Jesús Cifuentes: «Con la sinfónica a veces sientes un abrazo enorme»

Jesus Cifuentes, de Celtas Cortos, en concierto. / R. Otazo

La banda vallisoletana Celtas Cortos cierra hoy, 20 de julio, el ciclo 'Estival 2017' junto a la JOUVa

ROBERTO TERNEValladolid

Broche final con entradas agotadas para clausurar hoy el Estival. La programación que organiza la Universidad de Valladolid propone a Celtas Cortos, quienes presentarán su piel sinfónica flanqueados por la Joven Orquesta de la Universidad. Los Celtas y la JOUVa unen su talento para dar forma a un repertorio que el pasado año cumplió tres décadas de camino. Jesús Cifuentes, ‘Cifu’, exultante y con ganas de más futuro, desgrana esta experiencia sinfónica a la vez que anticipa los próximos pasos creativos de Celtas Cortos.

Vuelven a Valladolid y lo hacen conviviendo con cuerdas, vientos y metales. ¿Está siendo duro trabajar con la JOUVa?

–Realmente los que están trabajando más con la orquesta son mis compañeros Alberto y Goyo. Esto de tocar con una sinfónica es impresionante y me encanta, pero estos ensayos son duros para mí (risas). Aún así, está todo trabajadísimo y va a ser un gran concierto el de esta noche.

Ciertamente el año pasado lanzasteis el sinfónico ‘In crescendo’ con la Banda del Principado de Asturias, así que vienen rodados. ¿Qué se siente al interpretar el repertorio de los Celtas en tan magna compañía?

–Cosas muy bonitas tío. Hay una amalgama de texturas cuando estás con una sinfónica que no sé explicar muy bien. Hay que estar allí. Sientes como un abrazo enorme e inesperado a veces durante el concierto. Nosotros, además, somos pasajeros en este formato, estamos en el rock and roll y, por tanto, es un privilegio pasar por ese mundo sinfónico.

Su música bebe de la cultura celta como de la salsa, el punk, el pop o el reggae. No tiene que haber sido sencillo ‘sinfonizar’ el repertorio de los Celtas Cortos.

–Supongo que para los arreglistas ha sido una labor ardua y tremenda. Hay que estar en ese mundo de conservatorio para ver el nivel que hay en estos músicos y arreglistas. Para nosotros, en cambio, ha sido más fácil ya que nos hemos adaptado a su manera de hacer.

¿Percibe un cambio entre los músicos de rock y los de orquesta?

–Seas del rock o vengas del ‘clasico’, los músicos tenemos todos una pedrada que te cagas. Todos estamos locos y además todos estamos sueltos.

30 años de camino. ¿Ha cambiado más el mundo que los Celtas Cortos en estos últimos tiempos?

–Sin duda ha cambiado más el mundo. Nosotros nos adaptamos a él, es el mundo el que nos hace cambiar. El otro día, hablando con mi suegro, que ya está jubilado, me dijo que en los últimos 50 años el mundo ha cambiado mucho más que en los últimos 2000. Y le tuve que decir que seguramente sí. Cumplo 51 años el próximo 28 de julio y he presenciado como las mulas tiraban del carro o como el abuelo del pueblo te decía aquello de ‘El primer duro que ganes nunca te lo gastes’. Han cambiado los consejos, las máquinas… el mundo en general . Y de una manera muy rápida. Nosotros cambiamos más lentamente.

Tras el concierto de hoy les quedan 28 galas por delante. La música sin carretera sigue sin dejar de ser música ¿verdad?

–¡Claro tio! Esto es ejercicio .

Hace poco volvieron a ser pregoneros en su ciudad en la que tocan con más regularidad que antes. ¿Qué les parece Valladolid últimamente con tantas actividades y vida en las calles?

–Está claro que hay otra vida y otra alegría. Es una evidencia. Valladolid es una ciudad en la que en cualquier momento la vida te puede dar una colleja y hay que estar preparado. Pero ahora mismo es evidente que se respira de otra manera.

Tras esta experiencia sinfónica, ¿Hay próximo disco en el horizonte de Celtas Cortos?

–Estamos ya para grabar. Comenzaremos a ensayar en octubre en un nuevo disco y estoy encantado. Va a suponer una vuelta de tuerca importante. La verdad es que estamos en un buen momento, la gira va de la hostia y a mis casi 51 años me noto como encima de una tabla de surf. Queda mucho por hacer aún.

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