«Hay muchos teóricos legitimados que no conocen el oficio del teatro»

José Manuel Mora, nuevo director de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León. / Otazo

El nuevo director de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León, José Manuel Mora, toma el relevo de Carlos Marchena con un proyecto continuista y con la intención de ajustar «el perfil del docente a la materia que imparta»

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

El tercer director de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León (ESADCyL) en once años cumple su primer mes en el cargo a lomos de una transición tranquila, muy lejos de la polvareda que hubo de soportar su antecesor Carlos Marchena en su estreno. Cuatro años han pasado desde aquellos 50 días de encierro de alumnos enojados por los recortes, y el centro respira otro aire.

José Manuel Mora (Sevilla, 1978) aterrizó en 2008 como profesor en el auditorio Miguel Delibes, y desde entonces se ha empapado de todo lo que rodea a la Escuela, asumiendo las relaciones internacionales y la secretaría en el último año.

Aún en pleno proceso de definición, su proyecto mantiene la senda marcada por Marchena en lo que al Siglo de Oro y las nuevas dramaturgias se refiere, y apuesta por recuperar las Humanidades y reforzar la calidad de la enseñanza. Obsesión es lo que reconoce tener por dar un impulso a la calidad.

Los cargos que venía ostentando nada tienen que ver con la dimensión que cobra la de director, ¿ha notado ya el peso?

–Yo vengo haciendo lo mismo, que es trabajar cada día. No noto aún el peso del cargo porque creo que lo más importante es ir cumpliendo los objetivos que se marcan en el día a día. En ese sentido, la transición ha sido modélica, muy armónica y con mucho diálogo tanto con Fuescyl como con Carlos Marchena, el antiguo director. Por lo tanto, no ha sido nada traumática.

¿Su proyecto es continuista o renovador?

–Creo que hay un gran error. Con los cambios, el director que llega siempre tiende a querer hacerlo todo nuevo. Y no estoy de acuerdo con eso. Creo que tanto el primer director, López Antuñano, como Carlos Marchena han hecho cosas buenas. Han colaborado en la construcción de un proyecto y mi función es continuar con ese proyecto. Con muchas críticas, sin duda. Con aspectos que creo que hay que mejorar, con aportaciones de lo que es mi visión de la enseñanza, pero a partir de un trabajo ya hecho. Es un relevo. No voy a hacer lo mismo porque no tendría sentido, pero sí voy a mantener y potenciar lo que creo que se ha hecho bien.

¿Cuál es el sello que quiere dejar a su paso en la dirección?

–Hay dos pilares que son fundamentales para mí. Por un lado la formación humanística, que viene a representar un núcleo de resistencia en un mundo que está cada vez más tecnificado. Rescatar las enseñanzas de Humanidades es una de mis obsesiones. El teatro debe ser el espejo donde poder mostrarnos a nosotros mismos ese proceso, y esto supone de alguna manera un lugar de resistencia con respecto a un mundo en el que lo humano ha sido vendido. En mi visión sí está rescatar de las enseñanzas del teatro la parte más humana, las emociones y conflictos del ser humano. Luego, por otra parte, está la formación práctica. O sea el oficio. Aquí sí creo que hay un vínculo con el mundo profesional que hay que restaurar. La Escuela tiene que establecer lazos con el sector profesional de la ciudad y de la Comunidad. Para mí la visión de una escuela es la de un invernadero, hay que cultivar semillas que germinen en un futuro y donde tienen que germinar es en el escenario. Me gustaría fortalecer puentes creativos con espacios como el LAVA, el Teatro Calderón, el TAC, el Museo Patio Herreriano,... Podemos proveerles de muchas semillas. Creo que la Escuela ha de ser un invernadero en el que con mucho amor y sin buscar beneficios a corto plazo, se cultiven las semillas que germinen en el futuro.

«Faltan maestros que reflexionen a partir de su experiencia» josé manuel mora

¿No se habían trazado hasta ahora ese tipo de puentes?

–Siempre se han hecho acciones, pero a veces el día a día hace que pierdas una visión panorámica. No es lo principal, porque lo principal es buscar la excelencia en la parte humanística y del oficio, pero sí creo necesario buscar vínculos con espacios para mostrar públicamente trabajos que estén suficientemente maduros. En este sentido, también se pueden establecer sinergias y crear espacios comunes para aprovechar acciones.

Usted ha trabajado en los últimos tiempos en las relaciones internacionales de la Escuela, ¿cobrará un mayor peso en el día a día del centro?

–Sí. En noviembre, por ejemplo, nos visitarán los profesores del Máster de la Universidad Católica de Lovaina, Jonathan Chatel y Pierre Pire, para impartir un seminario. Por eso digo que el trabajo de estos señores puede resultar interesante para el TAC o para el LAVA, y ahí es donde se pueden crear puentes de colaboración, también para aprovechar los recursos. Creo que la figura del director debe ir generando encuentros a modo de Celestina.

¿Cuáles son bajo su punto de vista los principales problemas que sufre la enseñanza artística?

–Pues tiene un problema gordo. La educación en general ha sido muy golpeada, porque nunca ha habido un proyecto de Estado. En nuestro sector, en concreto, y algo que no sucede en otros países, creo que el sistema ha venido alojando a muchos teóricos legitimados por sus tesis doctorales pese a desconocer la realidad del teatro. En muchos casos no conocen el oficio. Es decir, personas que nunca hayan conocido a un maestro en la dirección de actores como William Layton, pero sí haya hecho una tesis sobre William Layton, pueda ocupar un lugar en la enseñanza. Personas que se hayan especializado en metodología de la bicicleta o semiótica de la rueda sin saber montar en bicicleta. Creo que es un problema general en este país, y yo lo he vivido como alumno y luego también dentro de la estructura.

¿Tiene José Manuel Mora la fórmula?

–No digo que lo vaya a arreglar José Manuel Mora, pero desde luego lo voy a pelear. En esta Escuela no pasa tanto, porque tenemos un sistema que permite que profesionales de la escena pueda compartir su tarea profesional con la docencia.

Mora, en la sede de la Escuela en el auditorio Miguel Delibes. / Otazo

¿Se van a convocar nuevas plazas?

–Se ha abierto una convocatoria para un profesor de escritura dramática y otro de movimiento escénico y es posible que tengamos que echar mano de la bolsa de empleo para una o dos plazas más. Y aquí hay que exigir experiencia. Al no tener un régimen funcionarial nos permite un diálogo constante con los profesionales del teatro. Esto no es una crítica a los teóricos, ni mucho menos, sino un llamamiento a profesores que tengan una experiencia y algo que contar en teatro. Para mí es importante estimular la creatividad y el pensamiento crítico a partir de una reflexión de la experiencia, y no establecer plantillas creativas de corta y pega.

Su antecesor, aunque supeditado por los recursos, habló en su día de avanzar en las nuevas tecnologías. ¿Es también su caso?

–No. De su proyecto recupero dos líneas que me parecen potentes. Una es el siglo de Oro, que me parece que está en el ADN del teatro, y luego las nuevas dramaturgias. Y esa línea de nuevas tecnologías es lo que menos se ha avanzado por la necesidad que requiere de recursos. Pero no se trata solo de que haya dos líneas, sino de que salgan también autores.

¿Los alumnos optan solo por ser actores hoy día? ¿Hay escasez de dramaturgos y directores de escena?

–El porcentaje entre unos y otros es importante. Pero es una labor también de la Escuela dar a conocer en qué consiste ser dramaturgo, en qué consiste dirigir teatro. No hay programas divulgativos de todo esto. Esto es una cadena y hay muchos factores. Y el deseo de todos los alumnos ahora es ser famoso a toda costa. Hay también una falta de lecturas, y en este sentido es una responsabilidad de todos porque el paisaje es el que tenemos.

Cuénteme como guinda qué proyectos ‘imposibles’ tiene en la cabeza.

–Pues tengo intención de crear una compañía de alumnos egresados de la Escuela, por ejemplo. Luego, con tiempo, me gustaría convocar a jóvenes dramaturgos de Castilla y León y a directores para proponerles un proyecto en torno a la figura de Miguel Delibes. Repensar algunos de sus textos para llevarlos a escena. Pero solo son ideas, hay muchas otras prioridades antes.

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