Séptima temporada de 'Juego de Tronos': Conclusiones

Séptima temporada de 'Juego de Tronos': Conclusiones

La temporada más corta hasta la fecha cierra con previsibilidad y una gran factura técnica

M. E. García
M. E. GARCÍA

'Juego de Tronos' se replegó sobre si misma hace un par de temporadas. Desde que comenzó a alejarse -por inexistente- del material literario la serie comenzó a acelerarse y a dejar de ser coherente con su espíritu (que no con sus tramas). Fue el propio George R. R. Martin el que sentó las bases de la serie a través de su obra literaria que, a su vez, deriva de una lectura muy crítica de 'El Señor de los Anillos'. «Después de la derrota de Sauron, los orcos aún seguían ahí», recordaba el escritor. «¿Qué hizo Aragorn? ¿Ordenó un genocidio? ¿Los hizo matar a todos, incluso a los orquitos bebés en sus cunitas de orcos?».

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Y así es como 'Juego de Tronos' se hizo un hueco en la historia audiovisual y literaria de la fantasía medieval. Una obra que huía de los buenos-malos porque sí y de los tópicos que hacen a este género algo demasiado previsible. De hecho, otros autores han copiado el estilo 'Martin' en la violencia pero también en huir del maniqueísmo: Joe Abercrombie con 'La primera Ley' o Patrick Rothfuss con 'El nombre del Viento' son dos de los ejemplos más conocidos y celebrados.

Los males

Si, al principio, las tramas avanzaban muy lentas, demasiado en algunas ocasiones, en esta temporada las 'teletransportaciones' han alcanzado unos niveles jamás vistos hasta la fecha. Porque los viajes de los personajes sirven para conocerlos y reconocerlos. A estas alturas de la vida poco nos pueden contar ya que no sepamos por lo que las elipsis temporales son imprescindibles para avanzar hacia un final que se acerca a pasos agigantados mucho más rápido de lo que ha llegado el invierno. Sin embargo, esos viajes supersónicos desconciertan. No se trata de seguir con el mismo ritmo que las primeras temporadas pero sí se agradecería alguna referencia temporal bien en subtítulos o en los diálogos.

Los Inmaculados: de Roca Casterly a Desembarco del Rey por arte de magia.
Los Inmaculados: de Roca Casterly a Desembarco del Rey por arte de magia.

El hecho de que los 'showrunners' tan solo tengan seis capítulos para concluir convierte 'Juego de Tronos' en una carrera por cerrar tramas. Tramas, que llevan años desarrollándose y ahora deben finiquitarse en unas seis horas.

Otra gran pérdida, que tampoco es nueva, es el 'olvido' del espíritu de la obra literaria. 'La Canción de Hielo y Fuego' son los personajes, su complejidad y profundidad psicológica, algo que, hasta la fecha se había trasladado a la pantalla con mayor o menor éxito por medio de diálogos. Sin embargo, este año, casi cualquier tipo de conspiración o de pausa ha sido sacrificado en favor de la espectacularidad, la acción y del 'fan service'.

Jon y Daenerys. Ni ella entiende por qué no mintió a Cersei.
Jon y Daenerys. Ni ella entiende por qué no mintió a Cersei.

El empeño de guionistas y directores por satisfacer las ansias del público mayoritario es obvia. El romance aburridísimo de Jon y Daenerys es el ejemplo más claro. A pesar de que ambos caminan en esa dirección se intenta estirar el chicle de una tensión sexual que deja mucho que desear para, al final, finiquitarla con una escena mínima y sobre la voz de Bran que explica, otra vez, quién es realmente Jon.

Pasa lo mismo con la 'concentración' de personajes. Jon y Danerys han reunido a su alrededor a lo más granado y querido de Poniente dejando a los Lannister como única alternativa y ya ni siquiera. Jaime abandona a Cersei y previsiblemente se irá con los 'buenos' a pesar de que intentó matar a Danerys hace tres capítulos y es el asesino de su padre. ¿Dónde está la coherencia aquí? Por suerte, Tyrion alberga sorpresas. No sabemos a qué acuerdo en concreto ha llegado con su hermana a pesar de que son varias las teorías que sobrevuelan ya la web.

Jaime abandona a Cersei. ¿Será el verdadero valonqar?
Jaime abandona a Cersei. ¿Será el verdadero valonqar?

También ha perdido mala leche, sutilidad y crudeza. Ver lo que se lee en la pantalla hace que pierda la pátina perturbadora que añade el lector a los ya de por si inquietantes hechos narrados. La magia se ha hecho demasiado evidente. La fuerza de 'La Canción de Hielo y Fuego' así como de las primeras temporadas era una magia insinuada e integrada. Es una fantasía medieval, sí, pero dentro de esa fantasía medieval es un relato 'realista'. Ahora se ha convertido en un 'Eragon' mejorado. Este extremo ha llegado a su máximo esplendor con el lanzamiento de jabalina que acaba con Viserion.

No quiero entrar en errores de bulto y pueriles como el tema de las cadenas al sacar el dragón del agua o incoherencias como mandar a Gendry sin armar a Guardaoriente porque así «va más ligero» cuando va a recorrer, como mínimo, unos 40 kilómetros por un territorio plagado de zombis y caminantes hasta llegar a su destino. Existe una cosa que se llama 'suspensión de la realidad'. En este caso te crees que hay dragones, caminantes blancos que 'fabrican' zombis... pero todo tiene un límite que se llama coherencia interna. Irte de excursión más allá de El Muro con un plan absurdo lo de volver recorriendo de los Siete Reinos para enseñarle el zombi a Cersei es... ejem. Y lo más increíble es que la reina sí se asusta del zombi aunque el plan no resulte como ellos esperan.

El Perro con el zombi guardadito en una caja.
El Perro con el zombi guardadito en una caja.

Los famosos 'deus ex machina' acumulados durante los útimos episodios. El de Benjen Stark no sería uno de ellos como tampoco lo fue cuando salvó a Meera y a Bran.

Los remedios

Aun así 'Juego de Tronos' sigue ofreciendo mucho al espectador y es una de las mejores series de las que se pueden disfrutar en la actualidad. Las batallas se han superado visualmente, tanto la del campo de Fuego como contra los caminantes más allá de El Muro. La fotografía es impecable en cada momento y lugar. Así como la música de Ramin Djawadi y el vestuario de Michelle Clapro -El vestido-abrigo de Danerys en el sexto episodio se recordará durante años-. Y es previsible que el año que viene se superen todavía más en los aspectos técnicos.

El vestido-abrigo de Danerys se ha convertido en el 'look' con más éxito de la serie.
El vestido-abrigo de Danerys se ha convertido en el 'look' con más éxito de la serie.

La serie también sigue ofreciendo diálogos interesantes y escenas memorables lejos de las batallas. La guerra dialéctica entre Arya y Sansa, el momento de la venganza de Cersei contra Ellaria, la muerte de Olenna y su última revelación y las intervenciones de Euron han hecho elevar el nivel de unos diálogos que este año se han mostrado más discretos. Unos aspectos que se han atenuado en el último capítulo 'El dragón y el lobo' que ha dejado a un lado lo visual para centrarse en lo que hizo única a 'Juego de Tronos'.

Merecen su momento de gloria los minireencuentros que ha dejado esta séptima temporada. Los diálogos del principio de 'La muerte es el enemigo' (traducido en España con 'Más Allá de El Muro', porque yo lo valgo) o de la previa a la reunión diplomática en Pozo Dragón son para recuerdo y deleite de los espectadores. Estos diálogos han permitido lucirse a algunos de los mejores personajes secundarios como Tordmund, El Perro, Bronn, etc.

Tyrion se reencuentra con Pod y Bronn.
Tyrion se reencuentra con Pod y Bronn.

Y a pesar de la previsibilidad en las principales tramas de esta temporada es coherente: Tanto que Meñique sea derrotado por Arya-Sansa-Bran (que suplique ya no lo es tanto), como la sobadísima relación romántica entre Jon y Danerys cierra ciclos que se deben cerrar. Lo mismo pasa con la pérdida del dragón y no solo su muerte sino su 'zombificación'. Tener tres dragones de un lado y ninguno de otro no produce ninguna tensión dramática. Ahora esperaremos la cara de Daenerys cuando vea a su hijo con los ojos azules.

Viserion deshace El Muro.
Viserion deshace El Muro.

La previsibilidad no es mala de por sí. Cuando se relee 'La Canción de Hielo y Fuego' las 'miguitas de pan' que deja Martin conducen a la Boda Roja. Algo así pasa con la relación entre Danerys y Jon. Cuando más avanza más claro está que el bastardo de Invernalia es un Targaryen -el hecho de que no sea bastardo es otro tema- y que acabará junto a Daenerys. Son los dos últimos de su estirpe y en la serie, pero sobre todo en los libros, se insiste una y otra vez en la inclinación y fomento del incesto dentro de la familia de dragones.

La principal conclusión

Lo que comenzó siendo una 'parodia' de la literatura fantástica publicada hasta la fecha ha perdido esa frescura. Como parodia entendamos no lo que 'hace gracia' sino aquello que 'hace burla' se ha convertido en aquello que intentaba criticar. Las frases que dejaron las primeras temporadas, algunas sacadas de los libros y otras no, se dieron gracias a esos personajes llenos de grises que se odiaban: «Qué cosas hago por amor», «córtale la virilidad y échadsela a las cabras», «el caos es una escalera», «lo que va antes del ‘pero’ no importa» o «son hombres valientes: vamos a matarlos», son algunos ejemplos.

Y es que por aquellos entonces, hace cinco o seis años, los creadores debían apoyar la serie en los diálogos y los personajes. Ahora, con un pastizal para CGI y dragones han optado por llegar a las masas con momentos visualmente espectaculares y muy emocionantes -no hay que negarlo-. También en sus inicios los 'showrunners' se aplicaron un dicho tan antiguo como el sol: «Tiran más dos tetas que dos carretas» y trufaron los diálogos cínicos con desnudos y mucha violencia. Algunas actrices, sobre todo Emilia Clarke pusieron el grito en el cielo y tuvieron que rebajar la muestra de tanta carne. ¿Dónde han quedado los desnudos y el sexo? En esta séptima temporada se ha reducido a la miniescena en la que Jon y Danerys culminan su relación con una visión fugaz del culo del primero.

Daenerys volvió a salir del fuego. Emilia Clarke se saltó su propia norma d eno hacer desnudos con esta escena.
Daenerys volvió a salir del fuego. Emilia Clarke se saltó su propia norma d eno hacer desnudos con esta escena.

El giro hacia los efectos y el ritmo trepidante ha sacrificado lo que hacía única a 'Juego de Tronos'. Ese es el principal problema. No se trata de no disfrutar de las grandes batallas y de los dragones en pleno vuelo sino de que han 'robado' la ironía que se desprendía de los libros. ¿Recordáis cuando las elipsis eran las batallas y no los viajes?

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