Jardiel Poncela combinado con teatro del absurdo moderno

La compañía de la residencia Alfonso VIII representa 'Usted tiene ojos de mujer fatal' los tres días del fin de semana a las 20 horas en la Sala Borja

La compañía de teatro de la residencia universitaria Alfonso VIII. /Rodrigo Jiménez
La compañía de teatro de la residencia universitaria Alfonso VIII. / Rodrigo Jiménez
Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZValladolid

Jarry resumió el absurdo a finales del siglo XIX con expresiones como 'merdre', su particular grito deformado para decir mierda en 'Ubú rey'. Enrique Jardiel Poncela, ya hijo de su siglo y con un tinte español, alumbró un teatro propio que, cómico e irónico, hoy en día convoca aún con frecuencia a público y actores. Tanto el viernes 13, como el sábado 14 y el domingo 15 de abril, el grupo de teatro de la residencia universitaria Alfonso VIII subirá a las tablas de la Sala Borja para dar vida a una de sus obras, 'Usted tiene ojos de mujer fatal'. Eso sí, quien se siente en la butaca no hace falta que se prepare para la escatología, pero sí para la sorpresa, ya que, por primera vez, la compañía incluirá un par de piezas de microteatro del absurdo moderno en los intermedios de los actos. A la obra, comedida en comparación, acompañan así dos 'sainetes', más «rompedores» de Sergi Belbel y Asier Andueza, tal y como refiere la directora Carmen Calleja. Ojo al dato, los tres días a las 20:00 horas; por 5 euros en taquilla, o cuatro, si se da prisa y lo compra en venta anticipada. Siéntese y disfrute. De nada.

La compañía la componen alrededor de 30 jóvenes, y todos rondan la veintena, o si no, la tienen reciente; además cursan carreras que pasan por la filología, la medicina, la filosofía o la enfermería. Estos aficionados de todos los palos universitarios no pierden un ápice de profesionalidad y exhiben una disciplinada división de poderes: actores, atrezzo y equipo de dirección y administración. «Cada uno da lo máximo en lo que mejor sabe hacer y esta organización nos permite tener muchos brazos», remarca Jaime Osorio, que codirige con Carmen. «Al final, aquí todos sacan tiempo y se comprometen», reconocen orgullosos, «nos gusta ver su progreso y cómo crece cada uno». Él hace las veces de regidor, ella de encargada de sonido, y el equipo coordinador lo completan Pilar Míguez y Daniel Torres. Adriana Tivoni se perfila como ayudante de dirección y luces.

Elena San José y Alberto Martínez durante una escena del ensayo.
Elena San José y Alberto Martínez durante una escena del ensayo. / Rodrigo Jiménez

El ensayo no está aún en estado de ebullición, así que muebles, carros, un fonógrafo o una cabeza de ciervo de cartón triangulado desfilan hacia el escenario, al ritmo de las indicaciones. «Nos gusta la Sala Borja», observa Daniel Torres, que coordina a todo el equipo de decorados. «En esta ocasión solo hay un cambio de espacio, del primer al segundo acto, pero para ello reciclamos muebles, pintamos o barnizamos», resume, y desvela que usan el material que el grupo ha atesorado en 20 años de trayectoria y la herencia que les ha dejado la compañía disuelta de la UVa.

Queda poco para la función y, aunque los ensayos suelen ser nocturnos, la tarde se ha despejado para dejarlo todo a punto. Pilar Míguez aclara que la obra representada se suele elegir entre todos. Esta vez, el texto principal de Poncela habla de un Don Juan que se llama Sergio Hernán, un seductor que en la obra se topará con una mujer que le cambiará las tornas, Elena. La actriz que la encarna en esta ocasión lleva el mismo nombre: «Mi personaje es muy normal», admite con humildad Elena San José, «quizás me siento identificada con su actitud al principio de la obra, pero luego ya no», adelanta.

Innovaciones rompedoras

Los actores van, vienen, exclaman, mueven un jarrón con flores. '¡No forcéis la voz!', ordena Carmen. «El teatro es jugar a ser otra persona, es una manera de descubrirte a ti mismo a partir de representar papeles que nunca serías», afirma la joven actriz Elisa Alonso. Su compañera Elena García apunta que lo utiliza como un modo de evasión, y Carlos Ortega añade a la definición que es una «manera de liberar el estrés». Los tres se han unido este curso al proyecto. Desde la perspectiva de un año más de veteranía hablan Alberto Martínez y Malena Martínez, que advierten una vez más sobre los dos intermedios (uno de ellos caminará entre las butacas). «Puede que alguien se escandalice», opina Alberto, y Malena completa su idea sobre las micropiezas añadidas en esta ocasión, y su relación con distintas sensibilidades. «Son muy dinámicas, y pienso que pueden llegar a descuadrar y no gustar», expresa. Ambos esperan que estimule a los espectadores, a pesar de todo. Y que quien no se quede por amor al teatro más moderno, lo haga al menos por Jardiel Poncela.

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