El estadounidense Ryan Reilly gana el Premio Internacional de Piano Frechilla Zuloaga

Jesús Julio Carnero, presidente de la Diputación, entrega el premio a Ryan Reilly. / G. Villamil

Se impuso en la final al español García Verdú, segundo, y al chino Ming Xie

El Norte
EL NORTEValladolid

La jornada decisiva del XIII Premio Internacional de Piano Frechilla Zuloaga, que organiza la Diputación de Valladolid, se rindió ayer ante Ryan Reilly y su sufrido ‘Concierto nº2’ de Rachmaninov.

Con el auditorio Miguel Delibes lleno y un público expectante que por primera vez tenía la posibilidad de votar, comenzó la noche de la primera final con un jurado presidido por Diego Fernández Magdaleno. El pianista riosecano ha tomado el relevo de Pedro Zuloaga, presidente honorario. Junto a Diego, Mariana Gurkova, Judith Jáuregui, Adam Kent y Boris Petrunshansky. En sus manos estaba la responsabilidad de elegir entre Ming Xie, Francisco José García Verdú y Ryan Reilly.

El pianista chino fue el primer en sentarse en el ‘steinway’ con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León a las órdenes de François López-Ferrer. Ming Xie (1994) salió seguro, rápido, sonriente y muy confiado. Había elegido el ‘Primero’ de Chopin, al igual que el concursante español. La obra tiene la ventaja y la desventaja del absoluto protagonismo del piano, lo que a veces hizo olvidar al concursante el diálogo con la OSCyL, que tuvo a Wioletta Zabeck como concertino.

A la simpática entrada del chino, le siguió el reflexivo y meditabundo caminar del más joven de los finalistas, Francisco José García Verdú (1996). El pianista de Elche también sorprendió pero casi por lo contrario, por su seriedad, por su contención. El mismo ‘chopin’ comenzaba a sonar hasta que puso sus dedos sobre el pulcro teclado. Quedó segundo en el palmarés.

Finalmente fue el turno de Ryan Reilly, el pianista estaounidense, el mayor de los tres (25 años) y el disidente en la elección. Reilly optó por el ‘Concierto nº2’ de Rachmaninov, un orquestador más ambicioso que Chopin, lo que impone otro trato entre solista y orquesta. No se sintió cómodo y el comienzo fue casi angustioso, paercía que fuera a abandonar. Los nervios le jugaron una mala pasada y aunque le permitieron dar la mayor parte de las notas, no logró sobreponerse al esfuerzo más que casi al final. Sin embargo el andante arrollador de este concierto se ganó al público que redobló su aplauso final quizá por empatía con el sufriente. También los músicos le arroparon. Sorprendente fue el ganador.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos