Retratar un mundo convulso

'Abandonados'. / Santi Palacios

La icónica imagen 'Un asesinato en Turquía' preside la exposición que reúne las fotografías ganadoras del World Press Photo 2016

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En el conflicto más oscuro del último rincón de este convulso mundo probablemente habrá un testigo que, armado solo con su cámara, transmitirá una imagen capaz de cambiar el sentido de la opinión pública. Los mejores de estos testigos son los fotógrafos que cada año desde hace 60 logran los galardones del World Press Photo, esos iconos que se convierten en «la memoria visual de nuestro tiempo», explica el representante de la organización Paul Russeler.

El Colegio de Arquitectos de Madrid ha reunido las 143 fotografías ganadoras de la última edición, la del 2016, entre las que se incluye la serie 'Abandonados', del español Santi Palacios, que retrató a dos niños nigerianos llorando en una patera después de que su madre muriera en una playa de Libia, sin poder siquiera subirse al barco. «Me cuesta cada vez más que una imagen me impacte porque uno se va acostumbrando, pero esta funcionaba: detrás hay una gran historia», contó ayer Palacios.

A su lado, fotografías que resumen los principales conflictos en los que el mundo sangró el año pasado: Siria, Irak, Libia, Afganistán, Pakistán... Pero también historias más pequeñas que se convierten en símbolos: la mujer uigur que huye de las persecuciones; los presos hacinados en la cárcel de Filipinas tras las redadas del justiciero presidente Duterte; los niños de Brasil víctimas del zika que nacen con microcefalia; o a veces, incluso la fiesta, como 'Los Enharinados' de Ibi (Alicante), fotografía con la que el italiano Antonio Gibotta logró un galardón, o la relación de un hombre con tres muñecas de silicona, que ha dado un premio a la española Carla Tramullas.

En todo caso, la foto del año para el World Press Photo se titula 'Un asesinato en Turquía', la hizo el periodista Burham Ozbilici y muestra a un joven agente de seguridad, pistola en alto, tras haber disparado al embajador ruso en Ankara, que yace a su lado en el suelo. Una imagen que generó el debate sobre si debía, por su crudeza, ser publicada, como las del atentado de Barcelona y tantas otras. «Yo entendería que un familiar mío se enfadara, pero soy partidario de dar las fotos», argumenta Palacios, que eso sí, ofrece una clave sobre la que los periodistas pueden formar un criterio: «Cuando mueren inmigrantes en el Mediterráneo damos la imagen más dura porque si no, nadie se entera de la tragedia. Pero en situaciones como las de La Rambla, debemos intentar ser más sutiles porque la información llegará al ciudadano por muchas otras vías».

Fotos

Vídeos