Una Brígida de 94 años

Amelia Legido agradece al público del Teatro Zorrilla su aplauso. /Gabriel Villamil
Amelia Legido agradece al público del Teatro Zorrilla su aplauso. / Gabriel Villamil

Amelia Legido continúa viajando cada noviembre hasta Valladolid para vestir de beata 'corrupta' en el Tenorio de Zorrilla. Lleva 54 años desempeñando el mismo papel

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Desde los 19 años, la actriz vallisoletana Amelia Legido ha interpretado el papel de Brígida, la beata ‘corrupta’ de ‘Don Juan Tenorio’ que se deja comprar por el seductor para facilitarle acceso al convento y a la pureza de doña Inés. Tras el paréntesis que supuso su matrimonio en Francia, Legido regresa a Valladolid, temporada tras temporada, para seguir desempeñando el papel que ha acompañado a su nombre durante 57 años. El Teatro Zorrilla le ha rendido, a sus 94 años, un sentido homenaje dirigido también a la compañía Amigos del Teatro, orquestado para la ocasión por Enrique Cornejo, en el intermedio de la representación ‘tenoria’ que la agrupación llevaba a cabo en el recinto.

«Amelia Legido es el ejemplo viviente del entusiasmo y la ilusión del oficio de ser actor», sostuvo Cornejo en el escenario. Previamente, el empresario afirmó «respetar y venerar el trabajo hecho por esta actriz, que demuestra su indudable calidad humana». Legido, por su parte, demostró seguir manteniendo sus tablas ante el público incluso fuera de su papel: «No voy a decir que me hacen este homenaje por hacer, si lo han decidido así será porque lo merezco», bromeó.

La actriz confesó sentirse cansada, pero la esperanza no le abandona: «Los años pasan y llegar aquí cada vez es más difícil», admite. Antes, un tren hotel Francisco de Goya de los que enlazaban Valladolid con París sin reparar en gastos le permitía un desplazamiento más rápido y cómodo; hoy, el avión le obliga a viajar hasta Madrid y luego coger el tren hasta esta ciudad. Sola. A sus 94 años: «Pese a que cada vez me siento más cansada, siempre conservo la esperanza de volver. ¿Quién sabe? Puede haber milagros».

Comienzos con Ángel Velasco

Legido recordó sus comienzos en la casa de Ángel Velasco, cuando «trabajar en el teatro era un escándalo que acarreaba una muy mala reputación». Por suerte, sus padres transigieron y la intérprete pudo figurar en todo tipo de compañías; folclóricas, de comedia, incluso la de Machín… Un contrato en Burdeos le hizo viajar a Francia, donde se sintió «un poco desorientada». No mucho más tarde conocería a su marido, se enamoraría y tendría a su hija. No discute que las cosas «podrían haber sido de otra manera», hasta el punto de haber llegado «a ser como Lola Herrera o como Concha Velasco»; el caso es que su vida conyugal le retiró del teatro hasta la muerte de él en 1986: «En 1987 volví a hacer a la Brígida, y a partir de ahí, todos los años».

Amelia, en el centro del escenario, antes de recibir el reconocimiento de manos de Enrique Cornejo.
Amelia, en el centro del escenario, antes de recibir el reconocimiento de manos de Enrique Cornejo. / G. Villamil

Para ella, es un personaje que «tiene mucho», y que siempre disfrutó interpretando «especialmente de joven», cuando tenía que usar maquillaje y pelucas para caracterizarse: «Salir a hacer de damisela es demasiado fácil, los papeles de anciana son más desafiantes», declaró quien cataloga como su segundo papel favorito el de la abuela en ‘La enemiga’, de Dario Niccodemi.

«El tiempo deja huella en todos nosotros, pero en su caso le ha favorecido»

«El tiempo deja huella en todos nosotros, pero en su caso le ha favorecido» ángel maría de pablos

Llegar a Valladolid para hacer, una temporada más, de Brígida, es un soplo de vitalidad y juventud en su día a día: «Cuando estoy aquí, vivo. Cuando estoy allí, tengo que vivir. No es lo mismo», afirmó. También tuvo palabras para los nuevos tiempos («El teatro ha cambiado mucho. Antes era más esclavo que ahora, y más difícil, ahora basta con ser ‘un poco actriz’ para saber llegar») y los nuevos actores («La gente joven está muy bien preparada, ensaya continuamente»). Pero hay cosas que nunca llegan a cambiar del todo: «Siempre que enfrento una nueva obra, los nervios siguen ahí. Con el tiempo solamente desaparecen una vez salgo a escena».

«El día que le quitemos de hacerla, se nos muere»

«El día que le quitemos de hacerla, se nos muere» félix hernández

Sobre ella también se deshizo en elogios Ángel María de Pablos, antiguo presidente de la asociación Amigos del Teatro (hoy en su 40º aniversario) e intérprete, entre otros papeles, del propio Don Juan cuando tenía 17 años: «Cuando yo llegué era ya una consumada actriz, y el paso del tiempo deja huella en todos, pero en su caso a ella le ha favorecido». De Pablos también rememoró algunas conversaciones telefónicas con Legido, que le aseguraba que cancelaría cruceros por el Caribe y otras escapadas con sus amigos si ello le hacía perder una nueva oportunidad de encarnar a Brígida.

«El día que le quitemos de hacerla, se nos muere», declaró Félix Hernández, actual presidente de Amigos del Teatro: «Es una mujer estupenda que no solo vive el teatro, además el público todavía la pide». Hernández también señaló que cada vez que la ve marcharse la nota decaída; «lo único que le hace vivir esta euforia es llegar aquí y recibir esos aplausos». Ayer no actuó, pero sí lo hizo el martes y el miércoles. Después del homenaje, el público volvió a ovacionarla, una vez más. Tras cincuenta y siete años, podría decirse que se trata, sin duda, del aplauso más largo del mundo.

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