El Norte de Castilla

Vladimir Fedoseyev y Egils Silins.
Vladimir Fedoseyev y Egils Silins. / Ricardo Otazo

La semana rusa de la OSCyL

  • La Sinfónica de Castilla y León, dirigida por Fedoseyev, interpreta con el bajo Egils Silins los 'Cantos y danzas de la muerte', de Mussorgsky

La Orquesta Sinfónica de Castilla y León vive su semana rusa, tanto en el programa como en la batuta. Tan solo difiere y poco, geográficamente hablando, el solista, el letón Egils Silins. El cantante, casado con una vallisoletana, participó en un concierto benéfico el pasado mes de marzo en la capital castellana. OSCyL y bajo trabajan a las órdenes de Vladimir Fedoseyev, uno de esos directores «de la escuela antigua», en su caso la del Leningrado soviético, que domina el repertorio de su país, tanto sinfónico como operístico.

Fedoseyev (San Petersburgo, 1932) recordaba ayer la primera vez que vino a dirigir a España, «en tiempos de Franco, casi no pude volver a Rusia porque el público me pedía que me quedara». Batuta reconocida internacionalmente desde los setenta, fue director titular de la Sinfónica Tchaikovsky de Moscú y de la Sinfónica de Viena, ha mantenido estrecha relación con las alemanas –la Bayerischer Rundkunft, la de Colonia, la Gewandhaus de Leipzig o la Filarmónica de Berlín– y con la Tonhalle de Zurich. «Ahora están en proceso de cambio, ya no soy titular aunque vuelva de vez en cuando». En la pasada década se dedicó especialmente a las orquestas americanas, la de Cleveland, Detriot y Pittsburgh.

Es la primera vez que dirige en esta «ciudad tan importante, donde nació Felipe II, he visto la ventana». Y para la ocasión desplegará un programa que quiere interpretar de forma inversa a como está anunciado. «Primero la ‘Sinfonía nº 6’ de Prokofiev, que es más suave. En realidad terminaba muy triste y a Stalin no le gustó, así que Prokofiev tuvo que cambiar el final, más fuerte y sonoro», dice sonriendo travieso con los ojos, como quien desvela un secreto conocido pero digno de traer a colación.

Y después una segunda parte dedicada a Mussorgsky. De su segunda ópera ‘Jovanschina’ han elegido ‘Amanecer sobre el río Moscova’ y un ciclo de canciones «poco conocidas en Occidente», los ‘Cantos y danzas de la muerte’. Egils Silins será el declamador de los versos de Golenishchev-Kutuzov. «Son cuatro formas de afrontar la muerte, desde la madre con el bebé enfermo, desde el hombre que bebe para olvidar, desde el campo de batalla. Hay una relación íntima entre la música y el texto. No es una música bonita, no hay luz, tiene mucho carácter y requiere una voz de bajo muy fuerte, operística, no vale con una de música de cámara», explica el cantante wagneriano. «Mussorgsky tiene esa especialidad de no ser romántico ni melodioso en esta obra, no busca la belleza sino la expresividad. Ojalá el público pueda seguir el texto de alguna manera y entienda las palabras».

Mussorgsky escribió originalmente este ciclo de canciones para voz y piano, pero luego ha habido varias orquestaciones. En esta ocasión utilizarán la de Shostakovich. Precisamente Fedoseyev y Silins interpretaron este programa (en vez de Prokofiev una sinfonía de Tchaikovski) hace tres años en Letonia y ganaron el premio al concierto del año.

Fedoseyev, que debutó operísticamente invitado por Mravinsky en su ciudad natal, se ha ido desligando de esas tablas. «Me gusta mucho trabajar con los cantantes pero no quiero más problemas con los directroes de escena. No hay vodka suficiente para evitar el conflicto». Por eso esta forma de ópera en concierto, satisface sus dos pasiones. Silins apunta que «es una buena manera de acercar la lírica al público ajeno a ella y los costes son asumibles». Vladimir considera que desde los discípulos de Shostakovich «ya no hay grandes compositores, ni en Rusia ni en Occidente, son ciclos».

Para el maestro hay una conexión clara entre Rusia y España. «Somos los extremos de Europa y nos equilibramos. Somos pueblos de temperamento y alma similar, religiosos. Glinka compuso una jota aragonesa y hubo españoles que negaban que fuera ruso. Rimsky Korsakov escribió ‘El capricho español’».