Castlevania en Netflix, la Iglesia sin corazón

Si tienen algo en común los cuatro capítulos de la primera temporada es la crítica feroz a una institución católica que ha perdido los valores

M. E. García
M. E. GARCÍA

Las redes ardieron cuando Netflix anunció la adapatación de la que puede que sea la saga de videojuegos más legendaria de todos los tiempos: Castlevania. 30 años contemplan a estos juegos desarrollados por Konami que han visto 40 historias diferentes desde 1986 hasta 2014.

Los cuatro episodios de este anime toman el arco de Castlevania III: Dracula's Curse (de NES), aunque no fue el primero en salir a la venta sí es el primero cronológicamente. Además, se basa en el Drácula de Bram Stoker y la Guarida del gusano blanco. Hay quién dice que Quincy, uno de los personajes principales de la novela escritor irlandés es un descendiente del clan Belmont.

Pero el imaginario no acaba ahí sino que también echa mano de monstruos de varias mitologías. En esta primera toma de contacto muestra un cíclope. En los videojuegos toma elementos de muchas otras creecias, nos solo de los clásicos.

Drácula.

El argumento se desencadena con la muerte de la mujer de Drácula. El mayor vampiro de la historia ataca con toda su ira y de paso arroja a sus hordas demoniacas sobre el reino de Wallachia, al norte de Transilvania, donde habita Vlad Tepes 'El Empalador'. La ambientación es la esperada: oscuridad y violencia domina la animación en el siglo XV.

Pero si algo domina Castlevania es su crítica feroz y sin paliativos a la Iglesia centrada únicamente en el poder que usa la fe para ganar su 'guerra'. Una Iglesia corrupta que quema inocentes y que castiga por igual a un ser sobrenatural como Drácula que a la familia Belmont que lucha contra monstruos desde los albores del tiempo. Y de momento, ese es el auténtico enemigo y, a su vez, este es el motivo por el que se ha llegado a calificar la serie como 'blasfema'.

Lo interesante de la versión es que Netflix ha demostrado que se puede hacer una adaptación de un videojuego sin perder la esencia del mismo (toma nota, Hollywood) y contentando a casi todos. Y eso que está clara una cierta influencia de Juego de Tronos. No se trata de toda la sangre o de las vísceras que llenan la pantalla en determinados momentos, sino que hasta en el segundo capítulo se puede ver a Garra, la espada que el Lord Comandante Mormont lega a Jon.

La elección de los dobladores su verión original no puede ser más acertada. Trevor Belmont, el cazador de vampiros, tiene la voz Richard Armitage, Thorin en la trilogía de El Hobbit. Alucard, el hijo de Drácula puede sonar al doctor Gaius de Battlestar Galactica, James Callis. Graham McTavish, otro actor de la trilogía de El Hobbit de Peter Jackson interpretando a Dwalin, pone voz a propio Drácula.

A esta Castlevania se le achaca su corta duración como su principal pero. Tan solo cuatro capítulos de algo menos de 25 minutos en los que se deben presentar a los personajes y desarrollar una trama que se queda a medias. Otros tres o cuatro episodios hubieran redondeado una daptación excelente que ya tiene confirmada una segunda temporada. Así el cliffhanger del final se mueve entre la genialidad y la frustración de quiénes se quedan con ganas de mucho más.

Los dos primeros capítulos se centran en presentar a Drácula y Trevor Belmont (último de su familia) y pasa de puntillas por Sypha, la hechicera que completa el trío principal. A Alucard tan solo le vemos unos pocos minutos en pantalla y, aun así se vislumbra la personalidad del personaje al que yo simpre he asociado con Castlevania.

Trevor Belmont.

A pesar de todo, la personalidad de Belmont, protagonista de esta adaptación está perfectamente dibujada: descreído, cínico, con un excelente humor negro. Lo que sí resulta precipitado es su cambio de opinión: de pasar de todo a erigirse en defensor del pueblo y heredero del legado familiar.

Los lazos del linaje, la responsabilidad y su enfrentamiento con la Iglesia son los dos aspectos que comparte tanto con archienemigo Drácula como con Alucard, el hijo del Conde. Y, a pesar de todo, no es suficiente para que reine la calma entre el vampiro y el protagonista de Castlevania.

Sypha

La falta de personalidad en el estilo del dibujo y una animación mejorable - en la fluidez de los movimientos, por ejemplo- son otros de los reproches que algunos achacan a Castlevania. Adjudicar un 'estilo' específico resulta realmente complicado ya que los videojuegos han pasado de lo clásico a una estética anime. Además, todo desprende un cierto halo 'purista' que se agradece.

Ah, y a pesar de que sea una serie animada no es para niños. De hecho, la propia Netflix la ha calificado como 'Rated-R as fuck', algo así como 'algo así como jodidamente para adultos'. La platafoma ya lo avisa en cada uno de los episodios.

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