Nada de carboncillo, lo voy a pintar con vino

Elena García, frente a uno de los cuadros que expone en estos días. / Mariam Montesinos

La artista zamorana Elena García utiliza tinto de Toro para dibujar ocho cuadros, que expone hasta el 13 de agosto en una bodega histórica en la provincia zamorana

Alicia Pérez
ALICIA PÉREZZamora

Parece acuarela o carboncillo, pero no lo es. Tan solo hace falta acercarse a los cuadros y oler para descubrir que están pintados con vino. Su trabajo le ha costado a la artista, la zamorana Elena García Sánchez, después de que el primer intento de pintar con tinto de Toro se convirtiera a las pocas horas en una desilusión en forma de borrón. La inspiración le llegó al derramarse una copa de vino durante una cena con amigos en una bodega familiar. Esto ocurrió hace más de un año. Desde entonces, la pintora toresana ha estudiado la innovadora técnica para conocer las variantes del vino, la densidad y la temperatura a la que tiene que estar el líquido y cómo aplicarlo.

La técnica es como la de la acuarela, pero en el caso del vino hay que controlar perfectamente el proceso, desde la cantidad de líquido que se usa a los procesos de oxidación que se producen. «Cuando empiezas a pintar es un rojo potente, a las dos horas empieza a volverse un poco cobrizo y al día o los dos días se oscurece más a marrón. Llega un momento que incluso parece carboncillo, después se estanca y se mantienen los tonos medios siempre», explica Elena García, quien reconoce que los comienzos con esta técnica fueron «muy frustrantes».

Pinta desde siempre y con ocho años comenzó en el estudio de la artista zamorana Ana Franco, su primera maestra. Con ella descubrió que existían estudios en Bellas Artes, en los que después se formó. Entre sus mentores están artistas de renombre como Ricardo Flecha o Antonio Pedrero.

Ahora, a sus 33 años, ha adquirido soltura con esta nueva técnica y únicamente ha utilizado vino casero de Toro sobre papel de acuarela Arches, que es francés, para crear los ocho cuadros de gran formato que componen ‘Con un tinto y un pincel, cuerpo di vino’, la primera muestra pictórica que expone en su tierra. «No quería usar nada más, ni grafito ni nada, hasta el encaje es directamente vino», explica.

Elena García ha tenido que trabajar mucho la técnica hasta dar con la definitiva. / Mariam Montesinos

Las obras, una selección de las que ha realizado con este pigmento, muestran anatomías anónimas en diferentes posiciones, expresiones y formas. Cada uno de ellos es un cuerpo ‘di vino’, en un juego de palabras que hace referencia a la bebida obtenida de la uva, pero también a la divinidad individual que Elena García cree que tiene cada persona. «Todos somos divinos, solo tenemos que saber en qué somos divinos y creérnoslo», afirma convencida de que el mayor error es que una persona crea que está defectuosa, errónea o que no tiene nada que aportar. «La mayor evidencia de la divinidad», sostiene, «es estar por la calle todos los días».

La sala de fermentación de la bodega histórica Valdigal, en el centro de la localidad zamorana, acoge la exposición hasta el 13 de agosto. «Es una forma de catar en esta bodega el vino de dos maneras, con la vista y con el gusto», asegura la autora de unos cuadros que invitan a beberlos con la mirada.

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