«Empadronarse en el desamor es una tragedia»

Maxim Huerta posa en una librería. /Fernando Gómez
Maxim Huerta posa en una librería. / Fernando Gómez

Maxim Huerta publica su nueva novela, 'Firmamento', ubicada en el legendario hotel Formentor

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El hotel Formentor de Mallorca es un lugar mítico, por decadente y bello. Por sus habitaciones han pasado personajes tan diversos como Churchill, Charles Chaplin, Audrey Hepburn, Camilo José Cela o Mario Vargas Llosa, además de Rainiero de Mónaco y Grace Kelly, que lo eligieron para su luna de miel. En un momento personal menos alegre, tras una ruptura amorosa, durmió allí el escritor y presentador de televisión Maxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971), pero aquellas estancias le inspiraron su nueva novela, 'Firmamento' (Espasa), la historia de una pareja de treintañeros solitarios que se encuentran con el cielo mallorquín como techo y que curan sus heridas con sudor, lágrimas y mar.

«El desamor hay que afrontarlo con vino, con amigos, con viajes, poniéndote en el centro de la cama y no a un lado y conquistando los terrenos que antes eran de los dos porque empadronarse en el desamor es una tragedia», asegura el autor, que en 'Firmamento' ha dibujado a dos personajes con estudios, trabajo y casa y llenos de contradicciones; de alguna manera, el retrato de una generación a la que le cuesta enamorarse porque probablemente tiene demasiadas cosas.

Presentador de éxito en televisión, Maxim Huerta decidió en 2015 abandonar su programa diario con Ana Rosa Quintana para iniciar una carrera incierta en la novela. El tiempo le ha dado la razón en su arriesgada apuesta. Ya ha publicado seis libros, algunos tan exitosos como 'Una tienda en París' o 'La noche soñada', con la que ganó el Premio Primavera.

«Yo soy de mar, el mar me inspira, y me siento un barco: estar atracado en un puerto durante mucho tiempo es malo para las velas, para las quillas y para el capitán, y a mí me gusta salir a navegar», bromea Huerta para explicar los cambios vitales, a veces inesperados, pero siempre necesarios, según cuenta: «Yo no he venido a este mundo a pasar a la historia, sino a disfrutar de esta historia. Soy muy miedoso, pero el miedo me excita».

Maxim Huerta desmitifica la televisión, la 'caja tonta' en la que muchos matan por aparecer. Él lo ha hecho durante casi 20 años, y últimamente ha presentado el programa 'Destinos de película', pero no echa demenos la adrenalina del día a día en el plató. «¿Que la tele es una droga? Y tener cola en la mercería, y tener el bar lleno de gente. La gente exagera mucho con la televisión. La excitación de verdad la provoca el amor, un viaje o el sexo», afirma Huerta, que aun así, tiene ofertas para volver a la pantalla. «Y alguna me gusta», sonríe, antes de sugerir que le encantaría presentar un espacio que se llamara 'Destinos de libros' y que recorriese los escenarios de sus escritores favoritos, desde 'Los cinco' de su infancia hasta los de Martín Gaite, Elvira Lindo, Luis Landero o Ana María Matute.

No reniega Maxim Huerta de la frivolidad, una palabra que se asocia con muchos de los que aparecen en televisión. «La frivolidad no es negativa, es entretenimiento. Truman Capote acababa borracho en todas las fiestas, Kiki de Montparnasse era una gran cantante y actriz y no le importaba subirse la falda y enseñar el coño. Nos hemos vuelto muy prejuiciosos. ¿Es malo divertirse?», se pregunta el escritor.

«No creo que haya más censura que antes, lo que hay es autocensura. Todos nos estamos autocensurando en nuestras opiniones porque sabemos que hay mucha gente con la escopeta cargada. Benditos los años 80 y los 90, en que se podía opinar y hacer bromas de todos los temas. Ahora señálame a alguien que no esté ofendido», proclama Huerta, que pese a contar con más de 200.000 seguidores en las redes sociales, evitar meterse en líos. «Eso es voluntario, es como el que entra en un bar en el que hay gresca. Yo no participo en eso y estoy orgulloso de mi juego en las redes porque lo veo así, como un juego», añade.

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