Amaral caminó 'hacia lo salvaje' en Gredos

La artista Amaral, durante su concierto en Gredos. /El Norte
La artista Amaral, durante su concierto en Gredos. / El Norte

En las montañas de la Sierra de Ávila volvió a sonar la voz de Sting y por primera vez se escuchó música negra

ROBERTO TERNEHoyos del Espino

Luna sobre luna. No cabe duda de que el mensaje y la estética de la gira ‘Nocturnal’ se crecieron sensorialmente a su paso por el festival ‘Músicos en la Naturaleza’. Francamente, fue impactante contemplar la estética cósmica y lunar de la actual gira de Amaral sobre la idéntica pero original propuesta de la naturaleza. Cosmo sobre cosmos, galaxia sobre estrellas, sombras sobre nubes… y nubes reveladas por la luz del satélite al que Amaral rinde pleitesía desde un escenario repleto de agitación y éxitos. La luna y la noche fueron los iconos de la madrugada del domingo en el cierre de la última edición del festival de Gredos.

Tras la clásica ‘intro’ de ‘Venus in furs’ de la Velvet Underground, Eva Amaral, Juan Aguirre y su actual banda en la que repite Toni Toledo (Sexy Sadies) a la batería aparecieron en el escenario con un ambiental ‘Unas veces se gana’ para desatar watios y frenesí escénico con ‘Revolución’. Porque de desgaste de calorías fue el asunto durante las más de dos horas de concierto de Amaral. En esta gira, Eva se ha consolidado como animal escénico sin desatender un ápice sus responsabilidades vocales mientras interpreta un repertorio repleto de popularidad. «Nos sentimos afortunados de estar hoy aquí», expresó Eva Amaral a su público mientras sostenía que «hemos visto un concierto de Sting memorable y llevamos todo el día disfrutando de este sitio. No se puede pedir más». El guiño al entorno volvió en la interpretación de ‘Hacia lo salvaje’ en la que Eva confesó no haber tenido nunca «mayor sentido que el de tocar esta canción hoy en este entorno».

Junto a Eva, Juan Aguirre volvió a hacer gala de su concentración con las seis y las doce cuerdas, siempre en conexión con Eva, recordándonos sus largos tiempos tocando ambos en acústico en pequeños locales tal como sucedía en ‘Moriría por vos’, todo un momento de relax de madera entre toda una sobredosis de electricidad y cierta lisérgica. Porque Eva Amaral tiene bastante de musa y de escenografía en esta gira. Realmente magnéticos y contagiosos fueron sus movimientos en ‘500 vidas’, en ‘Hoy es el principio’ y por supuesto en un desbocado ‘Chatarra’. En su retorno a los bises, especial mención a Eva como intérprete además de como cantante en ‘Sin ti no soy nada’. Estrella y público con la piel erizada. No cabe duda de que la popularidad de Amaral ha cogido empaque. Su inquietud creadora y el apoyo de su público constatan futuros años de camino.

Picadura de rock

Previamente a Amaral y tras una incombustible Nikki Hill, Sting retornó a Gredos con un formato y un repertorio de los de ir al epicentro de su genética. Acostumbrados a un repertorio en solitario sofisticado, cultivado y versátil, lo cierto es que el Sting del 2017 tiene bastante que ver con sus raíces en el rock que con las siempre bien resueltas piruetas en el jazz, en la música étnica o en el cancionero medieval. Aún así, tanto él como su banda de formato básico supieron exponer la riqueza de fusión de ‘Desert rose’ con la perfecta resolución del acordeonista Percy Cardona. Fantástica, por cierto, la participación del músico de ‘The Last Bandoleros’ en el primer momento de sensibilidad de la noche con ‘Shapes of my heart’.

El músico, compositor y cantante británicoSting, durante su actuación en la XII edición del Festival Músicos en la Naturaleza, de Gredos
El músico, compositor y cantante británicoSting, durante su actuación en la XII edición del Festival Músicos en la Naturaleza, de Gredos / Raúl Sanchidrián-EFE

Sin apearse de su bajo Fender Precission del 55, Sting sacó brilló precisamente a sus cuatro cuerdas en uno de los momentos más reggae de la noche. Obviamente con ‘Roxanne’ donde las líneas de bajo eran pura poesía. Fue el momento más recreado de la noche mezclándolo con el clásico ‘Ain’t no sunshine (when she’s gone)’. En este sentido también hay que destacar la primera exaltación lunar de la noche con ‘Walking On the moon’.

Articulando un inteligible ‘Papi está cansado’, Sting cedió el micrófono a su hijo Joe Sumner quien se marcó un semiacústico ‘Ashes to Ashes’ de Bowie realmente arrebatador aunque escasamente celebrado por una audiencia quizás algo despistada. Le siguió precisamente ‘50.000’, canción escrita la misma semana que falleció Prince.

La segunda parte del concierto fue realmente generosa para ese público más apegado a la popularidad. La sombra de Police volvió a salir con ‘So lonely’ y apenas desaparecería hasta el final de los bises. Todo un regalo la recuperación un tanto más contenida del anfetamínico ‘Next to you’ así como un ‘Every breath you take’ interpretado sin ceremoniosidad a pesar de la importancia que tiene este tema en su carrera. Como final, Sting eligió ‘Fragile’, la canción con la que abrió en la reapertura del Bataclán de París tras los atentados de noviembre de 2015. Un precioso cierre con guitarra clásica que logró contener las emociones propias de un fin de concierto en un festival. Solo un maestro puede permitírselo, claro.

La artista norteamericana Nikki Hill, durante su actuación en el festival de la Sierra de Ávila.
La artista norteamericana Nikki Hill, durante su actuación en el festival de la Sierra de Ávila. / Ramón Gómez

Por su parte, Nikki Hill fue la encargada de abrir fuego resultando todo un acontecimiento para los miles de seguidores del festival. Su amplio espectro de música negra fue todo un acto de bienvenida. La garganta afilada de la norteamericana así como su banda son todo un ejemplo de presencia escénica y de talento. Por primera vez, la música negra llegó al histórico de Gredos por parte de una artista a la que apenas hay ya que descubrir. Es toda una estrella.

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