Puerto despliega su verso mas trascendental en ‘La protección de lo invisible’

José Luis Puerto desgrana las claves de su último trabajo ante la mirada de Fermín Herrero. /Rodrigo Jiménez
José Luis Puerto desgrana las claves de su último trabajo ante la mirada de Fermín Herrero. / Rodrigo Jiménez

El poeta salmantino presenta su último trabajo en la Fundación Segundo y Santiago Montes

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Desde que ‘Señales’ obtuviera el premio Jaime Gil de Biedma, la trayectoria poética de José Luis Puerto (La Alberca, 1953) ha ahondado en una lírica a medio camino entre lo que se considera como netamente metafísico y lo que se asocia a la poesía de la experiencia: trascender lo vivido para generar significados universales, válidos para todos. Ese nuevo rumbo en el camino ha venido conformado por ‘De la intemperie’ (2004), ‘Proteger las moradas’ (2008), ‘Trazar la salvaguarda’ (2012) y, ahora, ‘La protección de lo invisible’ (2017), que el autor salmantino presentó ayer en la Fundación Segundo y Santiago Montes, acompañado por el también poeta y Premio Nacional de la Crítica, Fermín Herrero.

«Es un itinerario aunque, como en mis poemas, nunca dejo punto y final, porque para mí el decir poético es un continuo que se va plasmando o verbalizando en cada texto», declaró, «pero en la medida en que el poeta continúe con su decir a través de la mirada o la contemplación, no hay puerta cerrada». El título de este texto, homenaje a una cita de Paul Celan, alude a un aspecto que la poesía debe, a juicio de Puerto, abordar, «estar de frente hacia el misterio y lo misterioso; una segunda realidad que no se percibe a través del mundo de los sentidos y que nos protege del caos».

Crear significados

Una fuerza espiritual, sanadora y salvadora, destinada a guardarnos de los sinsentidos del mundo, crea de este modo ese territorio en el que los seres humanos pueden encontrar sus sentidos: «Por un lado, el libro parte de experiencias vividas y una mirada hacia el mundo, la realidad y los otros; y va tejiendo un ámbito verbal donde aparecen elementos de la naturaleza, la fraternidad y el amor». Una voluntad de crear significados que transmitan cultura, arte o arqueología; aquello que pasa inadvertido ante todos los ojos… salvo los del poeta: «En este caso, en mi decir poético hay una sobriedad una rítmica y una musicalidad, porque la poesía canta pero también encanta, y debe fascinar a quien lea para que descubra también ese territorio de protección».

En la poesía de Puerto la naturaleza siempre resulta un ámbito de revelación: «Es una de las puertas que tenemos hacia lo sagrado: la naturaleza revela, se contempla y se percibe, pero de algún modo verbalizamos aspectos suyos y trascendemos aquella sensorialidad, a través de significaciones surgidas del territorio del espíritu». La obra arranca con un apartado titulado ‘Transcurso de las sílabas’ y se cierra con ‘Días de Grecia’: «Concibo el mundo primigenio del origen como semillas fértiles, donde hay toda una serie de signos que forman parte de la cultura pero también de nuestro ser». En medio emergen las ‘Melodías del padre’; un «canto elegíaco a alguien que pasó humildemente por el mundo». Son, en definitiva, colecciones de versos que conforman un canto del mero existir del poeta y sus miradas a sí mismo, a los otros y a sus realidades: «Sin vida espiritual no hay poesía», sentenció.

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