Cuando Coixet rodó su alter ego

La directora de la película "La Librería", Isabel Coixet, posa junto al actor Bill Nighy, durante la presentación del largometraje que inaugura la 62ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci)./EFE
La directora de la película "La Librería", Isabel Coixet, posa junto al actor Bill Nighy, durante la presentación del largometraje que inaugura la 62ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). / EFE

La catalana universaliza la pequeña historia de ‘La librería’ con Emily Mortimer y Bill Nighy como aliados en los papeles protagonistas

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

Es conocida la querencia de Isabel Coixet por la literatura. En varias ocasiones ha declarado que su mejor tarde pasa por un sofá y un libro en soledad. Y de ellas nacen algunas de sus películas. Los editores de Cataluña han reconocido su amor bibliófilo con el premio Atlántida. Así que solo era cuestión de tiempo que adaptara una novela como ‘La librería’, de Penelope Fitzgerald. Pero de ahí a que su protagonista fuera el alter ego de la directora, media la distancia de sacar adelante una coproducción de tres países, la conjunción de un elenco excepcional y el entendimiento de dos productoras, Diagonal y Contracorriente. Ayer acompañaba a realizadora y productores el actor Bill Nighy. En una esquina, mimetizada con los periodistas, la hija de Fiztgerald, una narradora que escribió y publicó tardíamente sus historias.

Coixet quiso dejar el ruido catalán fuera y advirtió que, como antaño Umbral, venía a hablar de su ‘librería’. Bien claro declaró que se «sentía catalana, española, europea, y del barrio de Gracia», que desde siempre se sintió rara y que su brújula fueron «los libros y el cine» y que de eso va esta película.

‘La librería’ es, en palabras de la directora, «un sueño para cualquier realizador», pero una novela difícil de vender a los potenciales productores ya que «está protagonizada por una mujer de mediana edad, tiene un final melancólico y la historia de amor no es evidente, no hay heroína ni héroes. Es el pequeño sueño de una mujer que quiere poner una librería allí donde no la hay. Un sueño a contracorriente». Nada de lo que impera en cine comercial de este dubitativo sigloXXI.

El siguiente paso fue reunir a los actores. De Bill Nighy presente, aunque prefirió no tener traducción de las palabras de Coixet «porque confío en ella y si dice algo malo prefiero no oírlo», la directora catalana dijo que era «el sueño húmedo de cualquier director. Hay actores con los que pasa eso, hay un mundo en común aunque no les conozcas.Por ejemplo, Ryan Gosling es muy guapo pero no creo que pudiéramos hablar de nada. En cambio Bill es un actor con esa apariencia tranquila bajo la que bullen contradicciones, turbulencias, un mundo fascinante». El papel principal femenino recae en Emily Mortimer. «He rodado muchas películas con protagonistas femeninas, mujeres que querría ser. En el caso de Florence Green, creo que es la mujer que soy», afirmó la catalana. Bill, por alusiones, devolvió la flor a su última jefa. «He trabajado muy bien con Isabel. Ha dio uno de mis mejores trabajos. Me gustó el libro, he leído casi todo de Fiztgerald y este es mi favorito. Por otra parte soy un poco como mi personaje, adicto a las librerías independientes. Soy amigo de Emily y cuando leí el guion me pareció una adaptación brillante. No me han pagado mucho pero Isabel me regaló tres botellas de su aceite de oliva y una camiseta del Barça con mi nombre», decía riendo. «Isabel me dio libertad, fue una relación muy respetuosa, y me sorprendió que manejara la cámara en algunos momentos lo que procura una intimidad que no conocía».

Nighy se declara incapaz de definir el humor inglés aunque sí reconoce que existe, que es distinto al escocés al irlandés. Eso mezclado con la natural contención emocional británica, le divierte. «Esa rigidez británica, máxime en la clase media de los años cincuenta, tiene un gran potencial cómico. Hace sufrir mucho a los ingleses sobre todo cuando están delante de una mujer».

El paraíso de los libros

Exterminadores y exterminados son las dos categorías en las que Fitzgerald divide al género humano. Coixet tiene claro su lado, «las víctimas al final vencen. Florence vive en una burbuja protegida en su clase media, con su marido y sus libros, hasta que le pierde. Entonces sale de la burbuja y se da cuenta de que el infierno son los otros. pero al menos ha vivido. Es importante vivir con todas las consecuencias.Te niegan el sitio pero no ha sido un intento en vano porque tras de sí deja una semilla que fructifica en Christine que es el futuro, ella descubrirá que la librería es su paraíso». No se siente ninguna «Juana de Arco» en la defensa de la cultura, pero la directora de ‘La vida secreta de las palabras’ goza de los libros «como fuente de conocimiento, por eso me da pena lo que la gente que no lee se pierde. La literatura y el cine me ha permitido vivir miles de vidas que no hubiera conocido de otra manera. Ojalá la película anime a leer a quien la vea». Querida por los festivales, Coixet entrega sus «bebés» en brazos de esos jurados. Los productores anunciaron que tras el estreno en Valladolid, ‘La librería’ viajará a un festival de categoría A. Por calendario la cinta de Coixet puede volar a Tallín, El Cairo, Mar del Plata o Goa. Buena suerte.

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