Madaleine Peyroux ofreció el concierto más íntimo de Universijazz

Concierto de Madeleine Peyroux en Universijazz. /G. Villamil
Concierto de Madeleine Peyroux en Universijazz. / G. Villamil

La cantante adaptó a su particular registro clásicos de todo tipo de géneros en la penúltima jornada del festival

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Prometía ser el concierto más «íntimo» en toda la historia del Universijazz, de acuerdo a las palabras de José Luis Gutiérrez. Y Madeleine Peyroux cumplió con su cometido en su concierto desarrollado a lo largo de la penúltima jornada del Universijazz, un espectáculo minimalista y cercano con apenas tres miembros sobre el escenario (junto a ella, el guitarrista Jon Herington y el contrabajista Barak Mori). Eso sí, el despliegue en lo que se refiere a géneros musicales resultó amplísimo: la dispersión comenzó en el jazz para ir al pop, al rock, al reggae o al góspel, entre otros estilos melódicos.

La velada comenzó en el Patio de la Hospedería de San Benito con Peyroux refrendando toda crítica que la compara con la legendaria Billie Holiday. El popular tema de Lady Day ‘Getting some fun out of life’ arrancó un concierto lleno de ritmo y buen humor. La cantante hizo gala de su gimnasia facial mediante las muecas con las que interpretó a Donald Trump en ‘Hello Babe’, donde simulaba mantener una entonada (y enconada) conversación telefónica con el presidente de Estados Unidos. Los acordes que salían de las cuerdas del contrabajo simulaban las réplicas del magnatario, para deleite y risa del público.

Con la versión de ‘Tango till’ they’re sore’, de Tom Waits, formó el terceto una de sus apuestas más arriesgadas de la noche, donde la rasgada voz del californiano se vio sustituida por los sonidos delicados con los que Peyroux reinterpretó la pieza. «Mis canciones suelen ser de amor, de blues o para beber», dijo Peyroux antes de acometer el siguiente tema; ‘Guilty’, un original de Bonnie Raitt rescatado por Randy Newman, que encajaría en… las tres categorías.

Herington tuvo ocasión de lucirse en ‘If the sea was whiskey’, tanto por su dominio de la eléctrica como por el acompañamiento vocal que aportaron a la composición de Willie Dixon. No solo de versiones bebió el conjunto: a lo largo de la hora y media larga de concierto el Patio al completo pudo escuchar, además, dos canciones propias de Peyroux: ‘Don’t wait today’ y ‘Our lady of Pigalle’.

Pero el grueso del espectáculo pasó por demostrar que todo tipo de canción era susceptible de verse reinventada a través de los códigos del jazz; no solo de los temas más aparentemente sencillos como ‘Just a gigolo’, de Louis Prima; o ‘Isn’t this a lovely day?’, tema multiversionado por Billie Holiday, Louis Armstrong o Ella Fitzgerald, y que el cinéfilo medio reconocerá por haberla escuchado de los labios de Fred Astaire en ‘Sombrero de copa’. También se atrevió Madeleine Peyroux con un doblete de Leonard Cohen (la sobrecogedora ‘Bird on the wire’ y la mítica ‘Dance me to the end of love’), con el ‘No soy de aquí ni soy de allá’, de Facundo Cabral, revisado desde una perspectiva feminista; o con el rock de Chuck Berry en ‘You can’t catch me’.

Los platos fuertes de la noche los conformaron ‘Shout, Sister, Shout’, una versión de Sister Rosetta Tharpe que arrancó rítmicas palmadas del público; ‘Everything I do gohn be funky’, de Lee Dorsey; con otro solo particularmente virtuoso; y ‘More time’, reggae de Linton Kwesi Johnson donde el bajo se llevó la mejor parte. En los bises ‘reapareció’ la Emperatriz del Blues, Bessie Smith, que despidió la noche con ‘Careless love’.

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