillos de Internet. El desnudo frontal masculino de Sizemore. Y es que, que un hombre se desnude en pantalla como lo hace normalmente una mujer sigue siendo noticia. Aquí, la escena tiene mucho de alegórica, de darle autoridad a la mujer, Maeve, en este caso y por extensión a todos y cada uno de los olvidados. La misa co-creadora de Westworld lo explicó: «son metáforas, ya que los robots representan a los oprimidos y silenciados del mundo».

Por delante esperan otros nueve capítulos que se prometen llenos de sorpresas, giros de guion y huecos temporales.

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