El Norte de Castilla

Seminci

Así fue la primera crítica de 'Alguien voló sobre el nido del cuco'

Fotograma de 'Alguien voló sobre el nido del cuco'.
Fotograma de 'Alguien voló sobre el nido del cuco'. / EL NORTE
  • La película se estrenó en España durante la Seminci de 1976

'Alguien voló sobre el nido del cuco', la película de Milos Forman protagonizada por Jack Nicholson se estrenó en España durante la Seminci de 1976. Esta es la crítica, firmada por José Ángel Rodero, que El Norte de Castilla publicó el 4 de mayo de 1976.

"El sábado por la noche fue presentada otra de las películas que, a priori –pese a que su estreno comercial será inmediato–, constituía uno de los platos fuertes de esta XXI Semana: ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, la obra norteamericana más reciente del checo Milos Forman, y que, como saben la Academia de Hollywood galardonó con varios Oscar.

Bien, pues ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ resultó un filme de indiscutible envergadura, un filme serio, ambicioso, con una historia interesante –y muy amarga– que tiene garra, que tiene nervio, que tiene fuerza.

Prácticamente todo el relato –basado en la novela de Ken Kesey– transcurre dentro de los muros de un hospital psiquiátrico y en torno a un eje central el personaje de Randle P. McMurphy, un hombre que, por conducta indómita, ha sido traladado desde una penitenciaría a ese centro para su observación mental.

El filme arranca ahí, en ese momento en que este personaje llega al sanatorio psiquiátrico. Y a través de él – de este hombre– Milos Forman va conformando el microcosmos, el pequeño mundo del internado: el mundo que representan una galería de psicópatas, unos sistemas de tratamiento, unas actitudes científicas y humanas. Pero Forman no va a buscar los ángulos de un documento sobre la locura, sobre los centros psiquiátricos, sobre sus teapéuticas, sino que va a contrapuntear la visión de cada uno de los elementos de ese microcosmos con unos significados más amplios, que aportan conclusiones de carácter social, filosófico e incluso político (en cuanto que hay en la historia una representación del poder, de unos métodos de gobierno, unos métodos represivos que aniquilan todo un espíritu de libertad). Tras una primera descripción de personalidades, de alineaciones y de ambiente –una descripción llana en la que afloran a veces el humor, la ironía, la ternura y hasta algún que otro efectimos made in Hollywood–, Forman carga la atmósfera del relato, desata todas las furias contenidas y hace estallar un dramatismo convulsivo, feroz, entre la muerte, la destrucción, la represalia, el aniquilamiento.

Toda la parte final de la película tiene una gran fuerza: desbridada la tragedia, apuntalados sus significados en la actitud colectiva e individual, descubiertos los entresijos de ese microcosmo retratado, apuntada la frontera de la locura, palpitando el espíritu de ua libertad. Los personajes se revelan en toda su potencia: McMurphy, la enfermera, el psicópata que se suicida, el indio; esa gigantesca y patética figura, refugiada en el silencio, que se va alzando, paulatinamente, a medida que la historia avanza, hasta convertirse en el único signo de esperanza (es un personaje claramente simbólico; desde su raza, su hundimiento, su humanidad, su pureza, su rebeldía final) con su toma de conciencia y su liberación, tras el terrible sacrificio humano que ha de rendir.

Una buena, una interesante película; sobre todo en esa parte final de la historia. Una buena película, aunque no una obra excepcional; aunque no consiga hacer olvidar aquel Milos Forman de Checoslovaquia, de ‘Los amores de una rubia, de ‘Cerny Petr’.