Dos genios y un destino

Bill Evans y sus acompañantes anoche en el Universijazz vallisoletano. / Ricardo Otazo

Bill Evans y Dean Brown funden saxo y guitarra en otra estratosférica e inolvidable noche en Universijazz

ROBERTO TERNE Valladolid

Poco queda para que Etienne M Bappe (bajista) y Keith Carlock (batería) dejen de aparecer en los créditos como músicos acompañantes. Bill Evans, para anunciar sus giras, va a tener que buscarse el nombre de un grupo musical si continúa acompañándose de artistas tan relevantes como los que le flanquean en su actual gira con el (ya titular) Dean Brown. Y no es por cuestión de galones, si no por cuestión de desarrollo de acontecimientos en la que fue la segunda jornada del Universijazz. Por cierto, que este año el Patio de San Benito ya se está quedando corto en aforo con el Festival que organiza la Universidad de Valladolid. Agotadas (y con antelación) todas las entradas de las cuatro jornadas del ciclo que dirige nuestro músico José Luis Gutiérrez. ¿Estarán los responsables pensando ya en otro recinto? ¿Continuamos con el atractivo tono teatral de San Benito? ¿O dirigimos el enfoque a un recinto mayor con la posibilidad de recuperar esas ‘cañitas’ del Universijazz de Santa Cruz y del Museo de la Ciencia? Piensen, piensen… pero sobre todo no olviden lo prioritario en estos casos: una buena acústica.

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El propio José Luis Gutiérrez presentó a Bill Evans recordando el éxito de su presencia en el Universijazz del 2013, donde también agotó entradas. Y, por supuesto, agradeció a la audiencia el arropo que este año está ofreciendo al festival. No sin antes, bromear sobre la jornada de baile a que la música de James Brown nos había sometido en la noche anterior. Otro apunte: Bola de espejos para la próxima gala de funky en el Universijazz, por favor.

Al inicio de esta crónica se hacía referencia a la importancia del bajista M Bappe y del batería Keith Carlock porque realmente fue una noche más de cuatro que de dos estrellas. Y es que las distancias fueron realmente cortas entre los cuatro protagonistas de la noche de este pasado martes. Entre otras cuestiones, porque no fue una noche de exhibición de ombligos pese a las personalidades que había en primera línea escénica. Para comenzar un Bill Evans, como siempre, repleto de empatía y comunicación, así como un Dean Brown capaz de recordarnos el orden marcado de Clapton, la locura de Wilko Johnson o los excesos flamígeros de Hendrix.

Saxofonista y guitarrista supieron llevar a buen puerto el ensamble de dos de los instrumentos más ‘calientes’ del rock y del jazz. Ya en el primer tramo de la noche sacaron a escena ‘Tit for tat’, canción del repertorio de ‘Dragonfly’ con la que Brown y Evans jugaron, se contestaron y compitieron sacando rendimiento a unos dedos y pulmones en perfecto estado. A destacar la versatilidad de Dean Brown con su Stratocaster. Sin caer en un sobre uso de efectos lo cierto es que dominaba tanto en los momentos de ‘autowa’ como de ‘wawa’ puro y duro. Mención merece también que no cambiase de guitarra en ningún momento. Su Fender se adaptó a las diversas formas de una noche más de ritmo que de sensibilidades. Está claro que el ‘supergrupo’ de Evans hace esta gira para divertir y divertirse.

Sin experimentos

Por su parte, Evans tiró de saxo soprano y de saxo alto mostrando el sonido más urbano y neoyorkino de su música y su jazz. Ni rastro de sus no lejanos experimentos con el Blue Grass de su disco ‘Soulgrass’, pero sí de su sensitivo ‘Touch’ para el que recurrió a dos preciosas piezas de piano y voz. Detrás, Etienne MBappe fijaba el ancla del bajo con sus manos enfundadas en sus conocidos guantes negros. Tuvo su exclusivo momento de gloria con un bajo estilo ‘mantra’ que al final desbocó en funky. Por su parte el actual batería de Toto Keith Carlock sacró rendimiento a sus dos timbales base y dos aéreos con un impoluto solo de batería casi al final del show.

‘Lucky number 9’ del disco ‘Rolajafufu’ de Dean Brown sirvió para ir culminando una noche en la que el rock se asomó al escenario del siempre versátil Universijazz. Y es que la insumisión a una ortodoxia de empollones así como el gran nivel artístico de los artistas siguen siendo las piedras angulares del éxito del festival de jazz de la ‘uni’.

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