Cómo conjugar «ser un buen musulmán» y tomarse una copa con los padres de ella

Unos estudiantes miran atentamente a pantalla, nada más comenzar la proyección de 'The Big Sick'. /Alberto Mingueza
Unos estudiantes miran atentamente a pantalla, nada más comenzar la proyección de 'The Big Sick'. / Alberto Mingueza

La película 'The Big Sick', de Michael Showalter, propuso el viernes a los jóvenes de la Seminci reflexionar sobre el amor, la religión y la cultura

Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZ Valladolid

Película de amor es una etiqueta en tres palabras que tan pronto convence como genera rechazo. Quizás por eso el título original de ‘La gran enfermedad del amor’ es ‘The Big Sick’ (Michael Showalter, 2017): quien espere una comedia romántica al uso se verá sorprendido. Chico conoce a chica, sí, pero él es pakistaní y ella blanca. En la trama, Kumail, un monologista en Chicago, oculta su relación ante unos padres musulmanes muy conservadores. Por si las complicaciones fueran pocas, Emily enferma repentinamente poco tiempo después de que rompan.

Los estudiantes se arremolinaron el viernes ante el teatro Carrión desde antes de las nueve de la mañana, hora de comienzo del primer pase. Llegaban con ganas de dejarse sorprender y veteranía generalizada en la Seminci. Entre ellos, un grupo de la Academia de Caballería, de flamante uniforme, y otro del Centro de Educación de Adultos Felipe II, presentaron dos focos de atención que no pasaron inadvertidos para el resto. En total, el teatro había alcanzado los 500 espectadores cuando las luces se apagaron, y en el siguiente turno albergó otros 600.

Grupo del CEA Felipe II, expectante a las puertas del teatro.
Grupo del CEA Felipe II, expectante a las puertas del teatro. / Alberto Mingueza

Abraham López, profesor de las Jesuitinas, sonríe desde su butaca mientras se ilumina la pantalla: «Más allá de que esté en inglés, el cine es un cauce fundamental para transmitir valores», opina. A lo largo del filme, la asociación racista entre islam y terrorismo suscita desde bromas hasta peleas, que se entrelazan con la historia de amor, un relato sin idealizar y de constancia, con personajes secundarios que realmente aportan. Se suman temáticas como la propia religión, la cultura, la familia o el humor.

Pedro José Martín Aulló, uno de los alumnos de la Academia de Caballería, comenta que le ha gustado el final. «Todos pensábamos que ella iba a morir o rechazar al chico», puntualiza. Y parece que no es el único que se alegra de que el remate no fuera dramático; Daniel, Elena, María y Marta, de las Hijas de Jesús, apuntan también y sin dudar al desenlace. «Su coma es una parte muy importante de la historia», concluyen. ¿Final feliz? Pues también, pero con empatía y ritmo.

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