El Brujo: «Para millones de seres de este planeta no hay otra cosa que comer, trabajar, sexo y fútbol»

Rafael Álvarez 'El Brujo'. /El Norte
Rafael Álvarez 'El Brujo'. / El Norte

Rafael Álvarez se encierra en la poesía y reflexiones de San Juan de la Cruz en el espectáculo 'La luz oscura de la fe' que lleva este fin de semana al Teatro Zorrilla de Valladolid

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Hace tiempo ya que se entregó a la palabra y unos cuantos años menos desde que se arrojó a los brazos del misticismo. El que le llevó a flotar sobre el escenario en el espectáculo ‘Autobiografía de un yogui’, y desde el que ha saltado hasta ‘La luz oscura de la fe’, la obra que acerca este fin de semana al Teatro Zorrilla de Valladolid (sábado, a las 20:30 horas) y domingo (19h). Un texto que nos traslada a una celda de Toledo donde acabó San Juan de la Cruz por orden de los carmelitas por la reforma teresiana. Alí, en la oscuridad de la soledad, dio forma a algunos de sus mejores poemas.

Encerrado en su soledad pero también en su mesura y sensatez.

–Es más, hay muy pocas biografías de San Juan de la Cruz, porque era un hombre muy discreto y se sabía poco de él. Una de ellas, que es la primera, es la que yo he utilizado y data de 1590, muy poco después de su muerte y gracias a un carmelita descalzo que investigó su vida. Este texto se basa en esa biografía y también en una selección de poemas.

Viviendo como vivimos en la era de la inmediatez, contrasta y hasta suena de otro planeta que se nos invite a conectar con nuestro interior. ¿Cómo encaja el espectador su propuesta?

–Pues por un lado bien y por otro no tanto. Es verdad que vivimos en una situación de estrés permanente, pero también hay una necesidad profunda de esa calma porque tenemos una cantidad de problemas y de tensiones tremenda. El egocentrismo y la intolerancia que hay nos impide una visión expansiva de los problemas.

¿Cómo desconecta El Brujo de la realidad y de los problemas del día a día?

–Bueno, ahora mismo tengo delante de mí una televisión (risas), aunque no le preste atención. Pero la esencia de los problemas siempre es la misma, lo que varía es la manifestación externa. Un día aparece un político diciendo algo insensato, otro día es Cataluña, al siguiente son los pensionistas, el PP, el PSOE, y también puede ser Trump, Putin o el chino. Pero la esencia es la misma, ‘todo el mundo va a lo suyo, salvo yo que voy a lo mío’. Da igual la olla que abras, que está igual de podrida. Hay una tensión excesiva.

¿Tiene la sensación de que esto ya lo hemos vivido?

–Pues si te fijas en las declaraciones que hacían los líderes antes de la Segunda Guerra Mundial, alarmantemente se parecen mucho a las que ahora empiezan a oírse desde que Trump accedió a la presidencia.

¿Se ha desvirtuado el significado de la palabra paz?

–La paz empieza por cultivarla uno mismo, para mí es más importante que ir a una manifestación por la paz.

¿Recuerda el día que se levantó y decidió afiliarse al misticismo?

–Bueno ya llevo años en esta línea, lo que pasa es que también con la edad te haces cada vez más místico por necesidad. Vas viendo que este mundo tiene fecha de caducidad, y que en la vida hay algo más que comer, trabajar, reproducirse, sexo y fútbol. Para millones de seres de este planeta no existe otra cosa que esto que te acabo de decir, y eso es verdaderamente triste.

¡Pero existe la reencarnación!

–Eso no lo sabemos.

¿Alguna preferencia tendrá?

–Una vez Dalí le preguntó al Chocolate, cantador andaluz de flamenco, que qué había sido en su anterior vida, y éste le respondió con su arte: ‘¡Mozquito, señor!’.

¿Agoniza la belleza que proclamaba San Juan?

–¡Eso nunca! Nunca agonizará, la belleza está ahí para el que la quiera ver. La belleza es una dirección de la mirada. Es una actitud. Una intención. Una motivación.

¿Era más meritorio tener fe en la época de la Inquisición?

–Te quemaban rápidamente, sí. En cambio en la poesía de San Juan hay otra dimensión distinta a sus explicaciones teológicas, y que hizo para evitarse problemas. Hay estudiosos que han remarcado la conexión de su poesía en temática y contenido con la poesía islámica. Él tenía un don de la profecía, supo el momento en que iba a morir, y luego tenía una conexión real con la divinidad.

Hoy igual le hubieran tomado por loco y le hubieran encerrado.

–No lo creo porque era sabio. Hoy hubiera escrito un libro de autoayuda porque hay más posibilidades de expresarse.

Hay sentencias que lo ponen en duda y que han alimentado el debate de cierta falta de libertad.

–Yo soy partidario de la libertad de expresión, pero esto no significa que se utilice para injuriar a nadie, porque entonces hablamos de la libertad de injurión. Yo no puedo ir por la calle y meterle el dedo en el ojo a otro porque necesito expresarme así. Podemos criticar al Rey porque es una figura pública, pero también es una persona.

Se puede hacer con elegancia y educación. Usted es cañero, de hecho.

–Y doy a diestra y también a siniestra.

¿Maltratamos más que nunca la palabra hoy en día?

–Creo que es porque hay una mayor incultura. Tenemos una cultura más banal e inmediata. Demasiado fútbol, demasiada prensa del corazón, demasiada basura en las redes sociales,... Todo eso es tóxico. La gente cree que solo el humo es tóxico, y esto también es humo.

¿Nos quieren robar la cultura?

–Cuando a alguien le quitas el tiempo para reflexionar consigo mismo, le conviertes en un autómata y puedes convencerle con más facilidad. Le lobotomizas. Es como tener a un león entre rejas y enseñarle la carne. Aún así, yo prefiero seguir pagando el IVA cultural que ser mosquito.

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