Una lección

En este primer tercio de la Semana, la realidad de la mujer ha dominado el guión de lo que he visto

MARÍA EUGENIA MARCOSVALLADOLID

La visión trasversal -qué palabra tan de moda y recurrente- de la Seminci ofrece un panorama algo distorsionado por la subjetividad en la elección de las películas, pero permite sacar lecciones al margen de la calidad cinematográfica. En este primer tercio de la Semana, la realidad de la mujer ha dominado el guión de lo que he visto. La desigualdad en la realización de las películas de manufactura alemana, brasileña, francesa, iraní o libanesa no impide la conclusión: lo más terrible está fuera de nuestras fronteras. Las mujeres de las imperfectas democracias y del bienestar también imperfecto rechazan un entorno que las oprime psicológicamente y las encierra en estrechos marcos de obligaciones, rutinas o invisibilidad. Su lucha por la libertad personal no es un raro privilegio, como lo sería si el problema lo llevamos a países que son paraíso del hombre e infierno de la mujer, casi continentes donde se las tiraniza y donde carecen de derechos elementales. Millones de mujeres se asombrarían, y es posible que se escandalizaran, en el supuesto de que llegaran a tener conocimiento de los problemas que reflejan estas películas del primer mundo. Es bueno valorar y tener presente que nuestro país forma parte de los privilegiados y que estos son excepción. Que hay que proteger lo logrado y seguir avanzando, pero es preciso recordar que hay otros mundos atrás del nuestro, a miles de kilómetros de distancia, donde la mujer es una sombra.

Las cuentas las tendrá la organización del festival, pero la asistencia a las salas parece mayor que en la anterior edición. Eso sí, el espectador deberá estar muy atento a un programa que lleva y trae secciones como Tiempo de Historia, Sección Oficial o Punto de Encuentro de una sala a otra, por lo general al cajón de sastre del Cervantes, sin ubicar de firme el cuerpo. Agitación que parece no molestar demasiado al usuario, pues se adelanta a la apertura de puertas, sean cuales sean, lo que es ocasión para el saludo y el intercambio de impresiones. Estas, las impresiones, a tenor de lo que dicen aplausos y silencios, son concordantes. Sólo he asistido a un pateo consensuado y sin tibiezas. Era un corto, que mejor olvidar para no tocar heridas. Todas las películas han merecido un aplauso. En ocasiones solitario y tibio, en medio del indiferente y general mutismo para las proyecciones decepcionantes. Caluroso y sonoro para las que atraparon al espectador. La efusión sin fisuras, de momento, no ha estado generosa. Aún queda Seminci para las grandes sorpresas.

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