El Norte de Castilla

Seminci

Así fue la primera crítica de 'Good bye, Lenin'

Fotograma de la película 'Good bye, Lenin', estrenada en la Seminci de 2003.
Fotograma de la película 'Good bye, Lenin', estrenada en la Seminci de 2003. / EL NORTE
  • La película alemana se estrenó en España durante la Seminci de 2003

'Good bye, Lenin' transcurre en Berlín, octubre de 1989. Unos días antes de la caída del Muro, la madre de Alex, una mujer orgullosa de sus ideas comunistas, entra en coma. Cuando despierta ocho meses después, su hijo hará lo posible y lo imposible para que no se entere de que está viviendo en una Alemania reunificada y capitalista. Su objetivo es convertir el apartamento familiar en una isla anclada en el pasado, una especie de museo del socialismo en el que su madre viva cómodamente creyendo que nada ha cambiado. La película llegó a España a través de la Seminci de 2003, y esta es la primera crítica que se publicó sobre ella en El Norte de Castilla, el 31 de octubre de 2003, con la firma de Angélica Tanarro:

¿Qué es una buena película? ¿Una historia original, bien contada, con imágenes sugerentes, con actores competentes...? ¿Aquélla que logra un adecuado equilibro entre emoción y reflexión, sin perder de vista que ha de hacerlo consiguiendo que los ojos nos engañen...? ¿Cuando se acerca a la realidad...? ¿Cuando se separa...? ¿...O cuando descubre lo resbaladizo que es eso que llamamos realidad? Definitivamente ‘Good bye, Lenin!’ es una buena película realizada por un excelente director que no se prodiga mucho. Como prueba, baste decir que, con su anterior largometraje, ‘La vida en obras’, ganó el Premio al Mejor Nuevo Director en la Seminci de 1996.

Becker es uno de esos creadores que tienen habilidad para el humor. No para hacer reír, sino para contar historias en las que el drama de la vida pasa sin que duela demasiado. Al espectador de Becker no se le queda congelada la sonrisa, se le queda entre paréntesis.

En esta película la cámara sigue los esfuerzos del joven Alex por ocultar a su madre -una militante comunista que cree firmemente en los principios de la República Democrática Alemana y que ha pasado en coma los meses que siguieron a la desaparición de los bloques, caída del Muro incluida- que su mundo sencillamente ya no existe. Un disgusto así, dado su delicado estado de salud, puede costarle la vida y él está dispuesto a salvarla, aunque para ello tenga que montar un teatro alrededor.

Sobre este bien apuntalado argumento Becker hace fluir su película con sabiduría, soltando con mesura y a partes iguales ironía y ternura, acción y reflexión... Definitivamente, un buen director es aquel que, entre otras cosas, sabe excitar el pensamiento sin necesidad de demorar la película en secuencias interminables y vacías y sin que los actores pongan cara de estar pensando. Becker lo sabe hacer. Sabe incluso hacer un pequeño alegato final para decirnos que las cosas no son blancas ni negras y que la euforia del vencedor no debe perder de vista lo que pueda enseñarle el vencido.

Buenas películas como ésta hemos visto más en la historia reciente de la Seminci. Buen cine del género ‘así es la vida y ojalá supiéramos cuidarla’ o ‘estas pequeñas historias son las que hacen Historia’. Lo que ocurre es que este año producen un suspiro de alivio