Stranger Things: Los ochenta en los tiempos de Twitter

Stranger Things: Los ochenta en los tiempos de Twitter

  • La sensación del verano ya tiene una segunda temporada confirmada, que se fijará en Indiana Jones y Cazafantasmas y será «más oscura y extraña»

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Nacimos en los setenta... o en los ochenta, no importa. Los primeros vieron aquellas maravillosas películas llenas de imaginación y de efectos cutres en el cine, los segundos lo hicieron ya en la televisión, como los hermanos Duffer, los responsables de 'Stranger Things'.

En la coctelera un niño desaparecido en un pueblo de la américa profunda, el proyecto MK-Ultra, sus amigos, algo de aventura y mucho misterio además de un torrente de nostalgia. Esos son los ingredientes y las bazas con las que cuenta 'Stranger Things', la serie revelación del verano. Un éxito sin paliativos con el público y la crítica rendidos a sus pies. Y sí, existen excepciones a esta unanimindad pero son realmente escasas.

Ocho capítulos de unos 50-60 minutos de duración que se pasan volando y una trama sencilla. (Spoilers) Will, un niño de 11 años desaparece a principios de noviembre de 1983 en Hawkins (Indiana). Al mismo tiempo, una misteriosa niña llega, vestida con bata de hospital, a una hamburguesería a escasos kilómetros de donde Will abandonó su bicicleta, en un lugar que él y sus amigos llaman Mirkwood (como el Bosque Negro de El Hobbit) una de las decenas de referencias que contiene la serie.

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A partir de ese punto de partida la trama se desarrolla sin giros tramposos o dobles sentidos y orbita entre el terror al más puro estilo de los ochenta y la aventura 'infantil' entendida desde el punto de vista de 'Los Goonies', 'E. T.' o 'Cuenta Conmigo'. Todo un homenaje a una década, la de los ochenta, en la que no se hablaba por los móviles sino por 'wakie-talkie' y en el que los teléfonos de casa tenían cable. Una nostalgia que toma como referente a las cintas de Spilberg y al suspense de Stephen King, al más claro, al más sencillo, al más 'clásico'. Porque en 'Stranger Things' las cosas funcionan porque no se complican. La dimensión pararela descubierta por una agencia del Gobierno asentada en el pueblo y el terrible secreto que guarda: el del monstruo que se escapa y necesita alimentarse. ¿Y cómo bautizan al mostruo? Sencillo: Demogorgon, el príncipe-demonio de 'Dragones y Mazmorras'.

Los niños protagonistas: Mike Wheeler (Finn Wolfhard), Dustin Henderson (Gaten Matarazzo) y Lucas Sinclair (Caleb McLaughlin) junto al desaparecido Will Byres (Noah Schnapp) se pasan las horas muertas jugando al primer juego de rol comercial, precisamente 'Dragones y Mazmorras'. Este es el hilo conductor de gran parte de la serie y describe a la perfección el espíritu, tanto de 'Stranger Things', como el de sus personajes infantiles.

La desaparición de Will y la llegada de Jane Ives, más conocida como 'Eleven' (Mille Brown) convierten a este grupo en los nuevos Goonies. Los recuerdos de aquellas tardes interminables con una bici y una mochila como compañeros. Esas tardes en las que quedar con los amigos al salir del colegio. La amistad infantil que parece eterna e indisoluble. Todos hemos sentido eso alguna vez y con esos sentimientos juega 'Stranger Things' de manera magistral.

El argumento resulta demasiado sencillo y, por lo tanto, previsible para unos espectadores demasiado acostumbrados al 'engaño'. Y sí, 'Stranger Things' usa los 'cliffhangers' con maestría, pero no engaña a nadie. Tampoco produce especial terror. El miedo que promueve es tan clásico, se ha visto tantas veces, que resulta muy complicado asustarse. Sus referencias a 'Poltergeist', 'Alien', 'El Resplandor' o 'La Cosa', son evidentes y reconocidas por sus creadores.

Adolescentes y adultos

Entre los personajes mayores nos encontramos con los adolescentes. Nancy (Natalia Dyer), hermana de uno de los mejores amigos de Will: la estudiante perfecta, la chica guapa, la buena, la mojigata, la que quiere vivir nuevas experiencias junto a su noviete Steve (Joe Keery): el más guapo, el más popular, el más deseado... el más idiota. Por el camino se cruza Jonathan (Charlie Heaton), el hermano de Will que busca desesperadamente a su hermano para, entre otras cosas, su madre no acabe en un manicomio. Él es el chico raro, el independiente, al que no importa el que dirán, el artista, el diferente. Y está Barb (Shannon Purser), claro, la mejor amiga de Nancy, la fiel, la que jamás abandona, la que ha despertado una ola de reconocimiento en Internet. «Eres un auténtico cliché, ¿lo sabes?», le dice Nancy a su novio malote en el capítulo 3. Y sí, lo sabemos, todos lo son y por eso nos gustan.

Y los adultos. Ahí está la sufridora Joyce (Winona Ryder), la madre de Will. Otra inadaptada, como sus hijos, que busca desesperadamente al niño hasta el borde de la locura. Siendo sinceros el pueblo entero piensa que está desequilibrada, es lo que parece, lo evidente. La madre coraje capaz de desafiar hasta a la razón por encontrar a su hijo, de ignorar al mayor, de gastarse su sueldo en luces de Navidad para comunicarse con el 'otro lado' para 'parir' una de las escenas visualmente más bonitas de la serie.

También vive en Hawkins, Jim (David Habour) un poli de ciudad que hace unos años se fue al pueblo y, desde entonces, vive con aparente tranquilidad mientras se tortura por la muerte de su hija que ahoga en alcohol. Parece el típico 'sheriff' de pueblo que prefiere ignorar las evidencias que apuntan a un hecho sobrenatural en la desaparición de Will pero se destapa como un auténtico buscador de la verdad y la justicia y todo un 'destroyer'. El apoyo más fiable de Joyce.

En el otro lado de la balanza se encuentra el doctor Martin Brenner (Matthew Modaine). El médico encargado del proyecto ultrasecreto de la CIA, el creador de 'Once', el malo de la película que busca que el terrible secreto que encierra la base de Hawkins permanezca así: secreto.

Y así se llega al final y lo que parece evidente puede que no lo sea tanto. Detalles que apuntan a una conexión entre el Demogorgon y Once. Jim dejando unos gofres (la comida favorita de Once) en el bosque una vez que se supone que ella se ha sacrificado para matar al monstro. Un 'teáser' que deja caer que la criatura sigue viva... en fin. Una espera que, esperemos, merezca la pena porque la nostalgia tiene un límite y en su segunda temporada 'Stranger Things' no contará con el factor sorpresa. Que no cambie de espíritu y se vuelva tramposa.

* Referencias varias