Pasión Vega: «Solo soy una intérprete, una contadora de historias y emociones»

Pasión Vega. /Óscar Chamorro
Pasión Vega. / Óscar Chamorro

La artista celebra sus 25 años de carrera con un disco ('40 quilates') y un concierto este lunes en el madrileño Teatro Real

VÍCTOR NÚÑEZ JAIMEMadrid

Una tarde de sol lechoso y viento frío, la cantante Pasión Vega interrumpe los ensayos del concierto que dará hoy en el Teatro Real para conversar, junto a un ventanal del recinto. Su nuevo disco, ‘40 quilates’ (Concert Music), contiene 14 temas inéditos hechos a su medida por compositores jóvenes como Jorge Marazu o El Kanka.

–¿Es usted una neofolklórica?

–(Risas) Hay que tener cuidado con las etiquetas, ¿eh? Yo siempre huyo de ellas y no seré yo quien diga que sí o que no a esa etiqueta. Me siento artista, me siento intérprete y ya está. Estoy cómoda en muchos y diferentes géneros. No reniego de la copla en absoluto, pero también hago boleros, tangos, rancheras, baladas. Pero sólo soy una intérprete, una contadora de historias y de emociones.

–En el inicio de su carrera llegaron a compararla con Concha Piquer.

–Bueno, es que en mis comienzos cantaba muchas coplas clásicas, de Concha Piquer y de Imperio Argentina, por ejemplo. Es verdad que en ese momento uno siempre tiene referentes y, claro, ellas han sido muy importantes para mí. Pero después he ido cogiendo personalidad y soy Pasión Vega. Nada más.

–¿A quién quería parecerse?

–A mí siempre me ha gustado mucho Mercedes Sosa. Era una voz que sonaba siempre en mi casa. Es una voz muy original, que se distingue al instante. Pero, claro, mis referentes eran siempre las divas de la canción: Imperio Argentina, Concha Piquer, Estrellita Castro, Rocío Jurado.

–También toca usted los palos flamencos. ¿Qué tal le va con los puristas del cante jondo?

–Lo que pasa es que todo en este mundo evoluciona. Evolucionan las personas, la música. El flamenco, tal y como lo conocemos hoy, es la evolución de muchas cosas, de muchas mezclas. Entonces, cuando las cosas están hechas con una base sólida y con cariño, todo está permitido, ¿no? Me encanta el flamenco puro, pero también escucho a los artistas que mezclan.

–Y pensar que hace 25 años era tan solo una chiquilla tímida que se presentó a un concurso de la radio.

–Es verdad. Ni me imaginaba entonces que iba a vivir todo lo que he vivido. Era un juego aquello. Era más para complacer a mi padre, que siempre me decía que debería cantar. Pero yo le decía que no, que me daba muchísima vergüenza. Bueno, al final era una manera de que los demás me quisieran.

–¿Era tan tímida que fue a la radio por no ir a la tele?

–Sí. Dije: en la radio no me ve la gente. Y fui.

–Un día la vio y escuchó Antonio Banderas y la bautizó como ‘La voz de seda’.

–Estar al lado de Antonio siempre es un honor, aunque no te diga nada. Esa frase se extrajo de una conversación que tuvimos en su casa de Los Ángeles, donde grabamos una canción para un disco mío. Grabamos esa visita y ahí dijo eso y sus palabras tuvieron mucha repercusión. A ver: yo me ruborizo, pero me parece muy bonito.

–¿Qué ha aprendido en 25 años de carrera?

–Todavía me queda mucho por aprender, pero estos años me han servido para reafirmarme en esta profesión, que es la más bonita del mundo y que me ha permitido conocer a grandes personas.

–Pero ahora tocaba un disco de plata y no de oro, ¿no? Que son 25 años de carrera, no 50.

–(Risas) Bueno, en este ‘40 quilates’ hemos intentado plasmar la pureza que te puede dar la experiencia. De plenitud, de cierta madurez, que se nota mucho a la hora de afrontar las cosas de la vida y de vivir tu profesión.

–¿Cómo le fue trabajando con el productor, Fernando Velázquez, compositor de bandas sonoras cinematográficas?

–Pues fue muy divertido. Pero a veces trabajar con Fernando es un poco caótico. Y muy artesanal. Primero nos encerramos con los músicos en un caserío cerca de Bilbao, a ver qué forma le dábamos a las canciones. Después nos fuimos al estudio. Todo con calma y con el orden que él marcaba. Y el resultado ha sido una maravilla.

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