El Norte de Castilla

Carlos V vuelve a Valladolid
/ Un momento del rodaje el pasado sábado en el Museo Nacional de Escultura. A. Minguez

Carlos V vuelve
a Valladolid

  • El equipo de la serie ‘Carlos V: los caminos del emperador’ rodó el pasado fin de semana en el colegio de San Gregorio con 120 extras

Ya fue el rey Pedro I, pero esta es la primera vez que el actor Mario Zorrilla se mete en la piel de un emperador. Con barba y tic prognático encarna a Carlos V en una serie que emitirá RTVE el próximo año, cuando se cumplen cinco siglos de su llegada a España. El pasado fin de semana, el equipo de ‘Carlos V: los caminos del emperador’ paró en el Museo de Escultura, concretamente en el claustro de San Gregorio y en la capilla de San Pablo.

La serie constará de cinco capítulos y las escenas rodadas ayer corresponden a los tres últimos. «En los primeros contamos la llegada de Carlos V a Tazones, de allí el viaje por Reinosa, Aguilar, hacia Valladolid», explica Juan Frutos el director. «En los siguientes es el segundo y último viaje del emperador hasta Yuste. Mario Zorrilla es el actor que lo interpreta», dice quien presentó hace diez años este proyecto a TVE. «Es una locura personal, no pensé que podríamos hacerlo así ficcionando con actores profesionales e integrando testimonios de historiadores». Entre estos últimos está el profesor de la UEMC Carlos Belloso quien recuerda el importante papel de Valladolid en la vida del emperador: «Es la ciudad en la que más tiempo pasa, algo más de tres años. Aquí se corona el 7 de febrero de 1518. Había llegado en noviembre de 1517 a Tazones. También es el rey cuya vida está más documentadas, llevaba cronistas con él». Carlos V llega con su séquito flamenco y empieza a repartir cargos entre ellos, lo que le enfrenta a los nobles castellanos. La ceremonia de coronación tuvo lugar en San Pablo, pero el rodaje fue en la capilla. Asistieron 58 nobles, los procuradores en cortes y el estamento eclesiástico que tuvo que ver cómo Adriano de Utrecht oficiaba la primera misa del rey en su tierra. Ese público es encarnado por varias agrupaciones de aficionados que participan en las recreaciones históricas de Renedo, Tordesillas, Medina o Mojados. «Que no es disfraz sino traje», reñía un figurante a otro. «Para un minuto a veces nos tiramos cinco horas así que hay que darles las gracias por su paciencia», decía Juan Frutos. Mientras, los visitantes del museo convivían con el rodaje. El ‘set’ renacentista está acostumbrado a las cámaras, nada menos que la de Welles y la de Val del Omar.