Ai Weiwei une arte y política para evidenciar la globalidad de la crisis de los refugiados

El activista chino muestra en 'Marea humana', documental proyectado hoy en la Sección Oficial de la Seminci, su visión más personal de la situación actual de los apátridas

Liliana Martínez Colodrón
LILIANA MARTÍNEZ COLODRÓNValladolid

«Quiero el derecho de la vida,

del leopardo en la primavera,

de la división de la semilla abierta.

Quiero el derecho del primer hombre».

Con estos versos del poeta turco Nazım Hikmet (casualmente el mismo rapsoda que citó Carles Puigdemont en enero de 2016 en su toma de posesión como presidente de la Generalitat), y unas bellas y sugerentes imágenes del mar y el cielo, se inician los 140 minutos de metraje de 'Human flow'. 140 minutos que compendian 900 horas de rodaje y un año de viaje por el mundo del activista chino Ai Weiwei, que ha recorrido más de cuatrocientos campamentos de refugiados de 23 países y que ha entrevistado a más de 600 personas.

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'Marea humana' es una mirada muy personal sobre el conflicto de los refugiados. Más de 60 millones de personas en el mundo se han visto obligadas a dejar sus hogares por la guerra o el cambio climático, lo que para Ai Weiwei supone una crisis humanitaria; «si esta situación no se soluciona estaremos dejando un mundo de caos», apuntó durante la rueda de prensa que se realizó tras la proyección del documental.

El propio activista, grabando con su móvil y entrevistado a refugiados, representantes de oenegés o de las instituciones, se cuela en las imágenes como uno más, «para darle un toque realista y porque me siento parte de ellos, porque mi familia también se vio obligada a marcharse. Cuando veo a esos niños me estoy viendo a mí».

El documental muestra la incoherencia de los países del primer mundo, sobre todo de Europa, que proclaman los derechos de los refugiados mientras les cierran sus fronteras. «El arte tiene que estar vinculado a la política, sino será superficial», señaló Ai Weiwei, «si no podemos cumplir con esos derechos fundamentales, la democracia es una mentira».

Pero el activista no solo ha captado la desgracia, el temor y las preocupaciones de los refugiados. En el documental se les ve sonreír, soñar, fotografiarse... «lo que les une es su deseo de vivir, de encontrar un trabajo, su valentía de aguantar el día a día».

Si Ai Weiwei muestra la globalidad del problema de los refugiados (sus escenas aéreas muestran los campos como inmensos hormigueros de apátridas), la segunda directora de la jornada de la Sección Oficial de la Seminci opta por mostrar la vida más íntima. La japonesa Naomi Kawase regresa al festival solo dos años después de alzarse con el premio a la mejor dirección por 'Una pastelería en Tokio' para narrar con 'Hikari' ('Hacia la luz') una historia de amor entre una audiodescriptora de películas y un afamado fotógrafo que está perdiendo la vista.

Esta relación excede a los sentidos para conjugar sentimientos claroscuros y donde la luz, la palabra y los silencios juegan un papel primordial para forjar la relación entre ambos.

Cierra la Sección Oficial de la jornada de lunes 'Pokot' ('El rastro'), la historia de una excéntrica exingeniera veterinaria que vive sola, alejada de la ciudad y sus modernidades, en un pequeño pueblo en las montañas cerca de la frontera entre Polonia y la República Checa. Su tranquila vida cambia cuando sus perros desaparecen y descubre el cadáver de su vecino junto a las huellas de un ciervo.

'Pokot' está dirigida por Agnieszka Holland, considera como una de las más prominentes cineastas polacas.

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