El Norte de Castilla

Seminci

Así fue la primera crítica de 'La estrategia del caracol'

Fotograma de 'La estrategia del caracol', estrenada en la Seminci de 1993.
Fotograma de 'La estrategia del caracol', estrenada en la Seminci de 1993. / EL NORTE
  • La Seminci de 1993 estrenó en España la película de Sergio Cabrera

La periodista María Aurora Viloria firmaba el 27 de octubre de 1993 en El Norte de Castilla la primera crítica de 'La estrategia del caracol', estrenada en Seminci.

Al acabar la primera proyección de ‘La estrategia del caracol', su director, Sergio Cabrera, escuchó, profundamente emocionado, una de las más largas ovaciones oídas en la Seminci. Quizá recordó entonces que cuando empezó el rodaje, los amigos le advirtieron que era un proyecto imposible.

Pero, pese a ello, rodaron, haciendo posible la utopía. Y eso mismo consiguen los protagonistas de esta historia, encontrar una solución particular a través de la propia iniciativa y el espíritu creativo. Son un grupo de inquilinos de una vieja casona que tienen que enfrentarse al desalojo inminente. Al principio, encabezados por un eterno estudiante de leyes, logran, con ingenio, varios aplazamientos, pero, cuando el desahucio tiene fecha fija y dirigidos por un viejo anarquista español, ponen en marcha la estrategia del caracol, que es lo mismo que llevarse la casa a cuesta.

Y el proyecto, después de las primeras vacilaciones, les une sin fisuras y hasta consigue transformarles, con el único –y por supuesto, suficiente– objetivo de defender su dignidad.

Sergio Cabrera ha elegido el humor para contar con sencillez, sin medios ni alardes, esta historia tragicómica. Y es tanta la imaginación, tan brillantes los diálogos, tan perfectamente descritos con dos o tres pinceladas los personajes, que los espectadores ríen sin parar desde el principio. Pero, sin necesidad de discursos, por debajo de la diversión subyace la reflexión sobre el poder del dinero, la corrupción, los abusos de los que aplican la ley leyendo solo la letra y a conveniencia de unos pocos, las amenazas, la extorsión y hasta la violencia física. Una relaidad que se pone de manifiesto en los títulos de crédito del final, con el homenaje a una colaboradora del filme que murió a manos de los grupos paramilitares.

Película, pues, para pensar después de reír, muy bien interpretada, que consigue que el espectador tome partido por los buenos y se entusiasme con la broma final de la casa pintada que los redime a todos.