Teatro y danza encuentran acomodo en el mundo rural

Alfonso Pindado, promotor de un nuevo espacio escénico en Aveinte (Ávila), con la obra al fondo.
Alfonso Pindado, promotor de un nuevo espacio escénico en Aveinte (Ávila), con la obra al fondo. / Efe

Alfonso Pindado construye un espacio escénico en un pueblo de Ávila de apenas 84 habitantes. El fundador de las salas Cuarta Pared y Triángulo confía en abrir sus puertas al teatro y la danza en el verano de 2018

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Fundó en 1985 en Madrid la emblemática Cuarta Pared en busca de una mayor intimidad entre el actor y los espectadores. Primer parto. Tres años después abrió la sala Triángulo para dar una vuelta más de tuerca a esa misma idea y con la intención de incorporar una ventana como soporte de las nuevas tendencias. Segundo alumbramiento. En el año 2000 se fue hasta Vejer de la Frontera (Cádiz) para poner a andar otra sala, Espacio Kuatro, con el sueño de formar una compañía estable de teatro. Tercer nacimiento. No hace tres años que optó –con el cierre de la sala Triángulo– por montar un nuevo teatrillo en Lavapiés que todos convinieron en denominar ‘la Petri’ (Pequeño Triángulo). Cuarta paternidad, considerada por él mismo como desliz –«me arrepentí poco después de terminarla y llegué a un acuerdo con Espacio en Blanco para que se lo quedaran», explica–.

Especialista en parir espacios escénicos, Alfonso Pindado (Aveinte, Ávila, 1953) está camino de su quinta criatura, inmerso como está en la construcción de una nueva cuarta pared en el pueblo que le vio nacer. En medio de la nada. En un entorno idílico, eso sí, que pretende revitalizar levantando un centro polivalente que sirva de lugar de ensayo para compañías de teatro y danza y, por qué no, para acoger representaciones. «La idea sigue siendo la misma con la que nacieron tanto la Cuarta Pared como la sala Triángulo. Esa cercanía entre actores y el público hace que el teatro se perciba con una mayor intensidad», apunta Pindado, emprendedor desde hace más de treinta años. Fue él quien dirigió el Festival de Teatro Alternativo de Madrid durante veinticinco años, llegando a coordinar hasta 35 salas en la capital, y es él quien se lanza ahora al ruedo para crear un centro cultural en un pueblo con 84 habitantes censados. Aveinte –municipio situado a veinte kilómetros de la capital abulense– es su lugar de nacimiento y también uno más de los pueblos de Castilla y León que luchan contra la despoblación, caso de otros pueblos de la zona como Villaverde, ya deshabitado, o Muñoyerro. «En mi caso yo me hice mi casa en el pueblo hace treinta años, y ya entonces empecé a pensar en este proyecto. La idea de crear un espacio cultural ha rondado en mi cabeza todos estos años, y es ahora cuando he visto la posibilidad de llevarlo a cabo», comenta AlfonsoPindado, innovador infatigable que niega que se canse de sus propios proyectos con el paso del tiempo. «No me canso de ellos, simplemente creo que está bien cambiar, así que los dejo caminar solos».

La obra comenzó el pasado 20 de agosto y tiene previsto concluir en diciembre. / El Norte

«Los genios como Picasso encontraban, no buscaban, y yo también me dejo llevar para encontrar esa evolución que siguen las cosas». En el proyecto que le ocupa desde el pasado 20 de agosto, el objetivo no persigue mayor ambición que convertirse en lugar de encuentro de compañías teatrales y de danza, y tal vez algún día colarse en una programación ya rodada, caso del FETAL, o celebrar un festival propio de teatro alternativo. «No nace con una idea comercial, sí con un objetivo funcional. De hecho todo el proyecto está canalizado por el Instituto de Teatro Contemporáneo, una asociación creada en el año 2001 por un grupo de amigos, explica el mecenas de un espacio que cuenta con un presupuesto de 130.000 euros y que confía en ver la luz en verano de 2018. Los pocos ahorros que supone trabajar entre bambalinas y su reciente jubilación han ejercido de resorte para acometer este proyecto.

Espacio polifuncional

La estructura del centro se cimenta ya sobre un plano de 350 metros cuadrados, de los cuáles 220 irán destinados a la planta baja y otros 130 para la de arriba, destinada a ensayos y representaciones teatrales. «No está cerrado únicamente a teatro y danza porque podemos acoger una presentación de un libro, conferencias o una mesa redonda. De hecho el Instituto de Teatro Contemporáneo, que es quien canaliza legalmente este espacio, registra en sus estatutos todas las artes», apunta Pindado, quien inició su relación con la escena casi por casualidad después de especializarse en decoración. «Fue un buen día que faltaba un actor para completar la obra y gusté. Yo ya tenía 27 o 28 años, y entonces ya completé todo el recorrido, pero había estudiado artes y oficios con especialidad en decoración porque quería pintar».

Desde entonces ha hecho de todo en la profesión, incluido vender entradas y dirigir una treintena de obras. «Empecé a escribir y a pintar pero me dí cuenta rápido de que era un desastre. Con la pintura no llegaba y sin embargo el teatro me ha permitido vivir», asiente.

Pindado es un ejemplo más de esos promotores que, cansados de la gran urbe, vuelven al medio rural en busca de paz y tranquilidad, y casi sin quererlo acaban de paso convirtiéndose en esperanzas contra la despoblación. «De alguna manera esta vuelta al campo es un ejemplo para que otros sigan el mismo camino. Tampoco pretendo ser ejemplo de nada, pero muchas veces comento con la gente que vive en Ávila que nosotros estamos a doce minutos y tenemos una serie de privilegios que no tienen ellos, por supuesto tampoco los que viven en Madrid», arguye. A partir del próximo verano, muchas de esas compañías que patean Madrid a la caza de un espacio en el que poder ensayar tendrán la posibilidad, a un puñado de kilómetros, de utilizar un espacio perfectamente equipado.

El propio Alfonso Pindado conoce perfectamente los problemas que entraña la profesión, no solo por las experiencias que ha acumulado a lo largo de los últimos cuarenta años sino también por las que le han proporcionado dos de sus criaturas, las salas Cuarta Pared y Triángulo.

Una trayectoria que le ha permitido vivir pero también le ha servido para abrir una ventana al teatro alternativo –tesis incluida– que han derivado en este proyecto tan ilusionante como sentimental para él. «Me he ido acercando al pueblo, a mi casa, a mi pequeña huerta, y ahora podré tener mi espacio escénico». Allí. En medio de la nada. A tiro de piedra de una villa romana, muy cerquita de un cementerio celta,...

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