Sonorama Ribera, 20 años de un festival que consiguió sobreponerse a las adversidades

Primer sonorama
Primer sonorama / El Norte

En 1998 acudieron tres grupos y 300 personas, este año se espera 25.000 asistentes por día para disfrutar de 150 bandas

Susana Gutiérrez
SUSANA GUTIÉRREZ

Todo comenzó en el año 1998, cuando unos jóvenes veinteañeros, decidieron montar un festival de música como solución para reflotar una tienda de discos que habían puesto en funcionamiento con poco éxito. Esa cita musical tenía en cartel a tres grupos, poco más de 200 entradas vendidas y, lejos de solucionar la situación económica, agravó el tema con un crédito que tardaron diez años en pagar. Sonorama Ribera nacía también con la idea de animar la vida arandina durante el mes de agosto, marcado por el éxodo vacacional y las numerosas fiestas en los pequeños municipios de la comarca de la Ribera del Duero.

Ese primer festival se celebró en la antigua plaza de toros de la chata, que en la actualidad ya no existe, se derribó en 2003 y ahora hay una nueva instalación privada. No llegaron a las 300 las personas que se animaron a disfrutar del cartel formado por Doctor Explosión, Chuco y Mercromina. La entrada tenía un precio de 700 pesetas en venta anticipada y 1.000 pesetas en taquilla. Viendo la poca animación, a punto de empezar los conciertos, se abrieron las puertas y tampoco el éxito fue mayor.

A pesar de esa pésima primera experiencia, aquellos amigos se decidieron a seguir adelante con su sueño, a través de la Asociación Art de Troya. Muchos se preguntan cómo después de ese fracaso, y algunos sucesivos, una cita de tres grupos y apenas 300 personas, se ha convertido en uno de los mejores festivales de España con más de 150 grupos y 25.000 personas por día. La respuesta se esconde en los veinte años de Sonorama Ribera y de la asociación sin ánimo de lucro que promueve la cita festivalera. «La perseverancia, la amistad, el trabajo altruista, el sobreponerse a problemas y falta de ayudas públicas, ha conseguido que lo que parecía imposible hace dos décadas, hoy se haya convertido en realidad», defienden los miembros de Art de Troya que en la actualidad viven las mieles de Sonorama Ribera, pero que en sus comienzos vivieron las hieles.

En 1999, la segunda edición del festival se prolongó durante dos días con un total de once grupos, entre ellos Los Enemigos, y fue el último que se celebró en el extinto coso taurino. En 2000 se daba el salto al campo de fútbol Virgen de las Viñas, por primera vez se habilitó una zona de acampada y en el cartel destacaba la presencia de Los Planetas y Sexy Sadie. La primera presencia internacional de renombre, llegó en 2002, con el indie electrónico del grupo francés Rinocerose que se convirtió en uno de los hitos del festival arandino.

De la cara a la cruz, porque otro de los momentos complicados para la cita musical, llegó en su sexta edición, en el año 2003, cuando ante la falta de apoyos y la mala situación económica, el festival estuvo a punto de no celebrarse. In extremis se saldó con un mini Sonorama Ribera de un día con dos escenarios en el centro de la ciudad, Plaza del Rollo y Plaza de la Ribera. Una cita con entrada gratuita y donde unos desconocidos, por entonces, Second se convertían en el principal reclamo del cartel.

El festival supo, una vez más, resurgir de sus cenizas y en su séptimo año volvió a los dos días de conciertos en el campo de fútbol con Fangoria y Big Soul como figuras principales y por primera vez con un relativo éxito de público. Tendencia al alza que se repitió en 2005 cuando la ubicación se quedó ya pequeña con la presencia de One Colour Scene. Por ello, el recinto ferial, ubicación actual, recibió al festival por primera vez en 2006, en una cita mucho más ambiciosa, con mejores infraestructuras y fulminando récords.

Nuevo Sonorama Ribera

Escenario principal del Sonorama Ribera Ribera en 2016 / El Norte

El décimo aniversario de Sonorama Ribera llegó en 2007 ya con un nuevo apellido, el de la seña de identidad de la zona, la marca de calidad vitivinícola, Ribera del Duero. Esa edición, el ya Sonorama Ribera Ribera, logró consolidar al festival como referencia en la programación nacional con 15.000 asistentes en dos días de conciertos. Además, por primera vez, se abrió más allá de la música indie con la presencia de Nacha Pop y Dover, entre otros. Esa ilusión por hacer un gran cartel aniversario, volvió a arrojar unas pérdidas considerables.

Al año siguiente, se decidió dar un paso más y también, según la organización, en “un gesto de generosidad con la ciudad anfitriona”, en 2008 llegaron los conciertos diurnos al centro de Aranda. Entonces nació la leyenda del escenario de la Plaza del Trigo, donde subió un grupo promesa llamado Vestusta Morla que bajó convertido en una formación exitosa, al grito de “escenario principal”. Algo similar pasó, años después, con Supersubmarina e Izal. La llegada hasta el centro de Aranda ha logrado una simbiosis entre los festivaleros y la ciudad que han convertido a la cita en algo “diferente y especial”, según el público asistente. Fue también en esa decimoprimera edición cuando el festival aumentó a tres días

Desde 2008 a la actualidad, la línea de Sonorama Ribera Ribera ha sido continuamente ascendente, batiendo récords año tras año, con incremento de escenarios, número de grupos, mejora de infraestructuras y sorpresas. También en el número de días de conciertos, en 2009 pasó a cuatro jornadas, que el año pasado se convirtieron en cinco y este año, debido al aniversario, serán hasta seis.

En la historia del festival hay otros momentos clave como el campanazo en 2014 cuando se anunció la presencia dentro de su cartel del cantante Raphael, que añadió generaciones como público. En 2016 pasó algo similar con el Dúo Dinámico que se dieron un baño de multitudes erigiéndose como los primeros indies del panorama nacional. El especial homenaje a Enrigue Morente con la presencia de sus tres hijos en 2015 fue otras de las singularidades de la organización del festival.

Sonorama Ribera Ribera cumple veinte años con el reto de hacer frente a su edición más larga y multitudinaria, se esperan 25.000 personas al día, pero sin cerrar las puertas al futuro. Julio Iglesias llegará el año que viene a un festival que, si todo sigue el plan previsto, presentará una nueva ubicación. La organización pide más espacios para que la cita siga creciendo y es uno de los principales objetivos para el año que viene.

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