Desde la izquierda, sentados, Jordi Gimeno, José María Viteri, Óliver Díaz, Gustavo Tambascio, Carmen Solís, Paula Mendoza, Manuel Lanza. De pie, desde la izquierda, Lars Jorge, Mª Luisa Corbacho, Ana Redondo, Sergio Domínguez, Setefano La Colla, Jesús Ruiz y Roman Ialcic
Desde la izquierda, sentados, Jordi Gimeno, José María Viteri, Óliver Díaz, Gustavo Tambascio, Carmen Solís, Paula Mendoza, Manuel Lanza. De pie, desde la izquierda, Lars Jorge, Mª Luisa Corbacho, Ana Redondo, Sergio Domínguez, Setefano La Colla, Jesús Ruiz y Roman Ialcic / . A. Mingueza

Un trovador del siglo XX para Verdi

  • La OSCyL arropa a un elenco liderado por Manuel Lanza y Carmen Solís, todos a las órdenes artísticas de Tambascio y musicales de Óliver Díaz, en el montaje para el Teatro Calderón

Nocturna, de gran profundidad psicológica y una ópera de voces. Así describen Gustavo Tambascio, director artístico, y Óliver Díaz, director musical ‘El Trovador’, la ópera de Verdi que representarán en el Teatro Calderón los próximos 3 y 5 de febrero. Un elenco presidido por Manuel Lanza, en el papel del Conde de Luna, y Carmen Solís, en el de Leonora, la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y el Coro de los Amigos del Calderón darán vida a la historia folletinesca de amores, hermanos que no saben que lo son, embrujos, venganzas y muertes que escribió Antonio Gutiérrez García en 1836. Si el dramaturgo de Chiclana, coetáneo de las guerras carlistas, retrotrajo la acción al siglo XV, lo que fue respetado en el libreto operístico de Salvatore Cammarano, Tambascio ha decidido adelantarlo. «La Guerra Civil es el trampantojo de nuestro montaje. Todos estos conflictos tienen el tema cainita como nexo. Nos hemos tomado esta licencia en el referente. El resto es como lo quiso Verdi, una ópera oscura, romántica, que sucede entre jardines y campamentos gitanos, en la que un grupo de magníficos cantantes da vida a las pasiones, con una música maravillosa. Apenas hay que dirigirles, hay que intentar que todo lo digan a través de su voz», afirma este director artístico que tenía pendiente hacer la ópera, tras abordar la obra teatral hace años en el Arriaga.

Pasiones fijas

Óliver Díaz celebró tener a su disposición a la OSCyL, «una de las mejores orquestas de España» y Sergio Domínguez subrayó el papel del coro «en esa profundidad psicológica de la partitura, con bocadillo intermedios para reforzar a cada personaje». Jordi Gimeno, director técnico de la OSCyL, destacó el aspecto artístico y social de la colaboración de esta sinfónica con el Calderón, «una relación histórica desde 1999». Junto a Solís y Lanza, cantan María Luisa Corbacho, Stefano la Colla, Roman Ialcic, Lars Jorge y la vallisoletana Paula Mendoza, que debuta en su casa. Manuel Lanza, veterano cantante que conoce bien el Calderón, aborda su primer Conde de Luna. «Es una producción bella y sencilla al servicio de la complejidad de los personajes. Estoy muy bien arropado en mi debut con este papel», decía ayer el barítono. Por su parte, Carmen Solís se mete en el personaje de Leonora por quinta vez, «aunque en ninguna ocasión era un montaje tan redondo como este. No flojea nada».

Tambascio se ha enfrentado a esta ópera «que algunos llaman ‘La pasión según San Mateo italiana’, en la que se dice todo a través de la música y como afirmó Tellez, es un fresco de pasiones fijas que se expresan siempre de noche por cuatro personajes. Son esclavos de esas pasiones ciegas».

Interesado por el odio entre hermanos «cuando ni siquiera saben que lo son», ha encargado un audiovisual de algo más de minuto y medio que ponen en contexto al público. «Ha sido rodado a modo de película antigua en la Casa de Zorrilla. La videocreación es de un vallisoletano, Carlos Nuevo», explicó el director artístico. Esa pequeña película forma parte de la licencia histórica que evoca el odio fraternal en la Guerra Civil.

Trío más popular

Óliver Díaz situó esas cuatro horas de música en el catálogo de Verdi. El director titular del Teatro de la Zarzuela recordó que «‘El trovador’ forma parte de la trilogía de óperas populares de Verdi, a mediados del XIX. ‘La Traviata’ representa la crítica social, en ella usó la manera de vestir coetánea algo que no se estilaba en la ópera; ‘Rigoletto’ representa la modernidad, el tratar de eliminar los números cerrados haciendo toda la obra con continuidad, y por último ‘El Trovador’, un drama histórico en el que Verdi utiliza una tinta arcaizante, buscando un color antiguo. Es una obra llena de arpegios, recupera la forma antigua de recitado y es peculiar su manera de escribir para las voces. Casi aísla al cantante y el acompañamiento parece secundario».