El Norte de Castilla

'Que dios nos perdone'

  • El segundo largo en solitario de Rodrigo Sorogoyen es un afiladísimo trabajo de puesta en escena que crece a los lomos de Antonio de la Torre, Roberto Álamo y Javier Pereira

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Todo suma (y viceversa). El ejemplo más claro lo encontramos en 'Que dios nos perdone', el segundo largo en solitario de Rodrigo Sorogoyen ('Stockholm', 2013), un afiladísimo trabajo de puesta en escena que crece a los lomos de las interpretaciones de Antonio de la Torre, Roberto Álamo y Javier Pereira, pero que no alcanzaría el grado de excelencia que le ha permitido codearse con los mejores "thrillers" de la historia de nuestro cine sin el añadido de la opresiva banda sonora atmosférica compuesta por Olivier Arson.

La excesiva caracterización psicológica de los personajes, que ya queda más que sugerida mediante el zoom progresivo que corona el primer encuadre, va en contra de la empatía del espectador hacia una pareja de inspectores que peinan las calles de Madrid/Gotham a la caza y captura de un violador y asesino en serie de ancianas, en el contexto de un mes de agosto de 2011 en el que el clima de inestabilidad política se hace irrespirable (en este punto se hace especialmente relevante la dirección de arte a cargo de Miguel Ángel Rebollo).

Durante la investigación convergen la mirada hacia la podredumbre de las desigualdades sociales y el pulso del género, con la cámara operada por Alejandro de Pablo como instrumento quirúrgico capaz de penetrar en el alma de una ciudad abrasada por la corrupción moral. En la lectura del guion coescrito por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña apenas cabe la ambigüedad: la práctica totalidad de su paisaje humano es descrito a través de una óptica fatalista que dibuja una delgada línea de lucidez mental y emocional entre "psychokiller" y la víctima de una agresión sexual, en una negativa rotunda a toda posibilidad de escape que hace aún más evidentes sus deudas de gratitud hacia 'Seven' (David Fincher, 1995) y 'Memories of Murder' (Bong Joon-ho, 2003).