La reinvención 'raphaelista'

Raphael, en el Polideportivo Pisuerga. /Ricardo Otazo
Raphael, en el Polideportivo Pisuerga. / Ricardo Otazo

El cantante exhibió su piel más enérgica ante un Pabellón Pisuerga lleno de incondicionales

ROBERTO TERNEValladolid

Arte hasta la extenuación. Así es Raphael a sus 74 años. Y así son los artistas que son de otra pasta… los que además de no cortarse la coleta deciden continuar sobre las tablas reinventando su talento, sacando disco por año, colaborando con nuevas figuras, interactuando con sangre joven y ofreciendo giras interminables. Raphael cuya vitalidad, edad y capacidad de trabajo es solo comparable con la del mismísimo Sir McCartney nos lleva a pensar que estamos ante artistas de otra pasta… o quizá también ante artistas de una generación especial… la de aquellos que nacieron en tiempos de posguerras y penurias... contextos sociales que posiblemente les hayan convertido en una raza superior frente a la de artistas surgidos en tiempos más confortables.

Dos horas y media de concierto en un Pabellón Pisuerga contribuyeron al disfrute a capricho de 3.000 espectadores de diferentes generaciones. El arte de la reinvención y el trabajo ha logrado que la audiencia de Raphael no sea excluyente en cuanto a edades. Y para colmo, su nueva gira ‘Loco por cantar’ es una exhibición de poderío, sensibilidad, canciones de amor y power-rock. Sí.. así, como suena, rock del poderoso dosificado estratégicamente y expuesto con una banda de las de cuando el rock iba de colosal. En este sentido, no faltó ni la explosión a modo de ‘intro’ inicial ni las batallas instrumentales y vocales en los temas de su último trabajo. A destacar el épico ‘Carrusel’ que marcó el ecuador del concierto, así como los primeros momentos del show con ‘Infinitos Bailes’ y ‘Aunque a veces duela’. Pero, sin duda alguna, la pirueta de la actual gira de Raphael está en la capacidad para ensamblar su capacidad dramática con las viejas canciones y su actual y poderosa banda. La interpretación de ‘La Noche’ fue la materialización de ese cruce poderoso… y la constatación de todo lo que sigue significando Raphael en nuestra música popular. Y eso es intensidad sin límites, la escuela ‘crooner’ de la segunda mitad del siglo XX.

Hubo ‘Tamborilero’, hubo ‘Mi gran noche’, ‘En carne viva’, ‘Yo soy aquel’… la exhibición de un repertorio que sería de dominio público si no fuera porque Raphael siempre hace suya cada interpretación. Y en este sentido puede permitirse todo: Desde cantar a pulmón respetando la melodía hasta recurrir a la recitación en los finales más extenuantes. Porque de Raphael su público disfruta hasta la extenuación… ¡qué puede haber más escénico que ello….!

Finalmente, en un concierto de Raphael nunca podemos olvidarnos de Manuel Alejandro, cuya firma rubricó en el Pisuerga momentos como ‘En carne viva’, ‘Qué sabe nadie’ o el rotundo cierre de ‘Como yo te amo’. Música popular expresada por un genio superviviente y superior. ¿Qué más se puede pedir?

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