El Norte de Castilla

La caverna de 'La La Land'

Le Caveau de La Huchette.
Le Caveau de La Huchette. / Efe
  • La favorita a los Oscar convierte en lugar de peregrinación un mítico club de jazz de París

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La Rue de La Huchette tiene buena prensa. Ultimamente esta turística calle de París no deja de salir en los papeles. El jueves el Théâtre de La Huchette, en el número 23, celebró 60 años de programación ininterrumpida de 'La cantante calva', la joya absurda de Ionesco, récord mundial de permanencia en cartel en un mismo escenario. Y a unos pocos portales en la misma acera, entre tabernas griegas, bares turcos y tiendas de souvenirs del Barrio Latino, los cinéfilos peregrinan al número 5 para revivir en Le Caveau de La Huchette los fotogramas finales de 'La La Land', la comedia musical con más nominaciones para los Oscar.

El éxito mundial de la película dirigida por Damien Chazelle ha aumentado en un 30% la afluencia a este mítico club parisiense, templo subterráneo del swing y de la danza a ritmo de jazz. Estadounidenses, chinos, alemanes, japoneses y otros extranjeros hacen cola con franceses nostálgicos para sumergirse en la mágica atmósfera del filme de moda. La nueva clientela se mezcla con las habituales parejas amantes de mover el esqueleto y el ligue sin límites de edad en torno a una pista de baile amenizada por músicos en directo. Ni el bajón de las visitas de turistas a París a causa de los atentados yihadistas puede con quienes quieren pasárselo de cine.

La culpa del fenómeno apenas dura un minuto. Es el efímero epílogo cinematográfico del romance en celuloide protagonizado por Enma Stone y Ryan Gosling. Las parejas bailan a los sones del be-bop y un trompetista toca un solo a la manera de Louis Armstrong en 'West End Blues'. Pero la secuencia no fue rodada en las paredes abovedadas del añejo local.

Club de referencia desde 1946

«La productora de la película nos contactó en septiembre de 2015 para que les autorizáramos a mostrar nuestro cartel luminoso y crear decorados evocadores del club», explica su dueño, Dany Doriz, satisfecho por la fidelidad de una reconstrucción que no olvida ni la puertita al fondo de la cueva. En la realidad cavernaria no todo está tan idealizado como en la gran pantalla aunque el color púrpura del estilizado plató coincide con el tapizado de los viejos bancos en que las almas solitarias esperan a que les pidan baile.

Jefe de orquesta y vibrafonista, Doriz compró en 1970 el club de jazz fundado en 1946 en los sótanos pétreos cargados de historia que antes de la Revolución Francesa albergaban una logia masónica. Entre sus muros de piedra han desfilado viejas glorias como Lionel Hampton y su big-band al completo, Art Blakey y sus Jazz Messengers que tiraban de jam hasta entrada la madrugada o Sidney Bechet, el único negro que contrataba el racista primer propietario.

Mitología urbana

Tampoco faltan en el memorial fotográfico tras la barra del bar figuras del nivel de Memphis Slim, Bill Coleman, Al Grey o Manu Dibango ni estrellas francesas como Léo Ferré o Georges Brassens.

Cuenta la leyenda que Alain Sytner decidió abrir The Cavern Club, cuna de Los Beatles en Liverpool, tras una estancia en París en la que quedó prendado de la caverna de La Huchette. Ahora el modelo original rivaliza en mitología urbana con su aventajada copia inglesa sin miedo a convertirse en obligada escala de las rutas turísticas.

No se descarta que dentro de poco desbanque como lugar de inevitable peregrinación al Café des 2 Moulins que en Montmartre atrae a los fans seducidos por el fabuloso destino de Amélie Poulain. París bien vale unos flashback.