Muere la organista Lucía Riaño

La organista Lucía Riaño. /El Norte
La organista Lucía Riaño. / El Norte

La directora de la Asociación Manuel Marín puso en macha el Curso de Iniciación al Órgano Barroco que el domingo inicia su XXXVII edición en Olmedo

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

El órgano barroco castellano pierde una de sus defensoras más activas del último medio siglo. La organista Lucía Riaño moría ayer cuando faltan apenas cuatro días para que comience la XXXVII edición del Curso de Iniciación al órgano Barroco que ella creó.

Nacida en Leiva (La Rioja) en 1948 estudió piano en el Conservatorio de Valladolid (donde se trasladó la familia) y luego órgano en el Superior de Barcelona, con Montserrat Torrent, la decana de los organistas, logrando el Premio Fin de Carrera. Dio clase en el Superior de Madrid y mantuvo su actividad concertística. Pero fue su empeño en recuperar y dar vida a la gran cantidad de órganos barrocos olvidados en la provincia de Valladolid lo que la llevó a presidir la pionera Asociación Manuel Marín Amigos de los Órganos a través de la cual ha realizado un destacado trabajo.

El instrumento que engancha

Primero, la tarea musicológica de catalogación, que llevó a cabo Ángel de la Lama, y después docente y social. Desde 1980 se celebra el Curso de Iniciación al Órgano Barroco en distintos lugares de la provincia de Valladolid. Hace una semana, Lucía Riaño contaba a este periódico su intención, «difundir el mundo del órgano, la interpretación pero también el mantenimiento y la afinación» de este instrumento que «engancha». Esos mismos objetivos animaron la primera edición del curso que año a año ha logrado sumar músicos profesionales, aficionados al órgano e incluso paisanos que quieren volver a poner en marcha los órganos de las iglesias de sus pueblos. Convencida de que «hay más órganos que instrumentistas», Lucía Riaño trabajó para que esos instrumentos no estuvieran en silencio. Contó con ayuda de profesionales como Ángel de la Lama, Federico Acitores, Joaquín Lois o María Antonia Virgili, además de la colaboración de los organistas profesionales. Junto a la docencia, la divulgación, sus alumnos visitaban siempre algún taller de organero y los órganos de los pueblos de Valladolid.

Entre sus múltiples proyectos hay uno que no se vio cumplido, el de lograr una cátedra de órgano para el Conservatorio de Valladolid.

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