Alicia Soto, en el estreno absoluto de ‘Estudio 3 Miradas’, ayer, en Ciudad Rodrigo.
Alicia Soto, en el estreno absoluto de ‘Estudio 3 Miradas’, ayer, en Ciudad Rodrigo. / José Vicente.

La escena añora la igualdad

  • La Feria de Teatro abre el debate a la visibilidad de la mujer dentro de las artes escénicas

En el año 2007 un estudio sobre las artes escénicas en Francia respondió a una pregunta muy concreta: ‘¿Dónde están las mujeres?’ Quizá muchos hubieran preferido ni siquiera conocer la respuesta pero lo cierto es que el resultado fue demoledor y vino a decir algo así como que esa presencia era inexistente si se atiende a que tan solo un 5% de los puestos de responsabilidad, bien sea de dirección o de dramaturgia por poner solo dos ejemplos, estaban ocupados por mujeres.

En Aragón, durante un año, se hizo un estudio de similares características y la cifra se elevó hasta otro insignificante 10% y aunque se desconocen los datos exactos de otras comunidades o la propia estadística nacional, «creemos que es una tendencia», manifestó Fernando Vallejo, de la asociación Clásicas y Modernas, que participó ayer en la Feria de Teatro de Castilla y León en un café-tertulia sobre las mujeres en las artes escénicas.

El objetivo de ese colectivo es promover la igualdad entre hombres y mujeres en la creación y en la propiedad intelectual y a través de una plataforma de Mujeres y Hombres (MYH) implicar a otras entidades en el cumplimiento de esa ley orgánica que habla sobre la igualdad entre los hombres y las mujeres, a través de diferentes iniciativas como un convenio en el que los firmantes se comprometen a incrementar la presencia femenina en los próximos tres años en el ámbito concreto de las artes escénicas al que afecte. Una invitación que se hizo a la propia Feria de Teatro de Castilla y León y que tendrá que madurar.

Insiste Vallejo en que el objetivo es el de «tratar de promover la visibilidad y la sensibilización» en las artes escénicas de la mujer y aunque «no tenemos la esperanza de que haya un vuelco mañana, sí queremos contagiar», señala.

Otra de las realidades que ponen encima de la mesa tanto Fernando Vallejo como Margarita Reiz, presidenta de la asociación Marías Guerreras, es que a nivel de ayudas y subvenciones, «los proyectos que lideran mujeres se apoyan en menor proporción» y, en opinión de Vallejo, «ese ya es un punto extra fantasma», es decir, que no aparece por ningún sitio pero que provoca que los proyectos capitaneados por mujeres «partan ya con ese peso que es un lastre».

Los representantes de estas asociaciones cuentan ejemplos muy concretos y uno de ellos lo ven en el Centro Dramático Nacional, entidad que ha firmado ese convenio de igualdad y donde, según ellos, no se habían estrenado más que tres o cuatro dramaturgas: «Es una costumbre, una cosa establecida».

Ese convenio de igualdad o de paridad es, en definitiva, un sistema de cuotas, «un mal necesario», afirmó Vallejo, «a las puertas de 2017, esto es algo que debería estar hablado hace mucho tiempo, los hombres y las mujeres no son ni mejores ni peores y ojalá que algún día se normalice y no haya que pedir cuotas, pero para eso queda mucho».

Otra cuestión que quedó recogida y a la que contribuyó el público asistente es que hay temas que por el simple hecho de llegar promovidos por mujeres tienen un carácter social y si esa promoción es de los hombres, es cultura. Dicho de otro modo: en ocasiones las mujeres se encuentran que van con un proyecto a una sección de cultura y las piden que vayan a servicios sociales y tal y como se escuchó en la sala: «si en cultura tienen poco presupuesto, en servicios sociales, menos».

Algunas situaciones parecen surrealistas, como que en el Día de la Mujer o en el Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer se encuentren «saturadas», como dijo Margarita Reiz, «y el resto del año a buscarte la vida». Lo curioso del caso es que las llamadas que reciben para actuar en esas fechas no son a través de programas de cultura sino de igualdad que «no tienen dinero y te piden que vayas gratis o muy barato».

En la sala se apostó por una «revolución» y por trabajar en «tópicos e inercias que cuesta romper» porque «empezamos con las leyes pero después hay que cambiar las mentalidades, es una tradición que las mujeres no estén en lo público, y si en todas las cosas hay desigualdad, en el teatro más», asegura el hombre. Parece ser que «lo habitual es que una mujer pueda dirigir porque se ha montado ella el barco cuando hay muchos hombres que están dirigiendo con dinero público», añadió Fernando Vallejo.

Ganar las lentejas

Junto con estas dos asociaciones que defienden el papel de la mujer en las artes escénicas habría una tercera: Nora, Igualdad en las artes escénicas y la cultura, que también es muy representativa en la defensa de estos objetivos concretos.

La más antigua de todas es la de Marías Guerreras, que lleva 15 años trabajando «para dar visibilidad al papel creativo de la mujer». A pesar de centrarse en este ámbito participan, igualmente, en conferencias, mesas de trabajo o editan libros y está integrada por profesionales de las artes escénicas. «Todas trabajamos en lo que podemos dentro de este sector para ganarnos las lentejas», matizó Margarita Reiz.

También giran con sus propios trabajos pero «no como un motivo para vivir, no es una empresa, es más bien un laboratorio».