«Tengo el corazón en Cataluña, pero es como preguntar si quieres más a papá o a mamá»

Silvia Marsó, en una escena de la obra basada en la novela de Stefan Zweig. /El Norte
Silvia Marsó, en una escena de la obra basada en la novela de Stefan Zweig. / El Norte

Silvia Marsó protagoniza y produce la obra ‘24 horas en la vida de una mujer’, basada en la novela de Stefan Zweig, que incluye una orquesta de cámara y que se representa en el Teatro Carrión

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Un viaje a París tuvo la culpa. Allí se quedó prendada de un texto de Stefan Zweig llevado al teatro y se prometió hacerse con los derechos para traérselo a España... aunque fuera a costa de producirlo en solitario. Dos años después no solo lo ha conseguido sino que ha convertido aquel texto del escritor judío, crítico con la intervención de Alemania en la II Guerra Mundial, en musical, conjugando todo el drama que encierra un texto desgarrador con la danza y una pequeña orquesta de cámara.

‘24 horas en la vida de una mujer’ triunfó entonces en Francia y desde agosto se encuentra inmersa en una gira que este viernes 29 de septiembre hace parada en el Teatro Carrión (20:30 horas). Y lo hace con Silvia Marsó (Barcelona, 1964) en el escenario, pero también detrás de él. A lo largo de la conversación hasta en tres ocasiones confiesa sentirse bloqueada. La primera, como actriz aquella vez que vio el texto de Zweig en escena. La segunda, en su condición de productora por todo el daño que ha hecho –y sigue haciendo– el IVA cultural. Y la tercera, como ciudadana nacida en el Poble Sec y perpleja por los límites que se han traspasado en Cataluña.

Hasta la fecha había compartido producciones y de la noche a la mañana se lanza a debutar en solitario ¡con un musical! ¿Demasiado riesgo?

–No sé si es valiente o arriesgado. Desde luego sí es una apuesta por la cultura y también por la innovación. Primero, porque es un texto de Stefan Zweig en el 75 aniversario de su muerte, y no se había planteado nada en este país sobre esta figura literaria tan importante, también porque nunca se había hecho en castellano, y luego por el hecho de volver a hacer un musical.

Dieciséis años han pasado del último, todavía hay quien recuerda aquel ‘Te quiero eres perfecto... Ya te cambiaré’ que logró un Premio MAX en 2001. ¿Tanto echaba de menos cantar sobre un escenario?

–Es verdad que estaba buscando hacer un musical, pero también que no podía ser cualquier cosa por el mero hecho de volver a cantar. Quería que fuera un texto interesante. Y me apetecía mucho cantar porque no hay muchas oportunidades en este país, salvo las grandes franquicias, y quería iniciar un camino. Y mira, me he lanzado con un musical que tiene una música increíble y maravillosa, y en el que todos están a un nivel increíble. Desde los adaptadores franceses hasta el director Ignacio García y mis compañeros Felipe Ansola y Víctor Massán.

«Me apetecía mucho volver a cantar, pero no podía ser culalquier texto, quería que fuera algo interesante»

No sé si es más exigencia o masoquismo, pero no es actriz que acostumbre a elegir lo primero que llega a sus manos. ¿Es demasiado selectiva con los trabajos que afronta?

–[Ríe] Sí, es verdad que me gusta el más difícil todavía y creo que con este proyecto me he superado a mí misma. Es una apuesta muy arriesgada pero muy gratificante que está obteniendo unos buenos resultados en estos primeros meses en escena.

¿Qué es lo que más sorprende al público?

–La gente sale contenta de la función y sorprendida por cómo se puede aunar una orquesta de cámara con un texto tan intenso en un espacio teatral.

De la amistad que Zweig alimentó durante años con Sigmund Freud no podía salir otra cosa que textos muy empapados en lo psicológico y personajes sesudos y profundamente emocionales. En este texto en concreto lanza al espectador, entre otras, una reflexión sobre los caminos imprevistos que nos marca la vida. ¿Se ha detenido alguna vez a pensar qué hubiera sido de Silvia Marsó de no haber entrado tan joven en el Instituto de Teatro de Barcelona?

–No. No me lo he planteado porque siempre lo he tenido muy claro. La vida te lleva por unos caminos mientras tú te empeñas en buscar otros. Es aquella frase que decía John Lennon de que ‘La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes’. En mi caso tuve claro desde los diez años que mi camino era la interpretación. Decidí ser actriz cuando ví ‘El espíritu de la colmena’, de Víctor Erice, y que interpretaba Ana Torrent cuando era una niña. Yo también era una niña y aquello me cautivó. Me produjo algo especial que me hizo pensar que lo que yo quería hacer era el mundo de la interpretación. Por eso llevo estudiando y preparándome desde los catorce años y trabajando de manera profesional desde los diecisiete.

Lo que usted no eligió fue nacer en el Poble Sec, algo que sin duda imprime carácter. Ahí tenemos su caso pero también el de Joan Manuel Serrat, inmerso estos días en la polémica suscitada por el referéndum. ¿Comparte la opinión de su vecino de barrio?

–Tengo que reconocer que soy muy de ‘Nací en el Mediterráneo’, pero si hablamos de Cataluña, este es un tema por el que me siento bloqueada. Tengo el corazón en Cataluña porque es mi tierra, pero es como preguntarle a un niño si quiere más a su padre o a su madre.

«En cualquier país del mundo, los responsables se sentarían para dialogar y solucionar el tema de Cataluña»

¿Le da miedo posicionarse por las reacciones que se están suscitando a uno y otro lado de la orilla?

–No. Primero porque vivo en Madrid, pero.... [silencio prolongado].

¿Le incomoda la pregunta o el tema en sí?

–No sé. Es complicado. Lo que está claro es que hace falta diálogo porque no es normal que un país pierda algo suyo de un día para otro sin que todas las partes se escuchen unas a otras. Algo está pasando. Las informaciones que se leen o escuchan en Cataluña no se ven en el resto de España. Hay algo de manipulación por ambas partes que hace que una persona como yo, que me siento catalana, se sienta bloqueada. En cualquier país del mundo, ante algo semejante como lo que estamos viviendo, los responsables se sentarían a dialogar para intentar solucionar el problema.

Si se siente bloqueada ahora, imagine si mañana tiene que decidir entre actuar en Cataluña o en el resto de España...

–Bueno, no lo quiero ni pensar. Espero que ese extremo no llegue.

En su día sí reconoció tener problemas para actuar en Cataluña.

–Bueno, es algo que ocurre con la gente que salimos de Cataluña. No creo que haya otros motivos más profundos. Le pasó a Mercedes Sampietro o a José María Pou.

Usted se ha hecho también con los derechos de este musical en catalán.

–Sí. Este año la gira viajará por toda España, con la idea de que vaya el próximo año a Cataluña. Espero que sea así. Vivimos tiempos muy convulsos que no sabemos adonde nos van a conducir. No sé, es un tema muy delicado que... [nuevo silencio prolongado].

«Los actores que salimos de Cataluña tenemos problemas para volver a actuar, pero es algo que también le pasó a Pou o Mercedes Sampietro»

Vayamos, entonces, con el otro tema que le deja bloqueada. En su condición de productora ha sufrido en carne propia la subida del IVA al 21 por ciento e imagino que se congratula ahora de la bajada al 10%.

–¡No sabes cuánto! Era muy necesaria la bajada porque vivíamos una situación insostenible. Y aun bajando el IVA, los que más beneficiados van a salir son los espectadores porque nosotros vamos a seguir pagando el 21 por todo lo que se necesita para hacer una producción, materiales y demás.

Avergüenza decir esto en el siglo XXI, pero ser mujer es una dificultad añadida en el mundo empresarial.

–Es verdad. Aún hay mucho machismo en esta sociedad, aunque no tanto en el sector teatral donde los grandes personajes que se han escrito a lo largo de la historia siempre han sido para mujeres.

No abundan las productoras.

–No. No abundan, pero hay ejemplos y en mi caso lo hago porque hay que tomar las riendas. He conseguido, además, que en mi productora haya paridad positiva con más mujeres que hombres. Estoy muy orgullosa. Es verdad que las mujeres tenemos una capacidad de sacrificio mayor que los hombres. Y una constancia y tesón que, en mi caso, no me faltan gracias a Dios.

En cierto modo Zweig le da la razón con su obsesión por los personajes femeninos, no tanto por las biografías que escribió de María Estuardo y María Antonieta como por el protagonismo que le brinda a Mrs C, su personaje en ‘24 horas en la vida de una mujer’.

–Zweig vive sumido en las circunstancias que le envuelven y condicionado por su estatus, por el de su familia y por el qué dirán. Ahora son otros pero en la época que retrata Zweig, la moral y los condicionamientos sociales, la religión incluso, marcan mucho sus textos.

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