La dificultad de ser mujer en el cine

Once mujeres profesionales de la industria cinematográfica española pasan revista al machismo que sufren en su profesión

La dificultad de ser mujer en el cine
SAMUEL REGUEIRA

Con el ánimo de brindar una cierta visibilidad a sus distintos testimonios, la 62ª Seminci desarrolló ayer una mesa redonda moderada por Jara Yáñez, de la revista Caimán Cuadernos de Cine, en la que participaron la productora María Zamora, la directora de arte y decorados Pilar Revuelta, la actriz Ana Gracia, la directora de fotografía RaquelFernández, la guionista Coral Cruz, la realizadora Chus Gutiérrez, la directora de casting Rosa Estévez, la montadora Julia Juaniz, la diseñadora de vestuario Patricia Monné y la sonidista Amanda Villavieja.

«Al principio de mi carrera me llegaban demasiados pocos proyectos escritos o dirigidos por mujeres», declaró la productora María Zamora, quien se mostró a favor de hacer hincapié en estas propuestas y reclamó mayor presencia femenina en los canales de distribución, «donde se decide qué se ve y qué se exhibe», y mayor presencia masculina en esta clase de eventos en torno a la visibilidad femenina, «para que escuchen, aprendan y opinen». Pilar Revuelta destacó el paternalismo con el que se dirigen a ella cuando sale a buscar localizaciones, y señaló que no encontraba paridad en sus atrezzistas («los eléctricos o carpinteros siempre suelen ser hombres»).

Ana Gracia arrojó luz sobre la situación de las intérpretes femeninas: «Ser actor es complicado, ser actriz es peor», dijo, en relación a las exigencias físicas que se espera de profesionales «muy preparadas», así como el ostracismo que sufren (de nuevo, solo las mujeres) cuando cumplen cierta edad.

«A la salida de la ECAM me di cuenta de que era un estorbo», declaró Raquel Fernández. La directora de fotografía, que tuvo que irse de España a Nueva York y luego a Londres para trabajar, narró cómo en su primera semana de cada nuevo proyecto se dedica a mentalizar psicológicamente a que la gente confíe en ella y la tome como la profesional que es, y no como la amante del director puesta a dedo: «Hay que batallar las inseguridades e impedimentos ajenos al proyecto que no te dejan centrarte».

La guionista CoralCruz apuntó que «lo bueno de trabajar en la sombra es que no se molesta a nadie». De su experiencia personal, destacó que se había visto únicamente maltratada «como cualquier otro guionista», no por el hecho de ser mujer. Pese a todo, terminó por conceder que a las mujeres parecían dedicarles únicamente «películas pequeñas, sensibles e íntimas»; una barrera que había que romper al ser estos dramas los que menos llegan al gran público: «No olvidemos que hacemos arte, sí, pero también negocio», indicó. Asimismo, explicitó que en muchas ocasiones se buscaba una coguionista femenina «para rebajar el nivel de testosterona».

Chus Gutiérrez se confesó desanimada y cansada de acudir siempre a esta clase de eventos en los que parece que se habla mucho pero nada cambia: «Me preocupa qué sociedad estamos construyendo, me inquietan más qué contenidos se transmiten», valoró la artífice de ‘Retorno a Hansala’, filme del que recordó la anécdota de que las mujeres de la aldea marroquí, al ver trabajar al equipo de la película, reclamaron al consejo de sabios un nuevo rol en su sociedad: el de aquellas profesionales venidas de España. «Nos convertimos, para ellas, en todo un modelo de poder», afirmó Gutiérrez, quien en 2014 obtuvo el Primer Premio de la sección Tiempo de Historia en la 59 Seminci con su documental ‘Sacromonte, los sabios de la tribu’.

Mujeres desperdiciadas

«La sociedad va por delante de la ficción», señaló,«y esta solo reproduce sus modelos y estereotipos. Definitivamente, no nos representa». Tras Gutiérrez, llegó el turno de Rosa Estévez, quien señaló que en su sector como directora de casting sí se daba una mayoría feministade profesionales. «Juega a nuestro favor que es una especie de cargo que ha surgido sin una necesidad de estudios formados detrás, y donde han primado talentos asociados tradicionalmente a las mujeres como el olfato o la intuición». Pero tampoco están libres de machismo, ni mucho menos, como muestran las exigencias que surgen a la hora de establecer parejas románticas en las ficciones, con hasta quince años de diferencia y siempre, indefectiblemente, con el hombre maduro y la mujer más joven: «Muchas actrices se ven en la obligación de operarse, otras presentan graves problemas psicológicos... Hay que dar trabajo a estas mujeres de más de cincuenta años que están desperdiciadísimas», alertó.

La montadora Julia Juaniz expuso algunos trucos de su profesión, como el efecto Kuleshov, que le ayuda a reflejar en la pantalla, desde ciertos artificios, emociones como el amor romántico. Patricia Monné habló desde el diseño del vestuario como el lugar donde el porcentaje más alto se veía ocupado por mujeres, e incidó tanto en la obligación de ellas de retocarse como en las órdenes a acatar, aunque no las compartieran, bajo el riesgo de irse a la calle. Órdenes como ceñir las prendas, subir faldas, mostrar pechos...

Por último, Amanda Villavieja señaló que «visualizando el modelo final desde el principio haría innecesaria la paridad». Todas coincidieron en que la solución pasaba por educar en perspectiva de género desde las escuelas.

La mesa redonda finalizó con una sonora ovación por parte del público asistente, satisfecho por más de hora y media de pedagogía feminista. Flanqueando el Salón de los Espejos y facilitando agua a las ponentes y micrófonos al público, como en cada acto de la Seminci, dos azafatas aguantaron todo el evento en pie con gran profesionalidad, largos tacones y cortas faldas.

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