'Teresa y Tim' recuerdan el valor de la amistad en la Miniminci

Un grupo de alumnos del Melquíades Hidalgo saluda desde el cartel de la Miniminci en el LAVA. /Alberto Mingueza
Un grupo de alumnos del Melquíades Hidalgo saluda desde el cartel de la Miniminci en el LAVA. / Alberto Mingueza

La aportación de Agurtzane Intxaurraga al cine infantil del festival agrupó en el LAVA a dos turnos de 300 niños cada uno

Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZ Valladolid

La sesión de cine de ayer fue de experimento: primera vez en una sala para algún que otro principiante, y una espectadora con hipoacusia que no quiso perderse la excursión. Paris Fernández, del colegio Miguel de Cervantes, respondía, al igual que todos sus compañeros, aún expectante sobre lo que iba a encontrarse. Aunque con timidez, evidenció el uso que tiene el cine, sin florituras y con sencillez: «El cine sirve para ver películas», zanjó. Su intérprete tradujo toda la conversación cinematográfica a lenguaje de signos, sentada frente a ella en la semioscuridad.

Una niña y un duende que se hacen amigos. Esa es la base de ‘Teresa eta Galtzagorri. Adiskidetasunaren magia’ (‘Teresa y Tim, la magia de una amistad’, 2016), la fórmula de 75 minutos que puso ayer en pantalla la española Agurtzane Intxaurraga. El objetivo se concretaba en ganarse la atención de los más pequeños con simplicidad y magia, en dos pases que reunieron hasta a 300 escolares cada uno. El LAVA no se servía esta vez de subtítulos y ofreció la versión en castellano del filme, en atención a sus espectadores, ya que muchos rondaban los 5 años y aún no controlaban bien lo de leer.

Para ellos, el cine es un lugar, para muchos tan familiar que les descoloca que alguien pueda no saber lo que es el cine o preguntar por ello. «Pues una pantalla grande donde se ven cosas que tardan mucho», resume Juan, del Vicente Aleixandre, mientras su compañera Nayra bota de alegría al reconocer la sala, porque ella ya vino aquí «a ver a un famoso». Denzel se anima a distinguir ‘películas buenas y malas’. «Las malas son las de muerte», separa él. «Pero Denzel, a ti no te dejan ver pelis de muerte», replica Juan, ya que los tres tienen seis años. Su amigo adopta una postura digna: «Si fuera mayor sí», responde. Su profesor, Juan Lupiáñez, llama a la calma a todos en inglés, ya que es el responsable de las clases bilingües y quien comentará el largometraje con ellos más tarde. «Este tipo de actividades les enriquecen mucho, porque a través de ellas empiezan a relacionarse con el mundo», añade.

Los niños parecen tener muy interiorizada la asociación de ‘mala calidad’ con hechos violentos, porque la pandilla de Jorge, Asier, Rodrigo y Diego también alude a ello. «En las pelis malas los personajes se matan y en las buenas se hacen amigos», acuerdan, después de hablarlo entre ellos. Después de la película vuelan para contar lo mucho que les ha divertido la escena de persecucción del perro o el final. «¡A mí me ha encantado la canción!», exclama Asier. Y no es el único: extasiados por la exaltación de la amistad y un remate feliz, cuando ‘rollito guay’ suena, muchos dan palmas y hasta bailan con los personajes.

La ficción vasca enlaza un par de temas útiles en el debate entre padres e hijos: la dedicación y dificultades de una madre soltera, y los celos fraternales (ya que Teresa se siente una incomprendida y considera que su progenitora le hace más caso al hermanito). Los diálogos son muy coloquiales, con recurrentes ‘flipes’ y ‘rayadas’. Las posturas de los personajes ante las situaciones, si bien resultan fáciles de comprender para los niños, chirrían por su polarización. El villano es un malo malísimo, pero en una línea argumental de blancos y negros, los héroes no están definidos, sino que les salva su amistad. Que Tim tilde de pesado o aburrido al primero que tenga una opinión distinta, o a todo lo que implique trabajar, ¿es un guiño simpático? Al menos, los niños salen radiantes, casi sin saber elegir qué les ha gustado más.

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