Música para advertir de la fugacidad de la vida

Miguel Morate Benito, compositor y musicólogo. /El Norte
Miguel Morate Benito, compositor y musicólogo. / El Norte

El vallisoletano Miguel Morate gana el primer premio de composición del Festival de Músicas Sacras de Friburgo con su obra ‘Memento mori’

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

Era conocido en el mundo de la clásica por labor crítica y divulgativa en medios de comunicación, por su trabajo de docente en varios conservatorios y por su esperada tesis doctoral sobre Francisco Guerrero Marín. Ahora comienza a ser reconocido como compositor, tarea a la que dedica todos sus ratos libres desde hace dos años. Miguel Morate (Valladolid, 1978), que sabe bien lo difícil que es el camino emprendido, ha sido el ganador del concurso de composición que anualmente convoca el Festival de Músicas Sacras de Friburgo (Suiza).

Ya la plantilla instrumental era un reto: arpa, viola, fagot, dos trombones y dos timbales. Diez minutos de duración y un punto de partida, la ‘Vanitas. Naturaleza muerta con cráneo’, de Stoskopff. «Es una plantilla insólita que, sin embargo, proporciona un mundo enorme de recursos. He dedicado tiempo al estudio de los instrumentos, de las posibilidades melódicas de viola y arpa, de los trinos microtonales del fagot, de los multifónicos en los trombones con diferentes sordinas que es poco utilizado, en definitiva convertir algo difícil en un camino para aprovechar sus posibilidades», dice el musicólogo vallisoletano.

En cuanto al punto de partida, un cuadro, «era la primera vez, pero con el componente abstracto que tiene la música es muy difícil la traslación objetiva de un cuadro. No he intentado eso sino tomarlo subjetivamente como inspiración. En realidad la fugacidad de la vida ha sido el motivo central de otra obra mía. La vanitas me marcó desde que en un documental de Carl Sagan en el que decía que la vida del ser humano suponía diez segundos en el calendario cósmico. El Paleolítico, que llega al 12.000 a. C. es más del 90% de la historia del hombre. Nuestra vida es insignificante en esos términos de tiempo».

Inspiración de la ciencia

En la otra obra en la que aparece es en el ‘Dúo ephemera’, «una especie de mosquito de Norteamérica. Es un insecto que tiene dos fases, una de náyade o ninfa y otra de adulto. La primera dura cinco minutos durante los cuales debe eclosionar, romper la superficie del agua y aparearse. Que un ser tan pequeño cambie tan rápidamente me fascinó. ‘Memento mori’ me vino a la memoria por un esqueleto que hay en la catedral de Salamanca con esa inscripción, lo que decían los esclavos a los emperadores romanos cuando entraban triunfantes en una nueva ciudad, les recordaban que también ellos eran mortales y que la gloria era pasajera».

Musicalmente «he planteado una pieza discursiva que comienza muy enérgica como una explosión que se va apaciguando. Está articulada en cuatro latidos de diferentes formas y determinada por la latencia, como un gesto obsesivo que trata de imponerse. Hay una búsqueda del refinamiento instrumental con un elemento central: el trino, que recuerda a algo en perpetuo movimiento, una partícula atómica».

Morate rememora sus estudios musicales tardíos. «Comencé a los 14 años estudiando guitarra con profesores particulares, no quería ir al conservatorio, era un acto de rebeldía. ConAlberto Posadas estudié armonía, no composición, pero me fascinó, me abrió nuevos mundos. Yluego se ha convertido en un referente de la composición contemporánea internacional». Posadas, también vallisoletano, le mostró la obra de Francisco Guerrero, quien acabó siendo el objetivo de su investigación doctoral. «Como Posadas, también estudio meticulosamente la cuestión instrumental hasta donde puedo llegar, indago, especulo, busco nuevas propuestas técnicas». En cuanto al estudio de modelos matemáticos y fractales, Morate no sigue a sus maestros. «Desde el punto de vista estético, soy de otra generación a Guerrero. Mi mundo se acerca a la ciencia pero no es tan exhaustiva. Por ejemplo sí me ha interesado la etología, el estudio del comportamiento animal como el de unas arañas muy específicas. Más allá de eso, de una cierta combinatoria casera, cierta herencia matemática, no hay una modelización tan fuerte en ellos dos. Me fascinana pero es un camino que tengo que recorrer, aún estoy descubriendo».

Siempre ha visto la composición con «enorme respeto. Componer es caminar en el desierto, donde nada se mueve. No tienes la posibilidad de confrontar lo que tienes en tu mente con la interpretación. A mi edad estás en un limbo del que es difícil salir. Así que como otros colegas optamos a concursos internacionales. En Europa central hay una oferta muy rica en el tejido musical contemporáneo».

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